En el aniversario del viaje del Papa en Sri Lanka

Una misión
de reconciliación

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15 enero 2021

Una misión de reconciliación y de paz: este es el significado más profundo de la misión realizada por el Papa Francisco hace seis años - del 13 al 15 de enero de 2015 - en Sri Lanka. Como un misionero de la reconciliación en un país herido por los males de los conflictos étnico y religioso, el Pontífice sembró las semillas del diálogo, del perdón, del respeto, de la justicia.

Por esto el eco de su mensaje resuena todavía como actual en la isla asiática. Y hoy, quizá, se comprende todavía más la amplitud de miras pensando en los ataques de Pascua en 2019 por parte de los extremistas islamistas, que causaron tantas muertes y víctimas y reavivaron prejuicios y tensiones entre diferentes grupos religiosos después de años de confianza y armonía.

Por otro lado, Sri Lanka está habitado por una sociedad multiétnica y multireligiosa, compuesta de 21 millones de habitantes, predominantemente cingaleses (74%), seguidos por tamiles de Sri Lanka (11,2%) y tamiles indios (4,2%), musulmanes (9,3%), burghers (0,3%) y otros grupos (0,5%).

A esto se añade que la religión a menudo está relacionada con la etnia: la mayoría de los cingaleses son budistas y los tamil son la mayor parte hindú, mientras que los cristianos pertenecen a ambos grupos étnicos. Dentro de la minoría cristiana, los católicos representan el 6,1% de la población.

Francisco fue el tercer Papa que viajó a la «perla del Océano Índico». Le precedieron Pablo VI del 4 al 5 de diciembre de 1970 y Juan Pablo II del 20 al 21 de enero de 1995: Montini dio un impulso moral, expresando la propia cercanía a una comunidad herida por la nacionalización de las escuelas católicas; Wojtyła beatificó al padre Giuseppe Vaz, el apóstol de Sri Lanka, y reavivó la fe católica, renovando el llamamiento al diálogo y a la reconciliación en el país destrozado por la guerra civil.

La llegada del Papa para canonizar al sacerdote Vaz, primer santo esrilanqués, sucedió en un contexto marcado por más de 26 años de guerra civil. Incluso habiendo concluido el 18 de mayo de 2009, seis años después sus heridas, tanto físicas como emotivas y psicológicas, permanecían todavía abiertas y por sanar. El informe  The Lessons Learnt and Reconciliation Commission (Tllrc) — con la voluntad política del gobierno de encontrar una paz duradera — se había publicado en 2011. Sin embargo, o quizás también por este pasado aún tan reciente, la visita de Francisco fue esperada con alegría e impaciencia. El país estaba cansado del conflicto, que dejó decenas de miles de viudas y de huérfanos; en particular se vivieron más de 300 atentados suicidas, realizados por hombres, mujeres, chicos y chicas. El pueblo deseaba  la paz: «Por lo tanto, este mensaje claro vino de todas las comunidades, de todos las clases sociales y de todos los estratos de la sociedad, independientemente de su etnia, religión, casta o credo. Lo que tenían en común era que todos eran víctimas del conflicto» (Tllrc, n. 8.145). En tal contexto de divisiones, heridas y polarización, las palabras y los gestos de Francisco han contribuido a la sanación, a la reconciliación y a la paz entre los católicos (tamiles y cingaleses) o entre los diferentes grupos étnicos y religiosos.

La acogida


La visita del Pontífice puede ser resumida en varios momentos. El primero de los cuales se refiere a la acogida, que fue calurosa, como signo de renacimiento: la hospitalidad es de hecho un valor común a toda la isla. En la salida del aeropuerto, estaban alineados a lo largo de la carretera unos 40 elefantes, vestidos con diferentes colores. Una gran multitud de personas — muchas pertenecientes a tradiciones religiosas diferentes de la cristiana  — saludaron al paso del papamóvil, como si el pueblo de la isla hubiera querido pasar página y escribir un nuevo capítulo de la propia historia, en el signo de la unidad, de la concordia y de la armonía.

El discurso del Papa en la ceremonia de bienvenida tocó el corazón de los problemas de Sri Lanka, indicando un recorrido para superar los conflictos y las heridas, incluso en la conciencia de que «no es tarea fácil». Al respecto evidenció que el camino para la reconciliación no puede sortear las heridas y las injusticias del pasado: «El proceso de recuperación debe incluir también — explicó — la búsqueda de la verdad, no con el fin de abrir viejas heridas, sino más bien como un medio necesario para promover la justicia, la recuperación y la unidad». Se trata de una tarea a la que están llamados todos «los creyentes de las diversas tradiciones religiosas [...] Para que el proceso tenga éxito, todos los miembros de la sociedad deben trabajar juntos; todos han de tener voz», explicó. Porque, el renacimiento del país para el Pontífice significa «estar dispuestos a aceptarse mutuamente, a respetar las legítimas diferencias y a aprender a vivir como una única familia». Por tanto un llamamiento a cambiar la mentalidad: solo así «la diversidad ya no se ve como una amenaza».

El segundo momento fue el del encuentro con la Iglesia local en la celebración de la Eucaristía y en la oración mariana. Como un pastor, el Papa encontró el rebaño en la Eucaristía que reunió a católicos cingaleses y tamiles. Esto es particularmente importante si se consideran las tensiones y la animosidad entre cristianos generadas por el conflicto étnico. La Eucaristía tiene que ver con la memoria y la purifica: no la cancela, al contrario remodela y redirige la memoria y la esperanza de los hombres en el marco más amplio del diseño de Dios. Esta de hecho tiene el fin de sanar las divisiones a través del pan que es partido y arrastra a los hombres, en ese cáliz compartido, en una nueva alianza. Y al respecto Francisco presentó al padre Vaz como un misionero de reconciliación, gracias a su «ejemplo de caridad cristiana y respeto a todas las personas, independientemente de su raza o religión» (Discurso en la ceremonia de bienvenida).

