En el Islam

No rendirse, señal de fe

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03 julio 2021

El camino de Agar es ahora parte de la peregrinación a La Meca


¿Puede coincidir la rebelión de una mujer con un espíritu profético capaz de predecir y escribir el futuro? Muchas veces las religiones solicitan obediencia, sumisión y silencio, especialmente de parte de las mujeres, pero aquí estamos hablando de mujeres que responden a dos adjetivos, profético y rebelde.

En realidad, rebelarse es la mitad de la fe, según la fórmula suprema propuesta por el islam, la ilaha ill Allah, no hay más dios que Alá. Para realizar la fe, primero se pide el rechazo, la negación y la batalla contra todo lo que crea ídolos por dentro y por fuera con el fin de ser auténticamente creyentes en un solo Dios.

Presentamos cinco figuras de mujeres rebeldes y proféticas en la historia y tradición islámicas.

La primera es la madre del profeta Moisés. El Corán cuenta la historia de una madre mansa llena de amor por su hijo destinado a ser asesinado. No se dejó llevar y rezó y lloró, sí, pero no se rindió. ¡Se rebeló porque se le ofreció confiar en un proyecto aparentemente contra la razón misma! De hecho, de su Señor recibió un camino de salvación para su hijo que iba en contra de la lógica del mundo: “Alimenta a tu hijo y cuando temas por su vida tíralo al río” (Corán 28, 7). Una fe grande y auténtica llevó a la madre de Moisés a cumplir un gesto extremo, así que, aceptó la propuesta y confió en la Voz. Verdadera rebelde contra un destino de muerte e injusticia, el Corán le reserva un verbo que se refiere a los profetas mayores, Awhayna: “Hemos revelado a la madre de Moisés lo que tenía que hacer” [ibidem].

Otra gran rebelde mencionada en el Corán es la esposa del faraón, el hombre más poderoso de su tiempo. Rebelarse contra él era inconcebible para cualquiera, y en cambio lo hizo una mujer, su esposa. Lo tenía todo y podía seguir disfrutando de las riquezas del mundo, pero eligió defender a Moisés en favor de los oprimidos (Corán 66, 11-16). Según el Corán, ella es un ejemplo y su rebelión es un auténtico acto religioso.

La tercera rebelde de gestos proféticos es Agar, abandonada por el profeta Abraham. En su situación, cualquiera hubiera perdido la fe y la esperanza, pero esta mujer maravillosa no se detuvo ni ante el abandono del mismo Dios. Luchó contra la desesperación, traspasó los límites y corrió en busca de agua para su hijo Ismael, sediento y abandonado junto a ella en una tierra árida. Según la tradición islámica, Agar corrió entre las dos colinas de Safa y Marwa, entonces deshabitadas, siete veces. Reconociendo su valor, el Dios de la vida derramó agua bajo los pies de su hijo salvando así a ambos. Los musulmanes de todos los rincones de la Tierra que viajan a La Meca para realizar el rito de la gran peregrinación están llamados a imitar los pasos de esta mujer como parte integral del solemne rito religioso (Corán 2, 158) que recorre siete veces las dos colinas hoy conectadas por un pasillo cubierto y a beber la misma agua que aún brota hoy.

La cuarta mujer es Khadija, la rica comerciante de La Meca que se convirtió en la amada esposa del profeta Mahoma gracias a su rebelión contra las costumbres de la época ya que fue ella quien pide la mano del joven Mahoma. 15 años mayor que él y separada con hijos, se enamoró de su joven empleado y afrontó valientemente el juicio de la gente desafiando a todos. Pero su verdadera batalla y auténtica rebelión fue creer y apoyar a su marido y su mensaje profético contra los corruptos y poderosos de la sociedad, en defensa de los oprimidos y de los últimos. Para ello, puso su patrimonio a disposición de este proyecto monoteísta. Y así es como toma el título honorífico de Khadija al Kubra, la más grande

La quinta rebelde profética, madre de sabiduría, fe y coraje, no es otra que María. Ella comenzó la batalla y la búsqueda del bien y la luz desde una edad temprana, según el relato coránico (Corán 19, 16). En el capítulo veintiuno titulado Los Profetas, tras la narración de la vida de unos quince de ellos, aparece el nombre de María, como la flor de los profetas.

Mihrab, de la raíz harb, se traduce como “lugar de batalla”. Hoy en día, el lugar dentro de la mezquita que ocupa el imán que dirige la oración se llama Mihrab. Para subrayar este aspecto combativo de María, el Corán menciona la palabra mihrab solo una vez y esta única vez se refiere a ella (Corán 3,37). Muy significativo porque María no es la mujer sumisa en silencio pasivo, sino una verdadera luchadora contra toda ignorancia e injusticia, que cree más allá de todos los límites y fronteras. La batalla contra la oscuridad es necesaria para el cumplimiento del plan de Dios para el hombre, para convertirse en seres humanos iluminados y realizados como María (Corán 66,12).

de Shahrzad Houshmand Zadeh