· Ciudad del Vaticano ·

Después de la audiencia general

Cuando una foto cuenta la emigración

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12 noviembre 2021

La fotografía El Padre y el Hijo, que forma parte del reportaje Emigración realizado en 1957 en La Coruña por Manuel Ferrol (1923-2003), fue entregada simbólicamente al Papa en la mañana del miércoles 10 de noviembre, en el Aula Pablo vi durante la audiencia general. Y Francisco “acarició” la imagen hasta el punto de identificarse con el “mensaje”.

Fue Patricia Ferro, hija del conocido fotógrafo gallego, quien realizó este gesto, que se hizo aún más significativo por el hecho de que esa imagen –convertida en “icono” de una época– cuenta el estado de ánimo de la partida, el 27 de noviembre de 1957, de una familia de migrantes que se dirigía a Buenos Aires en la embarcación “Juan de Garay”.

Pero 64 años después, ese estado de ánimo vive todavía en muchas partes del mundo: el fenómeno de las migraciones, explica la mujer, lleva en sí historias desgarradoras, de esperanza y de dolor, con familias separadas y a veces para siempre. Y la foto del padre lo recuerda con una fuerza evocadora impresionante.

En 1957, la Comisión católica de emigración encargó a Manuel Ferrol realizar un reportaje sobre la embarcación de los emigrantes en el puerto de La Coruña.

Xan y Xurxo Calo son los nombres de ese padre y de ese hijo que siguen representando –y contando– tantas historias: de ayer, de hoy, de mañana.

Para Patricia el «secreto» de la foto de su padre no está en la búsqueda del «encuadre perfecto» sino en el aprovechar para comunicar «lo que se siente en ese momento».

El reportaje Emigración está compuesto por muchas imágenes —también «dramáticas, terribles»— realizadas exactamente con este estilo. Por otro lado, Manuel tenía el estudio fotográfico cerca del puerto de La Coruña y deambulaba por los muelles con su Rolleiflex, «que disparaba en ángulo recto», escondida debajo de su gabardina «de tal manera que las personas no la vieran y se sintieran intimidados por el fotógrafo».

Una actitud de respeto a la dignidad de las personas que arriesgan su vida por esperar un futuro mejor.

Con particular afecto el Papa Francisco saludó después a Massimiliano Carpana, de Verona, 47 años, que “como cardiópata” ha recorrido a pie la Vía Francígena, saliendo desde el Gran San Bernardo.

Massimiliano no se ha dejado parar ni por un problema de corazón descubierto en el nacimiento –tenía 6 meses cuando se vio obligado a someterse a una operación en Estados Unidos– ni de la delicada y urgente operación en septiembre de 2020.

Con la hermana Giorgia, decidió «involucrarse para ayudar a los niños cardiópatas, recogiendo fondos con una asociación de Milán».

El Papa además alentó a los representantes del departamento de la confederación sindical Uil que se ocupa de trabajadores en el sector de la seguridad, de la defensa y del rescate público. «La igualdad, la solidaridad y el respeto de la dignidad de cada persona -afirman- representan los puntos clave del perímetro de valores éticos del ámbito de la acción sindical» y esto es la policía penitenciaria, los bomberos y otros sectores.

Entre los presentes, John Boxall, desde hace veinticinco años alcalde de la ciudad Vittoriosa, en Malta, acompañado por el consejo municipal ciudadano.

Y un grupo de peregrinos venidos desde la República Checa, con ocasión de la visita ad limina Apostolorum de sus obispos. Son laicos comprometidos con la Iglesia que han colaborado, en particular, «con la preparación y en la realización de las celebraciones por el 1100º aniversario de la muerte de la mártir Ludmilla —prima santa de Bohemia y abuela del príncipe san Venceslao— concluida con la solemne peregrinación nacional en Tetín, cercan de Praga, el pasado 18 de septiembre, presidida, como enviado especial del Papa, por el cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Vienna».

Giampaolo Mattei