· Ciudad del Vaticano ·

La Historia

La vida cotidiana
en el monasterio
de Santa Rosa de Viterbo

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04 diciembre 2021

“En el año 1589 entró en el convento la solterona sor Faustina Fioravante. Con una dote de 350 y 100 escudos. La jovencita estaba henchida de orgullo […] Quería dicha joven vestir al estilo romano: una túnica finísima, velo de paño holandés, calzado de madera y telas muy delicadas para el servicio de su persona, cama secular, mesilla y cajones de nogal”. La anotación no es para nada peregrina ya que en esos años las monjas del monasterio de Santa Rosa de Viterbo no pasaban por su mejor momento.

“El monasterio no era más que una casa deshecha, las paredes estaban abombadas, la mitad del suelo seguía siendo de tierra y no había techo lo que dejaba a sus habitantes a merced del sol o del agua. En total tenían diecinueve celdas y todas con una lumbre tan penosa que me da lástima recordarlo. Dormían en camas pequeñas y todas en un dormitorio, tanto las enfermas como las sanas, con mucha incomodidad y sufrimiento”.

Gracias a una monja cuyo nombre desconocemos, y que lo describió muy bien, tenemos esta extraordinaria descripción de la vida monástica de hace cinco siglos. Después de haber relatado hechos como el de la monja rica y consentida, desde 1591 la autora escribió solo sobre vivencias personales. Por eso, Memorie segrete. Una cronaca seicentesca del monastero di Santa Rosa di Viterbo (Memorias secretas. Una crónica del siglo XVII del monasterio de Santa Rosa di Viterbo) editada por Eleonora Rava (directora del Archivo General de las Clarisas Urbanistas de Italia), es una crónica monástica especial, tal y como subraya la historiadora Gabriella Zarri en el prólogo. Es especial por cómo narra la vida cotidiana de un monasterio, las costumbres, cómo se mantenían, qué posesiones tenían y decenas de eventos llenos de detalles. Un siglo de historia de una comunidad italiana, desde mediados del siglo XVI hasta mediados del XVII contada con precisión, un libro que se lee como una novela.

Es como si pudiéramos ver a las monjas que “se levantan dos horas antes del amanecer y después no descansan hasta que se pone el sol, rezan la liturgia de las horas y en aquella posada rezan y duermen”. La autora de este escrito es una religiosa desconocida que probablemente tenía dieciséis años en 1591 porque, era esa edad cuando se hacía la profesión religiosa. Quizás era Margarita de Chipre o quizás María Maddalena Pollioni, abadesas del monasterio. O quizás fueron ambas. (DCM)