· Ciudad del Vaticano ·

Caminos

El camino de siempre hacia una vida nueva

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02 octubre 2021

Las religiosas se inventan el trabajo y encuentran nuevos ingresos


La hermana Rosamaría dirige dos elegantes hoteles en la isla de Ortigia, el antiguo corazón de la ciudad siciliana de Siracusa. Ambos edificios, con un centro de bienestar, son propiedad de las Hermanas Ursulinas de la Sagrada Familia. “Tuvimos que inventarnos un trabajo, así que seguimos la tradición turística del territorio”, explica la monja que a mediados de los noventa ya veía claro este camino empresarial siguiendo el espíritu, dice, de la fundadora sor Angela Merici: “Mantente en el camino de siempre, pero haz una vida nueva”.

El primer hotel, Domus Mariae, fue anteriormente un albergue. La renovación de 1995 le confirió un aspecto totalmente nuevo. En 2008, los ingresos obtenidos también permitieron renovar el edificio de enfrente, Palazzo Interlandi, una residencia noble del siglo XIV que estaba en mal estado y que ahora es la casa de vacaciones Domus Mariae Benessere, con spa incluido. La hermana Rosamaría gestiona todo dando así buen uso a su licenciatura en Economía y Comercio en Bocconi en Milán.

“Conozco las críticas de quienes piensan que queremos ganar dinero”, comenta. “Ofrecemos precios de 3 estrellas por un servicio de 5 estrellas. Apenas podemos cubrir los costes operativos y los impuestos, ya que el Estado nos trata como si fuéramos una gran cadena hotelera, pero este no es el caso. Nuestra intención no es solo hacer negocio. Somos un servicio a la comunidad con instalaciones como los hoteles-clínica”. Los sacerdotes que quieran quedarse reciben un gran descuento en el alojamiento y también las familias en dificultad o con discapacitados pueden pasar unos días de relax a un precio muy asequible. Sor Rosamaría trabaja muchas veces como recepcionista para ahorrar gastos: “Mis tres hermanas tienen noventa años, me ayudan con la oración”, sonríe. “Todas las ganancias se destinan al fondo común de la familia religiosa que ayuda económicamente a las hermanas según sus necesidades”. La satisfacción son las críticas positivas en Booking: “No recibimos ningún salario ni ayuda del Vaticano. Tenemos que arreglárnoslas”.

Las hermanas se han convertido en gerentes o empresarias por necesidad. Como las Clarisas de Arundel, en Sussex que el invierno pasado grabaron un álbum de música religiosa y música electrónica que llegó al quinto puesto de la lista británica.

Porque las religiosas tienen que vivir y están aprendiendo a manejar las herramientas de la venta online. En Francia, las monjas benedictinas de la abadía de Saint-Vincent en Chantelle producen cremas y lociones con una facturación de 1,2 millones de euros destinados íntegramente a la renovación de edificios antiguos. Sus monasterios han creado una marca que une los productos de frailes y monjas llamada Made in Abbeys. En España, la web declausura.org vende cervezas, mermeladas, cremas artesanales, barquillos o incluso capones elaborados específicamente para Navidad. En Estados Unidos, en Flint (Michigan), las monjas de la orden de Predicadores han iniciado la producción de ropa de trabajo para hospitales que confeccionan mujeres en dificultad. Debido a que carecían de habilidades gerenciales y comerciales, aceptaron la ayuda de los estudiantes de economía de la universidad local.

Sin embargo, el negocio no siempre va bien y los beneficios pueden ser escasos. Es duro, pero es lo que sucede en todo el mundo donde las religiosas dan rienda suelta a su creatividad para mantener sus congregaciones.

“No tenemos nada nuestro”, especifica sor Elisabetta de las Hermanas Obreras de la Santa Casa de Nazaret, que por carisma ha optado por trabajar en una empresa de Padua. Todo el salario se ingresa en la cuenta de la comunidad compuesta por cinco religiosas. “Si quiero darle un regalo de bodas a un colega, tengo que compartir la decisión con mi comunidad y si recibo regalos de mi familia, pasa lo mismo”, dice la hermana Elisabetta. Esto también se aplica a las herencias familiares. Según el Derecho canónico, si una religiosa recibe una propiedad de sus padres fallecidos, la propiedad pasa a ser propiedad de la congregación.

“En nuestro caso ocurre muy raramente”, comenta sor Agnese del monasterio carmelita de Carpineto Romano, a pocos kilómetros de Roma, donde la obra principal es la confección de los escapularios, una tradición que aún persiste pero que da poco dinero. “Hagamos los cálculos rápidamente”, dice la hermana Agnese: “Logramos producir algunos miles de escapularios al año que vendemos a 50 céntimos cada uno para ofrecer un precio atractivo. Eso nos deja un margen de beneficio de unos pocos cientos de euros”. El trabajo artesanal de las quince monjas que residen actualmente en Carpineto Romano también incluye la creación de escapularios pintados en oro, la confección de estolas y casullas, manteles para misa tanto en pintura como en oro, recuerdos de bautizos o confirmaciones, rosarios, marcapáginas y marcos. Tienen tienda online y atienden pedidos del extranjero. Durante 4 horas al día se encargan del negocio para dedicar el resto del tiempo a la oración y la gestión del monasterio. Sin embargo, la facturación es tan escasa que, para sobrevivir, las monjas necesitan la comida que les proporciona Cáritas o han aceptar donaciones de sus familiares. Tampoco son muy altos los ingresos de los huéspedes del monasterio donde se realizan retiros espirituales. Las hermanas solo piden la voluntad.

Otra práctica de las congregaciones son las donaciones a cambio de oraciones. Las hermanas salesianas de Haledon, Nueva Jersey, piden ayuda económica para las monjas ancianas que necesitan cuidados costosos. El programa se llama Adopt a sister (adopta una hermana): “Como muestra de agradecimiento por tu fe y amistad, la monja que adoptes rezará por ti todos los días durante un año”, asegura la congregación. “Pero lo que realmente nos ayuda es la Providencia”, concluye la hermana Agnese.

de Laura Eduati