Miradas distintas

Elegido por María por encima de las normas
del patriarcado

04 diciembre 2021

El problema irremediable que tiene el patriarcado con José es que es difícil reconocer en él alguna forma de poder en el sentido dominante del término. No manda sobre su esposa, no manda sobre su hijo, -a diferencia de María-, no induce a Jesús a realizar ni una pizca de milagro y a lo largo de la historia del cristianismo está marcado por ese adjetivo terrible, - putativo -, que en el sentir común significa “falso”. Sin embargo, gracias a él María no fue asesinada por un embarazo difícil de explicar a todo un pueblo que ya tenía las piedras en la mano. Gracias a él Jesús y su madre sobrevivieron a la furia del tetrarca de Judea y sus secuaces. Gracias a él, el Hijo de Dios tuvo una infancia y una adolescencia tan tranquila que, en esa felicidad banal, ni siquiera mereció el interés de los evangelistas.

El punto delicado es que José es hombre de una forma que no tiene nada que ver con el chovinismo masculino (y por lo tanto con los chovinistas masculinos), porque en él el “por qué” y el “para quién” coinciden exactamente. No es Ulises quien sueña en otra parte. No es Eneas quien huye de Troya en llamas. No es Arturo que une las contradicciones de Gran Bretaña con la espada. Tampoco es un Pablo de Tarso tan espiritual y elocuente como para convertir a los paganos a una fe más lejana de la suya. José no tiene que convencer a nadie y quizás ni siquiera sabría cómo hacerlo, de hecho, nunca abre la boca. Él es el verdadero guardián del santo silencio, no María, quien, en cambio en los Evangelios, contrariamente a la predicación vulgar, habla bien más de una vez.

Para el carpintero de Nazaret no hay misiones especiales dignas de ningún cantar porque el propósito de la vida de José no es una cosa, sino una persona: su empresa, su epopeya y su victoria son dos personas indefensas y preciosas que no tienen ninguna otra protección que la suya. La masculinidad del presente y del futuro podría encontrar amplia inspiración en una figura tan difícil de ubicar en las categorías de dominio y posesión, quien, dentro de la lógica del rebaño estructurado por el patriarcado, nacería paria para ser y seguir siendo un macho beta. Hay algo rotundamente liberador en el hecho de que la fragilidad del Hijo de Dios encarnado no haya sido protegida por un héroe con un perfil dispuesto a convertirse en legendario, sino por un hombre manso y confiable, que ni siquiera encuentra humillante el exilio de los suyos. Reconocer valor en un hombre capaz de actuar tan fuera del sistema normativo de géneros, no es posible al margen de un renovado juego de roles, por lo que es fundamental que existan mujeres dispuestas a romper con los ya agotados esquemas. Por eso, quizás sea útil recordar en este discurso que, al fin y al cabo y, - a pesar de las historias apócrifas-, no fue Dios quien eligió a José, sino María.

de Michela Murgia
Da Non un cosa, ma un chi, de Michela Murgia en Maschilità in questione. Sguardi sulla figura di san Giuseppe, editado por Antonio Autieroye Marinella Perroni, editorial Queriniana.