· Ciudad del Vaticano ·

Protagonistas

El bien de todos y de cada uno

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30 abril 2021

La receta de Charlotte Kreuter-Kirchhof


No es ningún secreto que el Papa Francisco cuenta con mujeres para las cuestiones económicas. Sus nombramientos de los últimos meses así lo confirman. La alemana Charlotte Kreuter-Kirchhof es una de las seis mujeres que forman parte, desde agosto de 2020, del Consejo de Economía creado por el Pontífice seis años antes con el objetivo de supervisar las estructuras y actividades administrativas y financieras de la Santa Sede y del Vaticano.

La profesora Kreuter-Kirchhof enseña Derecho Público nacional e internacional en la Universidad Heinrich-Heine de Dusseldorf. Le hemos preguntado si existe “una economía femenina” o al menos una mirada femenina sobre la economía y, de ser así, en qué se diferencia de la mirada masculina, que hasta ahora ha dominado el mundo de la economía. ¿Una experiencia diferente?, ¿más atención a las necesidades del otro?, ¿apertura al cambio?

Explica que, como cristiana, está “profundamente convencida de que cada persona fue creada a imagen de Dios, imago Dei, y que a cada persona se le ha asignado su propia individualidad. Y esto es lo que nos diferencia unos de otros. Dones y talentos, capacidades y carismas son únicos en cada ser humano y esta multiplicidad es un don de Dios. Por eso, una economía sin mujeres carecería de la mitad de su potencial y sería aún más pobre. Necesitamos una economía inclusiva en la que todos puedan participar. En mi opinión, es más importante tomar conciencia de este hecho que preguntarse si una economía femenina es diferente a una economía masculina. Por lo tanto, respondería “sí” a la pregunta, pero advertiría contra los estereotipos. Son los objetivos la cuestión determinante. Debemos preguntarnos si nuestra economía se basa en la libertad y la responsabilidad de las personas. Si se esfuerza por lograr un desarrollo sostenible. Si se orienta únicamente al máximo beneficio o si también persigue resultados sociales y ecológicos. Estas son las preguntas fundamentales para mí”.

Sin embargo, ¿es cierto que las mujeres pueden aportar un valor añadido significativo, por ejemplo, para encontrar modelos de negocio más creativos, inclusivos y cooperativos?

El mundo empresarial reconoce desde hace mucho tiempo que no puede prescindir de las habilidades, los conocimientos y la creatividad de las mujeres. Y esto también es así para la Iglesia, cada vez más. Si se integran diferentes visiones y perspectivas en los procesos de toma de decisiones, el resultado son decisiones mejores y duraderas para la economía y la sociedad. Hoy en día, muchas empresas ven la diversidad como una oportunidad. Se ha concluido que, cuando son equipos inclusivos los que promueven la innovación, el resultado es más satisfactorio. La contribución de las mujeres en este contexto, con sus experiencias y peculiaridades específicas, es central para una economía que quiere lograr resultados.

El Papa Francisco instó a los jóvenes economistas y empresarios a promover un proceso de cambio global. En su opinión, la economía debe combinar la eficiencia con la sostenibilidad ambiental y rechazar la lógica de maximizar las ganancias. ¿Es posible asociar mercado y caridad?

Este sueño del Santo Padre se refleja en los 17 objetivos de desarrollo sostenible firmados en 2015 por los países miembros de las Naciones Unidas con el fin de alcanzar un adecuado equilibrio entre las necesidades económicas, ecológicas y sociales. En lugar de la mayor ganancia individual posible, el Programa de las Naciones Unidas fija una serie de objetivos sociales, ecológicos y económicos. En el mundo, deben combatirse el hambre y la pobreza, deben construirse sistemas de salud funcionales y debe ofrecerse a todos el acceso a la educación. Debe lograrse la igualdad de género y debe ponerse a disposición de todos el agua potable y la energía limpia y sostenible. Se debe proteger el clima de la Tierra y preservar la biodiversidad. Este gran concepto de desarrollo sostenible concierne a todas las naciones del mundo. En Alemania, conocemos la “economía social de mercado” desde hace muchos años. La libre competencia en los mercados está condicionada a la salvaguardia del progreso social.

