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La tierra significa libertad

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30 abril 2021

En Disuguaglianze di genere nelle economie in via di sviluppo (Desigualdades de género en las economías en desarrollo), un volumen de escritos de la economista india Bina Agarwal, ediciones Il Mulino, encontramos enfoques originales y vanguardistas. Son ensayos centrados en la economía política del desarrollo vista desde una perspectiva de género.

Bina Agarwal, nacida en 1951, - profesora titular en la Universidad de Manchester de Economía del Desarrollo y Medio Ambiente y ganadora del Premio Balzan en 2017 -, demuestra con investigaciones realizadas en zonas rurales de países en desarrollo cómo la pobreza y la desigualdad de género están estrechamente relacionadas.

En el sur de Asia, el rostro de la agricultura tiene cada vez más rasgos femeninos, dado que las mujeres representan más de la mitad de la fuerza productiva. Las investigaciones de Argwal proponen un modelo alternativo a esa agricultura familiar a pequeña escala que obliga a las mujeres al papel de convidadas de piedra que no pueden decidir, negociar o controlar lo cultivado, ya que pertenece al marido. Como explica claramente en el prefacio Alberto Quadrio Curzio, economista y presidente emérito de la Accademia dei Lincei, los resultados de los estudios de Bina Agarwal ilustran “el motivo por el que es necesario promover los derechos de las mujeres en materia de propiedad para empoderarlas desde el punto de vista económico, social y político. Muestran qué derechos legales disfrutan, las normas sociales y las prácticas culturales que obstaculizan estos derechos en la práctica y los caminos a seguir para un cambio efectivo”. De hecho, es la posesión de bienes, en concreto de la tierra, lo que determina su condición económica, social y política.

Además, y esta es una de las tesis más innovadoras de este ensayo, la investigación de campo realizada por Agarwal muestra cómo el riesgo de sufrir violencia conyugal se reduce en gran medida por la posesión de bienes raíces por parte de las mujeres. A nivel empírico “se demuestra que la posesión de una casa o terreno reduce significativamente el riesgo de violencia conyugal contra una mujer. La incidencia de violencia física entre las mujeres solteras sin propiedad fue del 49 por ciento, mientras que, entre las mujeres propietarias, tanto de la casa como de la tierra, fue sólo del 7 por ciento”, escribe Agarwal.

De acuerdo con la economista india, el golpe de gracia al patriarcado se produce cuando la mujer puede presumir de una posesión real de bienes, entendida también como un lugar alternativo “extrafamiliar” que pueda hacerla potencialmente libre para irse en caso de maltrato y abuso. “Se podría suponer que los bienes raíces ofrecen a las mujeres seguridad económica y física, aumentan su autoestima y señalan visiblemente la fuerza de su posición alternativa y la posibilidad tangible de una salida. Estas circunstancias pueden desalentar la violencia y proporcionar una estrategia de escape en el caso de que se den episodios violentos”, continúa Agarwal. Por el contrario, tener un trabajo no parece ofrecer la misma protección. De hecho, las mujeres que están mejor empleadas que sus maridos se enfrentan a un mayor riesgo de violencia porque los maridos son hostiles a la posición más fuerte de sus esposas. La desigualdad en la posesión de la propiedad no está asociada a tales efectos perversos, ya que una mujer propietaria casada con un hombre sin propiedad no está sujeta a más violencia”.

Pero eso no es todo. El cambio propuesto por Agarwal y el aprovechamiento de la propiedad de la tierra, no solo las protege de la violencia masculina, sino que también determina los consiguientes efectos económicos positivos en la productividad agrícola de la comunidad, en la reducción de la pobreza y la desigualdad, en la seguridad alimentaria y en la cohesión social.

Los estudios realizados de manera comparativa e interdisciplinar en zonas rurales de la India y otros países subdesarrollados atestiguan cómo las mujeres pueden obtener el mismo o mejor desempeño que los hombres si se les garantiza un acceso equitativo a la tierra, al agua, a las tecnologías y a los mercados. La calidad de los resultados mejora cuando logran unirse y dejar de depender de la lógica del trabajo familiar, en el que su aportación permanece invisible y en el que se configura la primera etapa de las desigualdades de género ya que ese trabajo es gestionado por hombres.

Las mujeres, incluso aquellas que no poseen tierras, pueden así formar parte de un grupo, crear dinámicas de trabajo cooperativo femenino que aseguren su autonomía en la toma de decisiones sobre la producción y resultar fortalecidas en virtud de una identidad independiente como agricultoras. Por tanto, en sociedades profundamente patriarcales, el trabajo, el hogar y la tierra representan opciones concretas para escapar de la violencia masculina, dando a las mujeres la oportunidad de construir una vida más allá de la opresión. Y esto vale en la India, como en Occidente.

de Elena Buia Rutt