La canonización de Giuseppe Vaz


Durante la misa de canonización, el Papa reiteró que Vaz sigue siendo un ejemplo y un maestro por tres razones:  «fue un sacerdote ejemplar.... vivió en un período de transformación rápida y profunda», cuando «los católicos eran una minoría, y a menudo divididos entre sí; externamente sufrían hostilidad ocasional, incluso persecución. Sin embargo, y debido a que estaba constantemente unido al Señor crucificado en la oración, llegó a ser para todas las personas un icono viviente del amor misericordioso y reconciliador de Dios». En segundo lugar, san Vaz «muestra la importancia de ir más allá de las divisiones religiosas en el servicio de la paz. Su ejemplo sigue siendo hoy una fuente de inspiración para la Iglesia en Sri Lanka, que sirve con agrado y generosidad a todos los miembros de la sociedad», sin «distinción de raza, credo, tribu, condición social o religión, en el servicio que ofrece a través de sus escuelas, hospitales, clínicas, y muchas otras obras de caridad». Porque «el verdadero culto a Dios no lleva a la discriminación, al odio y la violencia, sino al respeto de la sacralidad de la vida, al respeto de la dignidad y la libertad de los demás, y al compromiso amoroso por todos». Finalmente, el santo sacerdote «ofrece... un ejemplo de celo misionero. Sabía cómo presentar la verdad y la belleza del Evangelio en un contexto multireligioso, con respeto, dedicación, perseverancia y humildad» (Homilía para la canonización).

Oración mariana


Toda verdadera madre trata de unir a los hijos y las hijas cuando hay divisiones. En este sentido la oración mariana del Obispo de Roma en el santuario de Nuestra Señora de Madhu fue significativa. A pesar de los largos años de guerra y las dificultades, los católicos tamiles y cingaleses siempre fueron en peregrinación. Es más, el santuario es frecuentado también por budistas e hindúes. Justamente Francisco dijo que «aquí vienen los habitantes por igual, como miembros de una sola familia» encomendando a María «alegrías y tristezas, sus esperanzas y necesidades», porque «en su casa, se sienten seguros».

El Pontífice habló al corazón de las personas afligidas en una zona marcada por la verdadera guerra. «Se encuentran hoy aquí familias que han sufrido mucho… Muchas personas, tanto del norte como del sur, fueron asesinadas en la terrible violencia y derramamiento de sangre de aquellos años». Pero, este el mensaje de consuelo llevado por el Santo Padre, «la Virgen permanece siempre con vosotros. Ella es la madre de todo hogar, de toda familia herida, de todos los que están tratando de volver a una existencia pacífica». Y ya que el perdón y la reconciliación no son fáciles, el Papa animó a imitar a la Virgen «en esta difícil tarea... De la misma manera que perdonó a los verdugos de su Hijo al pie de la cruz, y luego recibió su cuerpo exánime entre sus manos, así ahora quiere guiar al pueblo de Sri Lanka a una mayor reconciliación, para que el bálsamo del perdón y la misericordia de Dios proporcione una verdadera curación para todos».

Encuentro interreligioso y ecuménico


El último momento fue el encuentro interreligioso y ecuménico. Se trató de un evento histórico, porque reunió a las cuatro comunidades religiosas de Sri Lanka: budismo, hinduismo, islam y cristianimo. Por primera vez, los jefes de las diferentes religiones de Sri Lanka encontraron un Pontífice en la isla.

Citando la Nostra aetate, Francisco reafirmó «el sincero respeto de la Iglesia por ustedes, sus tradiciones y creencias», asegurando que la Iglesia «desea cooperar con ustedes, y con todos los hombres de buena voluntad, en la búsqueda de la prosperidad de todos los ciudadanos de Sri Lanka». Es más: subrayó que «se abrirán nuevos caminos para el mutuo aprecio, la cooperación y, ciertamente, la amistad». Por tanto reiteró «el fomento de la curación y de la unidad» como «una noble tarea que incumbe a todos los que se interesan por el bien de la nación y, en el fondo, por toda la familia humana», y advirtió de los riesgos de instrumentalización: «por el bien de la paz, nunca se debe permitir que las creencias religiosas sean utilizadas para justificar la violencia y la guerra. Tenemos que exigir a nuestras comunidades, con claridad y sin equívocos, que vivan plenamente los principios de la paz y la convivencia que se encuentran en cada religión, y denunciar los actos de violencia que se cometan».

Los desafíos del presente


En definitiva, durante el viaje apostólico el Pontífice tuvo un triple diálogo: uno con toda la nación, uno ecuménico e interreligioso y  uno con la Iglesia católica. Un diálogo hecho de gestos, de encuentros, de palabras.

Queda hoy el desafío de despertar a la mayoría moderada para callar la voz del extremismo. La política étnico-religiosa y el fundamentalismo religioso han polarizado la mayor parte de los esrilanqueses, sembrando desconfianza, hostilidad y conflicto. Esto no impide a la Iglesia católica, a los cristianos y a los creyentes de otras religiones trabajar para construir una cultura de fraternidad y de cuidado: a nivel local, regional y nacional. El Papa Francisco, con su triple diálogo ha acogido este movimiento y ha expresado palabras proféticas, tanto para la Iglesia local como para toda la población. El camino es seguramente difícil, pero irrenunciable.

de Indunil J. Kodithuwakku Kankanamalage
Secretario del Pontificio Consejo para el diálogo interreligioso