La invitación del Papa a la fundación Leaders pour la Paix

La política como arquitectura y artesanía de paz

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10 septiembre 2021

Una política concebida como «arquitectura y la artesanía de la paz»: es la que el Papa Francisco propuso recibiendo en el Vaticano la mañana del sábado 4 de septiembre, a una delegación de una quincena de miembros de la Fundación Fondazione Leaders pour la Paix. Publicamos a continuación el discurso del Pontífice.

Ilustres Señoras y Señores:

Me complace dirigirme a ustedes, honorables líderes dedicados a la paz procedentes de diversas partes del mundo. Agradezco al Sr. Jean-Pierre Raffarin sus amables palabras. Nuestro encuentro coincide, como sabemos, con un momento especialmente crítico de la historia. La pandemia, por desgracia, aún no ha sido superada y sus consecuencias económicas y sociales, especialmente para la vida de los más pobres, son muy graves. No sólo ha empobrecido a la familia humana de tantas vidas, cada una de ellas preciosa e irrepetible; también ha sembrado mucha desolación y aumentado las tensiones. Frente al recrudecimiento de las crisis políticas y medioambientales —el hambre, el clima, las armas nucleares, por nombrar algunas—, vuestro compromiso con la paz nunca ha sido tan necesario ni tan urgente. El reto es ayudar a los gobernantes y a los ciudadanos a abordar los problemas críticos como oportunidades. Por ejemplo: ciertas situaciones de crisis ambiental, desgraciadamente agravadas por la pandemia, pueden y deben provocar una asunción más decidida de responsabilidades, en primer lugar por parte de los máximos dirigentes, y luego, en cascada, también en los niveles intermedios y en toda la ciudadanía. De hecho, vemos que no es raro que las solicitudes y propuestas vengan de “abajo”. Esto está muy bien, aunque a veces estas iniciativas son instrumentalizadas para otros intereses por grupos ideologizados. Hay siempre el peligro de la ideologización. También en esta dinámica socio-política vosotros podéis desempeñar un papel constructivo, principalmente fomentando un buen conocimiento de los problemas y sus causas fundamentales. Esto forma parte de la educación para la paz que, con razón, os importa mucho.

La pandemia, con sus largas secuelas de aislamiento e “hipertensión” social, ha puesto inevitablemente en crisis incluso a la acción política, a la política como tal. Pero incluso este hecho puede convertirse en una oportunidad para promover una “política mejor”, sin la cual no es posible «el desarrollo de una comunidad mundial, capaz de realizar la fraternidad a partir de pueblos y naciones que vivan la amistad social» (Enc. Fratelli tutti, 154). Una política —me pongo en vuestra perspectiva— que se aplica como “la arquitectura y la artesanía de la paz” (cf. ibíd., 228-235). Para construir la paz son necesarias ambas cosas: la "arquitectura", «donde intervienen las diversas instituciones de la sociedad» (ibíd., 231), y la "artesanía", que debe involucrar a todos, incluso a los sectores que a menudo han sido excluidos o invisibilizados (cf. ibíd.).

Se trata, pues, de trabajar simultáneamente a dos niveles: cultural e institucional. En el primer nivel, es importante promover una cultura de los rostros, que se centre en la dignidad de la persona, el respeto a su historia, especialmente si está herida y marginada. Y también una cultura del encuentro, en la que escuchamos y acogemos a nuestros hermanos y hermanas, con "confianza en las reservas de bien que hay en el corazón del pueblo" (ibíd., 196). En el segundo nivel —el de las instituciones— urge fomentar el diálogo y la colaboración multilateral, porque los acuerdos multilaterales garantizan mejor que los bilaterales «el cuidado de un bien común realmente universal y la protección de los Estados más débiles» (ibíd., 174). En cualquier caso, «no nos quedemos en discusiones teóricas, tomemos contacto con las heridas, toquemos la carne de los perjudicados» (ibíd., 261).

Señoras y señores, os agradezco vuestra visita y os animo a comprometeros con la paz y con una sociedad más justa y fraternal. Que Dios os conceda experimentar en vuestras vidas esa alegría que prometió a los constructores de paz. Gracias.