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Esas voces desde dentro

 Quelle voci di dentro  DCM-011
04 diciembre 2021

Una religiosa de la Congregación de las Adoratrices de la Sangre de Cristo, Emma Zordan, trabajó durante seis años como voluntaria en la prisión de Rebibbia. Escuchaba a los internos, se ocupaba de la preparación de los sacramentos y organizó un taller de escritura. Sus proyectos fueron el resultado de muchos días con los presos, de confidencias y de oraciones. Estas voces desde la prisión que, a veces eran relatos y otras veces lamentos, intentaban salir fuera de ella. Son voces que nos enseñan, de acuerdo con el cardenal Giuseppe Petrocchi, que “la persona no coincide con el mal que ha hecho”, que “nadie puede ser encerrado irreversiblemente en el error”. Que, –como recordó Francisco recientemente en su visita a la prisión Regina Coeli-, “nadie puede condenar al otro por los errores que ha cometido y mucho menos infligir sufrimientos que atentan contra su dignidad humana”.

Sin embargo, la mayoría de nosotros nos limitamos a condenar de nuevo a los que ya han perdido su libertad. Lo hacemos con dureza e incluso con ferocidad, con juicios inapelables, sin posibilidad de piedad o perdón. “Para la sociedad, - denuncia en su sentido escrito M.L -, no hay tanta diferencia entre presidiario y expresidiario. Se nos mira con prejuicio y se nos considera “sobras”, delincuentes juzgados hasta el infinito sin posibilidad de encontrar siquiera un mínimo resquicio para rehacer la vida”.

¿Tristeza?, ¿angustia?, ¿pesimismo? Estos sentimientos están todos en las páginas recopiladas con cuidado y amor por la hermana Emma Zordan. Pero también hay mucho más. Hay esperanza. “Será difícil, mucho más de lo que imaginaba, pero esta vida nos enseña que podemos doblarnos, pero no quebrarnos”, escribe A.R en su primer día en la cárcel. Hay conciencia. “Desde el día en que pasé por la puerta de la primera prisión, me encontré en medio de una nueva humanidad formada por un crisol de razas”. Hay confianza en el amor. Hay una solicitud de ayuda. Y existe el deseo de redención. G.S. habla de una meta inesperada. “Tengo 75 años y me enorgullece decir que me gradué el verano pasado. Me gustaría decirles a los lectores que la prisión puede convertirse en un lugar de redención”. R.L. añade: “Cuando entré, apenas sabía escribir, pero logré graduarme. Actualmente estoy matriculado en primer año de Derecho”. Los testimonios recogidos por Emma Zordan en la prisión de Rebibbia se entremezclan y, a veces, se superponen. Determinados o confundidos, enfadados o resignados, tristes o tercos, todos necesitan ser escuchados. ¿Seremos capaces de hacerlo?

de Ritanna Armeni