· Ciudad del Vaticano ·

Observatorio

La historia de Myriam,
16 años, africana

 La storia di Myriam, 16 anni, africana  DCM-011
03 diciembre 2022

El número de diciembre de L'Osservatore di strada lleva como tema ‘La Navidad de los descartados’. Uno de sus artículos, «Heridas invisibles - La historia de Myriam, 16 años, africana», es el conmovedor testimonio de una jovencísima mujer que lleva unos meses en Italia. Lo recogen los voluntarios de un centro de escucha de Cáritas. El de Myriam no es un caso aislado. Se repite en muchos migrantes, sobre todo mujeres, que solo quieren ser acogidas, escuchadas y tener derecho a una vida. En este número de Mujeres, Iglesia, Mundo dedicado a María hablamos de Myriam, que también lleva su nombre.

“Mi nombre es Mary, tengo 16 años y soy africana. Estuve unos meses en Italia, pero no sé exactamente cuánto tiempo fue... No estoy nada bien, porque de repente todo ha cambiado. Iba al colegio y estaba feliz con mi familia, pero ahora estoy sola en un sitio nuevo y no me ha quedado nada. Un día, no recuerdo cuándo, unos soldados me capturaron pensando que tenía información útil para ellos; me subieron en un coche y era como si el camino no terminase nunca. Llegamos a una prisión. Me parecía que el tiempo no pasaba, estaba asustada, más bien muerta de miedo. Hasta que entraron donde estaba, me sujetaron con violencia y me arrastraron a otra habitación donde empezaron a acosarme con preguntas. Solo recuerdo haber dicho: ‘No sé, no sé, es la verdad, lo siento, no sé…’.

Entonces empezaron a hacerme daño. Me violaron, me amenazaron con un arma y me dijeron que si no contestaba se desquitarían con mi familia. Me empezaron a pegar, pero eso fue lo de menos y lo que llevé mejor. Esto se repitió durante días. En esos momentos, cerraba los ojos y solo esperaba que todo terminara, y si tenía que morir para que terminara, solo esperaba morir pronto.

Todavía ahora siento ese miedo y sus manos tocándome, siento mi incapacidad para reaccionar y esas ganas de morir. Por eso, decidí dejar de comer para morir cuanto antes. Así hasta que un día unos guardias me ayudaron a escapar. Me subí a un coche sin pensarlo, recorrimos un largo trecho y después me tiraron del vehículo en marcha. Me quedé unos minutos tirada en el suelo sin moverme. Tenía miedo de que alguien viniera a pegarme porque me parecía imposible que realmente me hubieran dejado libre. Cuando miré hacia arriba me di cuenta de que estaba en medio de la nada y no sé por qué comencé a correr y correr hasta llegar a un lugar familiar.

A la mañana siguiente salí del país. No sé cómo explicarte, por un lado, sabía que era libre y que estaba viva, pero, por otro, me sentía muerta por dentro. Cuando llegué a Italia volví a sentir ese terror. Me pregunté si estaba realmente a salvo. Estaba otra vez sola y sin saber qué hacer. No hacía más que llorar hasta que me encontró una señora de color y me llevó consigo a su casa. Allí pasé la noche. Fue amable conmigo, pero yo todavía desconfiaba. Encontramos una casa de acogida.

Ahora estoy aquí delante de ti porque me han dicho que puedes ayudarme a estar mejor. Aunque me pregunto: ¿Cómo puedo estar mejor y qué significa estar mejor? Tengo miedo, todo el tiempo, de todo y de todos, aunque esté haciendo por ejemplo viendo la televisión. Si veo a un policía en la calle, se me hace un nudo en la garganta, me quedo helada, no puedo moverme ni hablar. A veces, cuando alguien me hace una pregunta, me quedo en blanco y no puedo ni responder. Estoy comiendo y hablando con mis compañeras y, de pronto, me pongo nerviosa y siento ansiedad. Se me daban bien los estudios. Ahora estoy aprendiendo italiano y, a veces, me siento mal en clase porque la profesora habla y no logro estar atenta. No puedo empezar algo y terminarlo. Me dan una información y a los diez minutos se me ha olvidado.

Es una sensación horrible cuando, haciendo cualquier cosa, sin previo aviso me torna a la mente esa maldita celda, los olores, los sonidos y todo lo que me hicieron en ese lugar. No sé cómo hacer para dejar de pensar y evocar aquello. No puedo ni siquiera cuando tendría que estar durmiendo. Si llego a conciliar el sueño, me termino despertando y comienzo a pensar. O tengo pesadillas horrendas que comienzan otra vez cuando vuelvo a dormirme.

Y luego me pasan cosas raras, a veces me pregunto si me estoy volviendo loca. Por ejemplo, estoy en el autobús para ir a algún sitio y en algún momento me doy cuenta de que se me ha pasado la parada y no sé dónde estoy, ni cómo llegué allí y no recuerdo donde quería ir. Es como si hubiera estado ausente o domirda. No entiendo por qué estoy así, no entiendo lo que me está pasando. Esta vida ya no es mía. Esto no es vida”.