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Experiencias

Aurea y Susana,
las primeras indígenas
“ministras”, todo un hito

 Aurea e Susana, le  prime  indigene  nominate “ministre”: è stato uno spartiacque   DCM-007
01 julio 2023

La vida de Aurea no ha cambiado. Esta chica de 32 años, de cabello negro largo y brillante como el de las mujeres quechuas, sigue recorriendo los diminutos pueblos de la zona de Montalvo, en el corazón de la Amazonía ecuatoriana, para llevar los sacramentos, celebrar la Palabra, enseñar el catecismo y animar grupos de oración y formación. El 22 de junio de 2021 supuso un punto de inflexión en su vida. “Cuando el obispo me impuso las manos encima, fue muy fuerte. Realmente me sentí llamado a dar testimonio del Sumakawsay, la Buena Noticia del Evangelio”, recuerda.

Ese día, la indígena Aurea Imerda Santi de la comunidad de Boveras, a una hora de avión de Puyo, la ciudad más cercana, recibía junto a su vecina Susana Martina Santi el ministerio de lectora y acólita de manos del vicario apostólico Rafael Cob. Las dos primeras “ministras” de la Iglesia Católica surgidas con el motu proprio con el que el pasado mes de enero el Papa Francisco modificó el canon 230 del Código de Derecho Canónico y abrió esta posibilidad a las mujeres. Un sueño hecho realidad para Aurea y Susana.

“El ministerio representó un hito. Ha renovado y fortalecido mi fe. También siento el respeto y la confianza de la comunidad. Y la responsabilidad hacia ellos. Quiero ser mejor cristiana para mis hermanos y hermanas, dice Aurea por carta, una hoja que pasó de mano en mano hasta Italia porque en su zona no hay teléfonos móviles y no llega Internet. “El compromiso es el de siempre, pero lo vivo de una manera más profunda”, indica Susana, de 50 años, casada con Franklin y madre de Andrés, quienes también son ministros. “No es fácil llegar a estos pueblos. Están lejos y me toca viajar durante varios días, pero vale la pena, la gente espera con ansia los Sacramentos y la liturgia”, explica.

En la Amazonía, donde los sacerdotes escasean y el territorio es enorme, siempre han sido los laicos y, sobre todo, las laicas quienes llevan a cabo gran parte de la labor pastoral. Todo lo que no sea del ámbito exclusivo del ministerio sacerdotal está en sus manos. Para tener una formación adecuada, Aurea y Susana estudiaron durante tres años en el Centro de Formación Intervicarial de Runa (Cefir), una escuela indígena regional de nivel superior en lengua quechua. “Fue una experiencia maravillosa. Seguí los cursos codo con codo con personas de distintos pueblos originarios. Me animó a dedicarme a la misión con todo mi corazón”, asegura Aurea. Sin embargo, hasta el motu proprio de Francisco, el compromiso de las mujeres no podía ser reconocido oficialmente. “Es un paso más en la construcción de una Iglesia con rostro amazónico. Una Iglesia en la que la mujer sea el pilar. Ahora lo soy por completo”, concluye Susana. (Lucía Capuzzi)