· Ciudad del Vaticano ·

Pedro y su vacuna contra el virus del negacionismo excluyente

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23 julio 2021

“Lo que Dios ha purificado, tu no lo llames impuro” (Hechos 10,15)

En los primeros años que siguieron a Pentecostés, la salud del incipiente movimiento cristiano de mano de los apóstoles estaba amenazado por el virus del fundamentalismo judaizante. Se trataba de una variante del mismo germen que había cegado los ojos de los lideres religiosos que no quisieron ver el cumplimiento de las promesas mesiánicas en Jesús. Ese germen que provocó el juicio y la sentencia de muerte del Mesías, se había mutado luego de su resurrección y ascensión. La amenaza de la pandemia del odio anti cristiano había devenido en la variante judaizante que había ingresado aún dentro del cuerpo de Cristo. Esta amenaza fue de tal magnitud que a poco estuvo de provocar el primer sisma dentro de la Iglesia. Ruptura que fue sofocada bajo la guía del Espíritu Santo en el Concilio de Jerusalén (Hechos 15). En dicho encuentro conciliar, hubo un testimonio sumamente importante que provocó un giro definitivo y sanador para la unidad eclesial amenazada. ¡Pedro ya se había vacunado contra el virus del integrismo judaizante! Que nada menos que San Pedro llegue a ese Concilio con los anticuerpos necesarios para testificar a favor de la salud inclusiva y extensiva del reino de Cristo, fue un remedio fundamental para frenar la pandemia de la exclusión. Pedro tuvo que ser convencido por Dios mismo de ser el primero en inocularse con la vacuna que salvara a la comunidad de fe de la pandemia del fundamentalismo. Debía recibir en su propio cuerpo los antídotos que permitiesen que la naciente Iglesia no ingresara a la sala de cuidados intensivos. Las voz de Pedro en el Concilio debía ser exalada por el oxígeno del Espíritu de unidad que aleje las obstrucciones pulmonares de los negacioncitas de una nueva era en el pueblo de Dios.

El hecho sucede estando Pedro en oración en la azote a de su lugar de residencia. Las sábanas de la medicina de la inclusión de la iglesia se les aparecen visibles aunque algo extrañas. Al principio Pedro se niega a permitir que su contenido ingrese a su cuerpo pretendiendo dar lecciones de santidad ante la sanidad divina “¡De ninguna manera, Señor! Jamás he comido nada profano” (Hechos 10,14). La respuesta de Dios encabeza estas líneas “Lo que Dios ha purificado, tu no lo llames impuro” (Hechos 10,15). Tres dosis de esta medicina tuvo que recibir Pedro para comprender cabalmente la importancia de esta purificación corporal. Mientras reflexionaba en esto, tres hombres a modo de enfermeros ambulantes le llevarán al centro de vacunación, la casa de Cornelio en Cesarea (Hechos 10, 19-22). Luego de comprender frente a toda la familia de Cornelio que “Dios me ha hecho ver que a nadie debo llamar impuro o inmundo” (Hechos 10, 28), los bautiza como el símbolo visible de la sanidad eucarística universal. Luego, ante los esperables ataques de los protectores de un purismo religioso ajeno al mover de Dios en la historia humana, Pedro luego de relatar su historia personal, simplemente les dijo “¿Quién soy yo para pretender estorbar a Dios?” (Hechos 11,17)

Lamentablemente en la actualidad, algunos referentes fundamentalistas e integristas de la fe cristiana de diversas confesiones, están inoculando en muchos hermanos alrededor del mundo un sentimiento contrario a la vacunación contra el Covid-19. Basados en algunos prejuicios seudocientíficos, literalismos del texto bíblico, ideologización de la ciencia y cerrados dogmas de fe, han influido para evitar la vacunación masiva. Sin embargo, y gracias a Dios, la inmensa mayoría de líderes y referentes cristianos han defendido, ayudado, colaborado y dando el ejemplo personal de la eficacia de las vacunas disponibles contra la pandemia. El Papa Francisco, fue uno de los primero en dar el ejemplo. No solamente recibiendo la vacuna, sino proveyendo a la Ciudad del Vaticano de las dosis necesarias para la vacunación masiva. Es más, dio prioridad a la vacunación de los pobres, los marginados y las personas que viven en situación de calle dentro de ese estado vaticano. Sus gestos, también fueron acompañados por palabras, como las siguientes: “Es digno de elogio la ardua labor de los médicos, enfermeros, personal sanitario, capellanes y voluntarios, que, en esos difíciles momentos, además de tratar a los enfermos, con riesgo de sus vidas, han sido para ellos el familiar y el amigo que les faltaba. Al reconocer los esfuerzos en la búsqueda de una vacuna efectiva para el Covid-19 en tan breve tiempo, deseo reiterar que la inmunización extensiva debería ser considerada como un “bien común universal”, noción que requiere acciones concretas que inspiren todo el proceso de investigación, producción y distribución de las vacunas. Al reconocer los esfuerzos en la búsqueda de una vacuna efectiva para el Covid-19 en tan breve tiempo, deseo reiterar que la inmunización extensiva debería ser considerada como un “bien común universal”, noción que requiere acciones concretas que inspiren todo el proceso de investigación, producción y distribución de las vacunas”1

Son tiempos de comprender que si deseamos extender el don de la vida y la salud de los pueblos, los referentes de la fe cristiana, deben promover de todas las maneras posibles la importancia de la vacunación contra el Covid19 y el acceso universal de ellas. La tan nombrada “inmunidad de rebaño” se dará cuando todas las ovejas caminen tranquilas hacia los delicados pastos de la salud en medio de tanto valle de muerte (Salmo 23). Que el ejemplo de San Pedro, al igual que el mencionado del Santo Padre, sean un aliento para que pronto esto sea una realidad.

1 Carta del Santo Padre Francisco en ocasión de la XXVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno – 21 de abril de 2021

Marcelo Figueroa