· Ciudad del Vaticano ·

Escrituras

Miriam, vida y destino

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03 julio 2021

En el origen del nombre, las palabras “amargura” y “rebelión”


Las Escrituras de Israel mencionan a cinco mujeres “profetas”: Miriam (Éxodo 15, 20), Débora (Jueces 4, 4), Culda (2 Reyes 22, 14; 2 Crónicas 34, 22), la madre del hijo de Isaías (Isaías 8, 3) y Noadia (Nehemías 6, 14). Joel 3, 1-2 y Ezequiel 13, 17 mencionan mujeres que profetizan y el Talmud, un compendio hebreo post bíblico, añade Sarah, Ana, Abigail y Esther. El Nuevo Testamento describe a varias mujeres que profetizan, entre ellas Ana (Lucas 2, 36-37), las cuatro hijas de Felipe (Hechos 21, 9) y algunas mujeres de la congregación de Corinto (1 Corintios 11, 5).

Los profetas bíblicos transmiten mensajes de justicia, es decir, ofrecen una idea de lo que debería y podría ser. A menudo desafían el statu quo. Cuando hay resistencia, muestran convicción y valor.

Miriam es el modelo de profetisa. Aunque se desconoce el origen de su nombre, la tradición judía ofrece dos lecturas. En primer lugar, podría derivar de la palabra hebrea que expresa la amargura y, por lo tanto, reflejar el nacimiento en esclavitud de Miriam (Éxodo 1, 14). Pero también podría provenir de la palabra hebrea que significa “rebelión”.

Según Éxodo 2, el faraón, señor de Egipto, ordenó ahogar a todos los niños varones nacidos de esclavos judíos. Una madre judía colocó entonces a su hijo en una canasta en el Nilo con la esperanza de que un egipcio lo salvara. La hija del faraón vio al niño, dedujo que era israelita y, desafiando las órdenes de su padre, decidió criarlo. Fue entonces cuando la hermana del bebé, identificada más tarde con Miriam, aseguró: “¿Quieres que yo vaya y llame una nodriza de entre las hebreas para que te críe este niño?” (Éxodo 2, 7). Miriam, la esclava judía, protegió a su hermano y, en consecuencia, a su pueblo.

Cuando los israelitas finalmente escaparon de la esclavitud, Moisés y los israelitas cantaron una canción que exalta la salvación de Dios (Éxodo 15, 1). Sin embargo, Éxodo 15, 20-21 dice: “María, la profetisa, hermana de Aarón tomó en sus manos un tímpano y todas las mujeres la seguían con tímpanos y danzando en coro. Y María les entonaba el estribillo: Cantad (masculino plural) a Yahveh pues se cubrió de gloria arrojando en el mar caballos y carros”.

Además de las mujeres, Miriam animó a los hombres a cantar también. Además, dado que mujeres como Débora (Jueces 5), Ana (1 Samuel 2, 1-10) y Judit (Judit 16) celebraron la victoria con cánticos, es probable que María compusiera el Cántico de Moisés original.

Finalmente, Miriam incluso desafió a Moisés. “María y Aarón murmuraron contra Moisés por causa de la mujer kusita que había tomado por esposa: por haberse casado con una kusita”. (Números 12, 1). En este versículo se menciona a Miriam antes que a su hermano, el sacerdote Aarón, y además el verbo hebreo traducido como “habló” está en singular femenino. Cuando la sintaxis hebrea usa la forma femenina singular del verbo para un sujeto compuesto mixto (por ejemplo, Génesis 33, 7), el énfasis se pone en la mujer.

La queja de Miriam no estaba dirigida contra un matrimonio mixto con una mujer kusita (un término que probablemente indica Etiopía; la antigua paráfrasis aramea hebrea de este versículo equipara “cusita” a “hermosa”). Más bien, Miriam habla en nombre de esta esposa, ya que Moisés, que permanece ritualmente puro debido a su frecuente contacto con lo divino, no es un buen esposo. Cuando ella (y Aarón) preguntan: “¿Es que Yahveh no ha hablado más que con Moisés? ¿No ha hablado también con nosotros?” (Números 12, 2). La respuesta es “sí, Él también habló a través de vosotros”. Dios envía la lepra a Miriam por haber desafiado la autoridad de Moisés, pero los israelitas esperan a que ella sea sanada antes de continuar su viaje. El profeta Miqueas (6, 4) afirma que Dios envió a “Moisés, Aarón y Miriam” para guiar al pueblo.

Más de un milenio después, otra Miriam protegió a un niño, desafió a la autoridad y celebró la victoria de Dios. Lucas 1:27 identifica “una virgen, desposada con un hombre (...) llamado José”. El nombre de la virgen era Mariam, una traducción griega del hebreo Miriam.

El nombre recuerda a esa otra Miriam que sacó a su pueblo de la esclavitud. También recuerda a Mariamne, la esposa asmodea de Herodes el Grande, que representaba al gobierno judío en lugar del romano. Cuando Mariam canta “ha puesto los ojos en la humildad de su esclava” (en griego: doule; Lucas 1:48) recordamos a Miriam y a su pueblo, esclavos en Egipto. Cuando Mariam proclama “derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes” (Lc 1, 52) recordamos el éxodo. Miriam y su tocaya Mariam son profetisas cuyas palabras y hechos resisten contra cualquier cosa que impida prosperar a los hombres.  

de Amy-Jill Levine