· Ciudad del Vaticano ·

Las palabras improvisadas dirigidas a la asociación Lazare

La riqueza de ser pequeños

cq5dam.thumbnail.cropped.500.281.jpeg
12 noviembre 2021

Publicamos las palabras que el Papa pronunció improvisando durante la audiencia a la asociación francesa Lazare –que tuvo lugar en la mañana del sábado 28 de agosto, en el Aula Pablo vi – después de haber escuchado los testimonios de algunos presentes.

Yo había escrito un discurso para decirles, así que se los voy a dar por escrito porque quiero hablar de lo que salió aquí.

Me quedo con la última imagen, la puerta. Esta experiencia de la puerta abierta, la puerta cerrada, el temor de que no me abran la puerta, el temor de que me cierren la puerta en la cara… Esta experiencia que acabamos de escuchar de uno de ustedes, es la experiencia de cada uno de nosotros si miramos dentro.

Y yo pregunto, ¿cuál es mi relación con la puerta?

Algunos piensan que la puerta es posesión suya y le ponen un candado y la cierran para ellos. Otros tienen miedo de golpear una puerta.

Es ese miedo que tenemos de saber si seremos recibidos y aceptados. Otros quieren entrar pero le tienen miedo a la puerta y tratan de entrar por la ventana.

Y así podemos imaginar tantas situaciones y preguntarme, yo con la puerta ¿qué relación tengo?

La puerta es Dios, entonces mi relación con la puerta ¿cuál es?

Me apropio la puerta para mí y no dejo entrar a nadie, o tengo miedo de golpear la puerta o espero sin golpear que alguno me la abra. Cada uno de nosotros tiene actitudes diversas con Dios, que es la puerta.

A veces en la vida hay que tener la humildad de golpear la puerta. A veces hay que tener el coraje de no tenerle miedo a quién me va abrir la puerta, que es Dios.

Y una vez que yo entro, hay que tener la grandeza de no cerrar la puerta a mis espaldas sino abrirla para que entren otros y eso es lo que hace “Lázaro”, abrir puertas. Y es lo que yo quiero agradecerles hoy, este testimonio no solo de “porteros”, porque ustedes no cuidan las puertas, no son “porteros”; sino hombres y mujeres que, porque les abrieron la puerta una vez a cada uno de ustedes, sienten la necesidad de abrírsela a otros. La puerta es Dios que se nos abre, la puerta es nuestro corazón… está abierto, está custodiado… Es todo un trabajo de pensar pero que ustedes lo saben hacer. Yo les agradezco a cada uno de ustedes el testimonio que dan, y sigan adelante. “Lázaro” es una cosa pequeñita, poca gente, pocos lugares, frente a tanta necesidad.

Pero Jesús dijo una cosa una vez: que la levadura también era una cosa pequeñita y que era capaz de multiplicar, que la semilla era una cosa pequeñita y que era capaz de hacer crecer un árbol grande.

Lo peor que le puede pasar a “Lázaro” es olvidarse de que es pequeñito, porque si se pone grande en el corazón por el poder, por la soberbia, por la complacencia, el árbol no va a crecer y la masa no se va a expandir.

La riqueza de ustedes no está en el banco, la riqueza de ustedes es ser pequeños, y sigan así.

Y recen por la Iglesia, para que aprenda, nuestra Santa Madre la Iglesia, nosotros hombres y mujeres de Iglesia, a abrir siempre la puerta y a tener el oído atento a quien golpea la puerta a veces débilmente. Muchas gracias.