En la audiencia a la Curia romana el Papa invita a rechazar la lógica del conflicto y recuerda que la reforma de la Iglesia no es un remiendo a un vestido viejo

Vivir la crisis
como semilla de novedad

cq5dam.thumbnail.cropped.500.281.jpeg
21 diciembre 2020

Una «reflexión sobre la crisis» provocada por la pandemia, que «nos pone en guardia ante el peligro de juzgar precipitadamente a la Iglesia» con sus «escándalos de ayer y de hoy»; una recomendación a «no confundir la crisis con el conflicto», porque la primera «generalmente tiene un resultado positivo», mientras que el segundo «siempre crea un contraste»; y una exhortación a encontrar «humildad de decir en voz alta que el tiempo de crisis es un tiempo del Espíritu», porque «quienes no miran la crisis a la luz del Evangelio, se limitan a hacer la autopsia de un cadáver». Son estos los tres elementos principales en el discurso pronunciado por el Papa en el Aula de las Bendiciones con ocasión del encuentro anual que tuvo lugar la mañana del lunes 21 de diciembre, con ocasión de las felicitaciones navideñas a los miembros del Colegio cardenalicio y de la Curia romana.

En la «Navidad de la pandemia», explicó Francisco, el flagelo del covid-19 puede ser «una gran oportunidad para convertirnos y recuperar la autenticidad». De hecho también la Biblia está «llena de personas que han sido “tamizadas”, de “personajes en crisis”» como Abrahán, Moisés, Elías, Juan Bautista, Pablo de Tarso y el mismo Jesús. Y de todos modos, añadió el obispo Roma, «de cada crisis emerge siempre una adecuada necesidad de renovación: es un paso adelante. Pero si realmente queremos una renovación» — aconsejó — es necesario «tener la valentía de estar dispuestos a todo» y un compromiso a no «pensar en la reforma de la Iglesia como un remiendo en un vestido viejo, o la simple redacción de una nueva Constitución apostólica».

En definitiva — concluyó el Pontífice — se trata de «rezar más» y de hacer «todo lo que podemos» con mayor confianza.

Discurso del Santo Padre