· Ciudad del Vaticano ·

La relación del cardenal Jean-Claude Hollerich, relator general

Llamados a aprender la gramática de la sinodalidad

 Llamados a aprender la gramática de la sinodalidad  SPA-041
13 octubre 2023

Publicamos, a continuación, una traducción de la relación que llevó a cabo el relator general, el día 4 de octubre el cardenal Jean-Claude Hollerich, arzobispo de Luxemburgo.

Santo Padre,
Beatitudes,
Eminencias, Excelencias,
Queridos hermanos y hermanas:

La disposición de esta sala probablemente resulte extraña para muchos de vosotros. Por eso empiezo con una reflexión sobre este lugar.

No estamos sentados en orden jerárquico, sino alrededor de mesas redondas, para favorecer el verdadero intercambio y el auténtico discernimiento. El aula no está dispuesta de esta manera por razones prácticas o por una decisión de la Secretaría del Sínodo, sino para reflejar la experiencia del pueblo de Dios en el camino sinodal iniciado en 2021. Tanto la disposición de los asientos como el Instrumentum laboris son el fruto de esta experiencia sinodal y nos ayudan a discernir el camino que Dios nos pide que recorramos.

El proceso sinodal que toda la Iglesia ha atravesado desde 2021 es el punto de referencia constante para nuestro trabajo durante esta Asamblea. Los obispos que no han sido muy activos en el proceso, pero que han sido elegidos por sus Conferencias en esta 16ª Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, probablemente tendrán que hacer un poco de esfuerzo al principio. Sin embargo, también están los miembros no obispos. Muchos de ellos han estado particularmente involucrados en la etapa continental del Sínodo y están llamados a dar testimonio de su experiencia.

Las mesas redondas también nos recuerdan que ninguno de nosotros es protagonista del Sínodo. El Espíritu Santo es el protagonista y solo con un corazón plenamente disponible para ser guiado por el Espíritu podremos responder a la llamada que hemos recibido como miembros del Sínodo. Hablar del Espíritu Santo no significa olvidar que nuestros ojos están puestos en Cristo. Por el contrario, el Espíritu Santo hace presente a Cristo aquí entre nosotros, como lo hizo en la Eucaristía que celebramos juntos. Dios Padre, a través del Espíritu Santo, nos pone en comunión con el Señor crucificado y resucitado.

La Iglesia es el pueblo de Dios que camina en la historia con Cristo en el centro. Es normal que haya un grupo caminando a su derecha, otro a su izquierda, mientras unos corren hacia delante y otros se quedan atrás. Cuando cada uno de estos grupos mira hacia el Señor, junto con Él no puede evitar ver al grupo que ocupa la posición opuesta: el que camina a la derecha ve al que camina a la izquierda, el que corre hacia adelante ve al que se queda atrás. En otras palabras, los llamados progresistas no pueden mirar a Cristo sin ver junto a Él a los llamados conservadores y viceversa. Sin embargo, lo importante no es el grupo al que parecemos pertenecer, sino caminar con Cristo dentro de Su Iglesia.

Esta Iglesia no está compuesta solo por los ministros ordenados —obispos, sacerdotes y diáconos—, sino por todos los bautizados que participan en la misión que el Señor Jesucristo le ha confiado. Por lo tanto, la misión juega un papel clave en la noción de sinodalidad. Para captar la realidad de la misión de la Iglesia debemos ampliar nuestra visión, desde este aula al mundo entero.

El mundo sufre, la tierra, nuestra madre y hermana, grita y con ella los pobres. El Santo Padre no podría ser más explícito al describir los males que afligen a nuestro mundo: el cambio climático —gracias Santo Padre por la nueva exhortación Laudate Deum—, las migraciones, las interminables guerras, la extrema polarización en la sociedad y también dentro de la Iglesia, y un estilo de vida consumista que al final parece negar la existencia de Dios. Millones de personas sufren. Se necesitan análisis sociológicos, políticos y económicos sólidos y un compromiso generoso. Sin embargo, ningún análisis o compromiso puede tener éxito si no reconocemos que la raíz de estos males es el pecado. Es por eso que el Santo Padre nos llama en voz alta a la conversión, una conversión que cambie nuestro comportamiento diario.

