· Ciudad del Vaticano ·

El Papa por el cincuentenario del doctorado de Teresa de Ávila

Amiga, compañera y guía

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13 abril 2021

A pesar de que han pasado cinco siglos desde la existencia terrena de santa Teresa de Ávila, «la llama que Jesús encendió» en ella sigue «brillando en este mundo siempre necesitado de testigos valientes, capaces de romper cualquier muralla, sea física, existencial o cultural». Lo escribe el Papa en una carta con fecha del 19 de marzo y dirigida al obispo de Ávila, monseñor José María Gil Tamayo, con ocasión del congreso internacional — que se celebra del 12 al 15 de abril, en la Universidad católica de la ciudad castellana — por los cincuenta años de la proclamación de la santa como doctora de la Iglesia.

En el texto el Pontífice recuerda las palabras de san Pablo VI, que definió Teresa como «una mujer excepcional». Y «su arrojo, su inteligencia, su tenacidad, a los que unió la sensibilidad para lo bello y una maternidad espiritual hacia todos aquellos que se aproximaban a su obra – observa Francisco – son un ejemplo eximio del papel extraordinario que la mujer ha ejercido a lo que largo de la historia en la Iglesia y en la sociedad». La santa de Ávila, añade el Pontífice, «nos sigue hablando hoy a través de sus escritos y su mensaje está abierto a todos», para que «al conocerlo y contemplarlo nos dejemos seducir por la belleza y la palabra y por la verdad del contenido», y pueda hacer brotar «dentro el deseo de avanzar en el camino hacia la perfección». Por otro lado, su ejemplo no es solo para aquellos hermanos y hermanas nuestros que «sienten la llamada a la vida religiosa, sino para todos los que desean progresar en el camino de purificación de toda mundanidad».

En este año jubilar dedicado a san José, el Pontífice recuerda en conclusión la gran devoción que Teresa tenía por el patrón de la Iglesia universal: «Lo tomó como maestro, abogado e intercesor», y «a él se encomendaba, teniendo la certeza de que recibiría las gracias que le pedía».