Siempre he sido escéptica respecto a un mercado sin restricciones. El mercado se puede regular y vincular a un buen sistema social. La libertad y la responsabilidad de las personas promueven la innovación al contribuir al crecimiento. Al mismo tiempo, se necesita una red social confiable. Y, sobre todo, en este tiempo de pandemia no se puede renunciar a la voz de la Iglesia que pide justicia en todo el mundo. El desarrollo sostenible trasciende las fronteras de las naciones.

Hablemos ahora de la Iglesia, donde hay un gran retraso en cuanto a la participación de las mujeres en los procesos de toma de decisión o su presencia en puestos de gestión. ¿Cómo vive esta situación y qué sugeriría?

En 2013, los obispos alemanes decidieron aumentar el número de mujeres en puestos de liderazgo. Hildegardis-Verein, una asociación de mujeres católicas que presido, ha asumido la tarea de apoyar a la Conferencia Episcopal Alemana en este propósito. Hemos desarrollado un programa de mentoría, Kirche im Mentoring - Frauen steigen auf (Mentoría en la Iglesia, las mujeres en primer plano). Desde 2015, más de cien candidatas han completado con éxito nuestro programa. Las mujeres que poseen el potencial requerido y que desean asumir un rol de liderazgo en la Iglesia son acompañadas durante un año por un mentor, mujer u hombre de probada experiencia, que ya tiene un rol de liderazgo en la Iglesia. Es el primer, y hasta donde yo sé, el único programa de este tipo en toda la Iglesia Católica. Funciona con la fuerza del ejemplo y es un camino que la Iglesia debería emprender enérgicamente.

Ha dicho que el futuro de la Iglesia está íntimamente ligado a las tareas que se les encomienden a las mujeres. ¿Qué quiere decir exactamente?

El futuro de la Iglesia está en el anuncio del Evangelio y en la celebración de los sacramentos. Para cumplir con este cargo, la Iglesia no puede renunciar a las habilidades y al carisma de la mujer. Cada vez más, vemos a mujeres asumiendo puestos directivos. Recientemente, los obispos alemanes eligieron a Beate Gilles como secretaria general de la Conferencia Episcopal, una función de liderazgo principal. Otras mujeres en Alemania ahora ocupan cargos ejecutivos en muchas diócesis. Por ejemplo, Stephanie Herrmann, que encabeza el Ordinariato de la Archidiócesis de Munich-Freising como codirectora del vicario general. Las formas y estructuras compartidas de liderazgo y las responsabilidades compartidas en la toma de decisiones ofrecen grandes oportunidades a la Iglesia. Debemos aplicar este modelo en el futuro y en los distintos niveles de la vida eclesiástica, tanto en las comunidades como en las diócesis. Y, de hecho, en el Consejo de Economía del Vaticano, nuestra Iglesia también se ha confiado a la experiencia y las sugerencias de las mujeres. En todos estos lugares, notamos que las decisiones compartidas por hombres y mujeres, por religiosos y laicos, refuerzan el anuncio y mandato que Jesucristo nos ha dado.

El Papa Francisco designa cada vez a más mujeres para puestos directivos. Pero para muchas católicas todavía no es suficiente. En su opinión, ¿qué falta?, ¿qué sería lo más urgente que abordar?

La historia de la Iglesia es también una historia de llamadas. El Señor llama al ser humano, lo invita a seguirlo. Cada uno debe poder seguir su propia llamada para que todas las vocaciones, todos los carismas, se realicen en la Iglesia. Tengo la impresión de que el Santo Padre siente que la Iglesia se priva a sí misma de un enorme potencial de dones y aptitudes si no se abre seriamente a las vocaciones femeninas y si no responde a sus disposiciones. Debemos encontrar en nuestra Iglesia los caminos que permitan a todos los creyentes participar en los procesos de toma de decisiones que requieren transparencia y control y fortalecer la sinodalidad.

de Romilda Ferrauto