Es en este contexto que la Iglesia recibe la llamada a ser cada vez más sinodal. No estamos empezando de cero. Ya tenemos una rica tradición teológica sobre la sinodalidad, tenemos el magisterio de muchos Papas y ahora también la profunda enseñanza del Papa Francisco.

Estamos llamados a aprender la gramática de la sinodalidad. Al igual que la gramática de nuestras lenguas cambia a medida que evolucionan, la gramática de la sinodalidad cambia con el tiempo. Por lo tanto, la lectura de los signos de nuestro tiempo debería ayudarnos a descubrir una gramática de la sinodalidad adecuada a nuestro tiempo. En la gramática hay algunas reglas básicas que nunca cambian. Para nosotros, estas son las reglas de la catolicidad, como la dignidad derivada del Bautismo; el papel de Pedro en la Iglesia; la colegialidad episcopal; el ministerio ordenado, el sacerdocio común de los fieles y el hecho de que están ordenados el uno al otro (cf. Lumen gentium, n .º 10). Con estos elementos fundamentales de nuestra gramática católica, debemos encontrar la manera de expresar las nuevas intuiciones que el Espíritu Santo nos da.

Mientras trabajamos en esta tarea, ¡siempre debemos tener en cuenta que un Sínodo no es un Parlamento! En el Parlamento, los políticos debaten el texto A propuesto por la mayoría. La oposición propone el texto B. En el mejor de los casos, algunos puntos de B se introducen en A..., al menos hasta que nuevas elecciones inviertan las posiciones. Pero, en cualquier caso, es una mayoría restringida la que decide lo que debe aceptar toda la población. Algunos sentirán que han ganado, otros que han perdido. Y tratarán de resistir.

Tenemos un texto del que partir: el Instrumentum laboris. Es el fruto del proceso sinodal que ha involucrado a todo el Pueblo de Dios. El proceso no ha terminado: ahora se confía a nuestro discernimiento. No se trata de una batalla entre las posiciones A y B. A través de un auténtico discernimiento, el Espíritu Santo abre nuestras mentes y nuestros corazones a nuevas posiciones, ¡dejando atrás a A y B!

Después de considerar lo que no es nuestro trabajo -un debate parlamentario- es bueno tener claro lo que es: un trabajo de discernimiento en común. Al igual que la disposición del aula, el tiempo que pasaremos juntos también está organizado para facilitar nuestro trabajo. Ya hemos vivido un momento fundamental: el retiro que abrió la Asamblea. No podemos discernir juntos sin orar juntos. Por eso invito a todos a conservar en el corazón la disposición interior y los frutos del retiro. Para ayudarnos a hacerlo, en las próximas semanas viviremos otros momentos de espiritualidad en común, y cada mañana podemos celebrar juntos la Eucaristía aquí al lado, en la Basílica de San Pedro, antes del inicio de las sesiones.

Ya sabéis mucho de la organización de los trabajos de las próximas semanas, porque habéis recibido información al respecto de la Secretaría General en el mes de agosto. En resumen, nuestro trabajo se dividirá en cinco módulos. Los cuatro primeros estarán dedicados al discernimiento sobre los temas propuestos en el Instrumentum laboris, siguiendo el orden de sus partes (Secciones A, B1, B2, B3) y utilizando las Fichas de trabajo preparadas para este fin. La relativa a la Sección A, que comenzamos hoy, se os ha distribuido en Sacrofano. Encontráis las demás en el Instrumentum laboris. El último módulo estará dedicado a la discusión y aprobación del informe de síntesis, que luego entregaremos al Santo Padre.

