Por el cuidado de la casa común

Hobbit de la fe

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27 junio 2020

Peregrinos con la Laudato si’ en el bolsillo soñando con El Señor de los Anillos

 
«Se buscan hobbits para compartir una aventura». No, no es el anuncio para la grabación de un nuevo episodio de El Señor de los Anillos sino el lanzamiento de una iniciativa particular de la Fundación Laudato si’ de la archidiócesis de Madrid que, para el verano, propone (no solo a los más jóvenes) El camino del anillo, peregrinación a pie de 122 kilómetros para realizar en siete días en la Sierra Norte de Madrid, fascinante recorrido con el tema inspirado en la obra maestra del escritor británico John Ronald Reuel Tolkien. «¿Quieres recordar la gran historia del hobbit Frodo Baggins y de la Compañía del anillo, viajar hasta la mítica tierra media donde caminaban elfos y orcos, atravesar Moria, Rivendel, la Comarca, Hobbiton y los otros lugares clave de la película, sentirse protagonista de tu viaje interior y exterior a la par que descubrirás una naturaleza fascinante, y desarrollarás el sentido del asombro, la belleza,  y el cuidado?».

Los organizadores de los campamentos de verano diocesanos esta vez han pensando de todo para implicar a los jóvenes pero, en la base, está en la encíclica del Papa Francisco Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común para actuar como fuente de inspiración:  «El cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y de comunión» (228). Por esto una serie de campamentos que empiezan con la escuela primaria y llegan hasta la universidad, con una dinámica de crecimiento común, puede ser una forma de «educación ambiental» que « debería disponernos a dar ese salto hacia el Misterio» (210). Después de todo el Pontífice pide responder a un desafío, el de ser todos «educadores capaces de replantear los itinerarios pedagógicos de una ética ecológica, de manera que ayuden efectivamente a crecer en la solidaridad, la responsabilidad y el cuidado basado en la compasión» (210).

La fundación de la archidiócesis de Madrid —guiada entre otros por María Ángeles Martín, directora del Colegio Mayor Roncalli, y por Pablo Martínez de Anguita, del departamento de ingeniería química y ambiental de la Universidad Rey Juan Carlos— propone un itinerario muy específico (gracias también al escenario natural de la Sierra Norte) con el objetivo de recorrer, «desde la infancia hasta la juventud», un sendero que conduzca a descubrir las «motivaciones que surgen de la espiritualidad para alimentar una pasión por el cuidado del mundo» (Laudato si’, 216). Un recorrido de crecimiento en el que «los cristianos, en particular, descubren que su cometido dentro de la creación, así como sus deberes con la naturaleza y el Creador, forman parte de su fe» (64). El camino del anillo, itinerario a etapas distribuido por toda la Sierra Norte (transformada en un pequeña tierra media donde el parque nacional de Guadarrama y la reserva de la biosfera de Rincón ofrecen el sugerente escenario para vivir el propio mundo de Tolkien), se convierte por tanto al mismo tiempo en peregrinación, búsqueda de sí, aventura, uso respetuoso de los recursos naturales, redescubrimiento de la creación como casa común. Como para los hobbits, se trata de un viaje único de la existencia, durante el cual empezar a deshacerse, a sustituir ese Anillo considerado un tesoro —en realidad símbolo de avaricia, de poder que condiciona y ciega— con los valores ecológicos de la contemplación y de la belleza y las grandes virtudes de la audacia, de la esperanza, de la solidaridad, de la amistad, de la misericordia. Un camino de liberación, en resumen, caminando a lo largo de los viejos senderos en el bosque o remando a través de corrientes olvidadas.

Se sale en los días pares, empezando por el 4 de julio, para la primera semana. Encuentro en la localidad madrileña de El Molar (donde se ofrecerá una demostración de cetrería), para después dirigirse a la Sierra, a El Berrueco, y de ahí empezar el camino, hasta Torrelaguna, etapa final. Dieciocho kilómetros al día, a pie, en canoa o en burro, acompañados por un guía. Se duerme en las casas de los sacerdotes de la diócesis y en otras pequeñas estructuras; la comida es para llevar pero no faltan a lo largo del recorrido puntos de descanso, a precios módicos. Nadie está excluido: la fundación ayuda a quien tiene dificultades económicas. El viaje lo realizaron el año pasado los seminaristas de Madrid y Granada que dieron su aprobación. Los peregrinos salen en grupos compuestos de un máximo veinte personas. La pandemia del Covid-19, lamentablemente, impone algunas restricciones: los alojamientos ocuparán solo un tercio de su capacidad; los refugios serán desinfectados diariamente; se proporcionarán mascarillas dentro de los albergues; en todos lugares, en la medida de lo posible, se respetarán las medidas mínimas de distancia social. La última salida es el 26 julio, con llegada el 1 de agosto.

Precisamente como Bilbo y Frodo Baggins, protagonistas de El Señor de los Anillos, explican los organizadores, «también nosotros vivimos en un “agujero hobbit”», entre las comodidades: estamos agusto, no queremos ser molestados por imprevistos. Pero si alguno, cediendo a las insistencias de un “mago”, supera las primeras resistencias, descubrirá los misterios del mundo y de la vida misma. Además, el mismo Jorge Bergoglio citó a Bilbo y Frodo, cuando era cardenal arzobispo de Buenos Aires, que, en la homilía de la Misa por la educación (Pascua 2008), hablando de la vida como recorrido y del hombre como viajero en crisis o en misión, desde Abraham a Enea, o Ulises, recordó que «Tolkien, en la literatura contemporánea, retoma en Bilbo y en Frodo la imagen del hombre que es llamado a caminar y sus héroes conocen y actúan, caminando, el drama que se libra entre el bien y el mal». El hombre en camino, para Papa Francisco, lleva consigo una dimensión de esperanza: «El ponerse en camino se enraiza en una inquietud interior que impulsa al hombre a “salir de sí”, a experimentar el “éxodo de sí mismo”. Hay algo fuera de y en nosotros que nos llama a realizar el camino. Salir, andar, llevar a cabo, aceptar la intemperie y renunciar al cobijo… este es el camino».

 de Giovanni Zavatta