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MUJERES IGLESIA MUNDO

La Historia
Reutilización de monasterios, el caso de la Universidad Benincasa de Nápoles

El pasado en el presente

  Il passato nel presente  DCM-011
03 diciembre 2022

Se considera Living Heritage, es decir, Patrimonio Vivo aquel patrimonio cultural viviente, material o inmaterial, generalmente ligado a un lugar que se conserva, transmite y enriquece a través del trabajo de una comunidad. Si hablamos de interés religioso, el ejemplo más claro son los monasterios. Sin embargo, se trata de un patrimonio que está en riesgo desde hace al menos dos siglos, y cada vez corre más peligro por la secularización tanto de las instituciones religiosas como de la sociedad con la consiguiente disminución de vocaciones. En muchos casos solo quedan ruinas. Pero ¿es posible perpetuar el espíritu del espacio sagrado después de que el lugar haya sido abandonado por la comunidad que lo generó si ha adquirido a lo largo del tiempo funciones distintas a las fundacionales? La reutilización de edificios para fines distintos a los originales es obviamente una experiencia muy antigua, pero la reutilización adaptativa combinada con la conciencia de su valor histórico es bastante reciente y ha sido articulada en varios documentos de la Unesco. También ha sido objeto de atención para el Pontificio Consejo de la Cultura que organizó el encuentro internacional Carisma & Creatività en la Pontificia Universidad Antonianum.

En este sentido es un modelo Suor Orsola Benincasa, la universidad libre más antigua de Italia. Fue fundada en 1885 en Nápoles, en las faldas del monte San Elmo, en el lugar que la venerable Orsola, mística napolitana que vivió entre la segunda mitad del siglo XVI y el primer cuarto del XVII, había elegido como refugio y como sede de una congregación de monjas oblatas.

La tradición hagiográfica asegura que Orsola es originaria de Cetara, un pueblo costero de la costa de Amalfi, desde donde habría emigrado la familia para escapar de las incursiones del corsario Barbarroja. El mismo relato la vincula por descendencia con otra Benincasa, Catalina de Siena, que proporcionó el modelo en el que se basaron los biógrafos y quizás también la joven napolitana, precozmente afectada por experiencias místicas y sujeto de privaciones y premoniciones. En la época de la Contrarreforma, Orsola estuvo bajo la vigilancia de la Inquisición por el clamor que estos fenómenos empezaron a suscitar en la sociedad napolitana y en Roma, aunque Felipe Neri, designado por el pontífice como principal examinador del caso, después de rigurosos exámenes, la juzgó honesta y pura.

La ermita donde Orsola se había refugiado con algunos familiares y cohermanas, construida alrededor de una pequeña casa con una huerta anexa, se enriqueció con la iglesia de la Inmaculada, todavía hoy en lo alto de la ciudadela universitaria. La congregación, que tras la muerte de la fundadora vio surgir un monasterio de clausura adscrito a la Orden de los Teatinos, se dedicó desde un principio a la educación de las niñas. Este elemento constituyó, el carisma fundacional, así como el código de identidad de una historia secular caracterizada por una experiencia de vida transmitida de generación en generación de maestras a discípulas. Con sus jardines y su claustro, las pequeñas puertas y las escaleras, el lugar ofrecía el escenario del locus amoenus, prefiguración del Paraíso.

La nueva historia del Suor Orsola comenzó en la segunda mitad del siglo XIX con la unificación de Italia. Entonces, la creación de un internado ya no tenía que estar sujeta al real decreto de 1867 con el que se suprimían todos los entes eclesiásticos y que hubiera conducido a la confiscación estatal de los bienes. En aquel período una sucesión de figuras femeninas se entregó, sin solución de continuidad, al ideal de la redención de la mujer a través de la educación cuando el estudio en sí y los roles de gestión se consideraban dominio exclusivo de los hombres. A finales del siglo XIX, subraya el actual rector de la Universidad Lucio d'Alessandro, “la ciudadela monástica se transformó en una ciudadela del saber”, bajo la guía de una mujer: “Orsola es la fundadora de la lugar y Adelaide del Balzo refunda”.

Casada con el noble napolitano y príncipe de Strongoli Francesco Pignatelli, como dama de la corte de la primera reina de Italia Margarita de Saboya, Adelaida del Balzo había obtenido en 1891 el cargo de inspectora y después gobernadora del Instituto Suor Orsola. La princesa supo poner en marcha un proyecto a largo plazo, basado, -señala Vittoria Fiorelli, profesora de historia moderna en Suor Orsola Benincasa-, en la Leitidee, la idea guía de dar forma a “una presencia femenina más consciente en el escenario nacional”. El proyecto se concretó en dos cursos de estudio, uno de orientación humanística y otro de economía doméstica, y trabajo manual a cargo de la Cruz Azul, otra iniciativa deseada por la Princesa, una escuela especializada en las profesiones paramédicas que se apoyaba para las actividades prácticas en el Hospital Napolitano Jesús y María.

Adelaide del Balzo quiso junto a ella como directora a la pedagoga Maria Antonietta Pagliara, primera sufragista y mujer en Italia al frente de un instituto superior, quien llevó a la Facultad de Magisterio las experiencias pedagógicas europeas más avanzadas con el objetivo de revolucionar la formación de los docentes. La princesa y la directora soñaban para sus jóvenes que supieran un oficio y que tuvieran cultura y modales de princesas. El programa era vanguardista porque estaba orientado a la modernización de las élites y también a la difusión de la cultura entre las clases menos favorecidas. El nombramiento de Pagliara se produjo en la culminación de un año importante, 1901, que selló el triunfo del modelo Suor Orsola, donde el rey Umberto I y la reina Margarita fueron el año anterior en visita oficial.

Durante el siglo XX, muchas mujeres napolitanas avanzaron por este camino. Fueron figuras destacadas de la pedagogía, la filosofía y la literatura como la filósofa de la educación Cecilia Motzo de Acadia; la escritora y ecologista Elena Croce o la pedagoga Elisa Frauenfelder. El legado dejado por estas mujeres también fue de carácter material, incluyendo terrenos e instalaciones que garantizaban cierta autonomía, así como un patrimonio artístico que desde la época de sor Orsola hasta nuestros días se ha cedido al Ateneo y al cuidado de los jóvenes que se forman en la universidad. De gran belleza y valor artístico son también los jardines históricos del Claustro y Cinque Continenti, las colecciones de archivos y libros de la Fundación Pagliara y la Biblioteca Capocelli, el Museo de la Ópera Universitaria y la Sala degli Angeli, antiguamente la iglesia de Clausura, hoy utilizada como sala de conferencias y máxima expresión de la transmisión de un saber que mira al futuro, sin olvidar el pasado.

Como institución, Suor Orsola debe su supervivencia a la adaptación a usos sostenibles. No es casualidad que, junto a las carreras que caracterizan la misión pedagógica a largo plazo como las propias del departamento de ciencias de la educación, la Universidad haya impulsado otras punteras como las de economía verde y humanidades digitales. El vínculo con el patrimonio material y moral se va transformando continuamente, adaptándose a una nueva dimensión y a una “sociedad en revolución”.

de Giuseppe Perta
Docente de Historia medieval, Universidad de Estudios de Nápoles Suor Orsola Benincasa