Cada módulo verá la alternancia de momentos en la asamblea plenaria, las Congregaciones Generales y el trabajo en grupo, o Círculos Menores. De esta manera, nuestro discernimiento se beneficiará tanto de la profundización que hace posible el trabajo en pequeños grupos, como del diálogo a escala universal que es la característica y el privilegio de una Asamblea como la nuestra.

En continuidad con el camino del Pueblo de Dios en los últimos dos años, el trabajo en los Círculos Menores seguirá el método de la conversación en el Espíritu. No me extenderé en la explicación de este método porque ya lo hemos experimentado en Sacrofano en el trabajo de la tarde. En cambio, me gustaría aprovechar esta oportunidad para dar las gracias a los facilitadores, cuya vigilancia sobre el método y el cumplimiento de los plazos nos permite centrarnos en los temas objeto de nuestro discernimiento. Añado un agradecimiento a los expertos, que tendrán la tarea, ciertamente difícil, de sintetizar progresivamente los frutos del trabajo de los Círculos Menores y de las Congregaciones Generales en vista de la redacción del informe de síntesis sobre el que trabajaremos en el módulo final.

Uno de los puntos fuertes del método de la conversación en el Espíritu es que permite a cada uno expresar su punto de vista, valorando las consonancias sin descuidar las diferencias, pero sobre todo desalentando polarizaciones y polémicas. Como ha escrito recientemente el Santo Padre, «en la conversación en el Espíritu encontramos una vía de participación orientada a la comunión y renovación de la misión, que alienta la participación de todos y acoge en la comunión y en la unidad la gran diversidad que somos» 1. Su objetivo es construir consenso sin dividir en facciones ni aplastar en uniformidad. De esta manera favorece el paso de la escucha mutua a la escucha del Espíritu. Como explica el Instrumentum laboris, «las huellas que la escucha de las hermanas y de los hermanos produce en el interior de cada uno son el lenguaje con el que el Espíritu Santo hace resonar su voz: cuanto más se haya nutrido cada uno de la meditación de la Palabra y de los Sacramentos, creciendo en la familiaridad con el Señor, tanto más será capaz de reconocer el sonido de su voz (cf. Jn 10, 14.27), también gracias al acompañamiento del Magisterio y de la teología» (n. 38). En este marco, también cambia el significado del consenso alcanzado. Por ejemplo, al final de cada módulo, después del trabajo en grupos y de la discusión en el pleno, cada uno de los Círculos Menores será llamado a redactar un Informe sobre el trabajo realizado, expresando aquello en lo que hay acuerdo, pero también eventuales divergencias o cuestiones sobre las que continuar la reflexión. Sobre este Informe, el grupo estará llamado a expresar un consenso, que es ante todo el reconocimiento de que representa fielmente el trabajo realizado juntos, respetando a cada persona que la escucha profunda prevista por el método requiere y al mismo tiempo alienta. Por estas razones, el método de la conversación en el Espíritu parece particularmente adecuado para el objetivo y el estilo de esta Asamblea.

Mi deseo es que durante este mes de trabajo podamos elaborar una hoja de ruta para el próximo año, que luego se confiará al Santo Padre. Idealmente, esta hoja de ruta debería indicar los puntos en los que sentimos que se ha alcanzado un consenso entre nosotros y especialmente dentro del Pueblo de Dios, identificando los posibles pasos a tomar como respuesta a la voz del Espíritu. Pero también debería decir dónde se necesita una reflexión más profunda y qué podría favorecerla.

Gracias por aceptar la llamada a formar parte de esta Asamblea. Gracias por vuestra confianza en el Espíritu Santo, gracias por vuestra disponibilidad para escucharos unos a otros como hijos del mismo Padre, hermanos y hermanas en Cristo.

1 Papa Francisco, “Prólogo”, en Guerrero Alves J. A. – Martín López O., Conversación espiritual, discernimiento y sinodalidad, Editorial Sal Terrae, Maliaño (Cantabria), 2023, p. 10.