· Ciudad del Vaticano ·

Un libro para revivir la Statio Orbis del 27 marzo de 2020
Ese coloquio con el Papa Francisco

Recuerdos de una oración
que unió al mundo

cq5dam.thumbnail.cropped.500.281.jpeg
26 marzo 2021

27 de marzo de 2020.  En una plaza de San Pedro desierta, el Papa Francisco recogía en torno a sí, para un momento extraordinario de oración, al mundo entero conmocionado por la pandemia. Imágenes poderosas y dramáticas que alcanzaron a millones de personas a través de la televisión, teléfonos y ordenadores. En el aniversario de ese “abrazo”, el Dicasterio para la comunicación ha editado un libro que recorre las etapas de un recorrido marcado por lutos y sufrimientos, pero también por la solidaridad y la esperanza: ¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe? Statio Orbis 27 de marzo de 2020 (Ciudad del Vaticano - Milán, Libreria Editrice Vaticana - Piemme, 2021, 160 páginas, 14,90 euros). Un recorrido que ha mostrado, una vez más, al Pontífice como padre atento y guía para todos, creyentes y no creyentes. Las páginas del volumen recogen las imágenes más sugerentes de aquella noche junto a una selección de oraciones, homilías, mensajes con los cuales el Papa ha indicado el camino para afrontar los sufrimientos y mirar al futuro con un espíritu de fraternidad y compartir. Entre los contenidos, junto a una prefación escrita por monseñor Guido Marini, Maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias, y a una introducción del prefecto del Dicasterio para la comunicación, Paolo Ruffini, también el relato — que publicamos a continuación — de un coloquio en el cual el mismo Papa Francisco revive la emoción de aquella oración.

El Papa acaba de terminar una de las audiencias de los miércoles.

Se recoge en silencio y mira las imágenes del 27 de marzo reviviendo lo ocurrido ese viernes de Cuaresma. Vuelve sobre las etapas de la Statio Orbis celebrada en la Plaza de San Pedro vacía, bajo la lluvia, con las oraciones interrumpidas por el sonido de las sirenas, para él es una experiencia que va más allá del simple recuerdo. La actitud de oración aflora de nuevo en su rostro.

Le preguntamos qué sintió mientras, en silencio, subía hacia el atrio de la Basílica:

«Caminaba así, solo, pensando en la soledad de tanta gente... un pensamiento inclusivo, un pensamiento con la cabeza y el corazón, juntos... Sentía todo esto y caminaba...».

El mundo miraba al obispo de Roma y rezaba con él, en silencio.

Veía al Papa como intercesor entre Dios y nosotros, su pueblo. Le preguntamos a Francisco

que le dijo a Dios en esos momentos:

«Vos sabes de esto, ya en el año 1500 resolviste una situación como esta, “meté mano”.1

Esta expresión “meté mano” es muy mía. Muchas veces digo en la oración: “¡Meté mano, por favor!”».

Los ojos del Papa se detienen en la Plaza de San Pedro vacía.

Le preguntamos qué pensó en ese momento, cuáles fueron sus pensamientos sobre el pueblo y el sufrimiento de tanta gente:

«Me vinieron a la mente dos cosas: la Plaza vacía, la gente unida en la distancia, ... y de este lado, la barca de migrantes, ese monumento... Y estamos todos en la barca, y en esta barca no sabemos cuántos podrán desembarcar ... Todo un drama ante la barca, la peste, la soledad... en silencio...».

La barca se menciona en el Evangelio de Marcos que se leyó esa noche. Y está presente en la Plaza, representada en el monumento que rinde homenaje a los migrantes. Por eso de vez en cuando los ojos del Obispo de Roma se volvían hacia la columnata de la derecha, hacia ese monumento apenas distinguible en la oscuridad.

«La barca!...», repite casi susurrando el Papa.

Le preguntamos en quién pensaba en particular en esos momentos, a quién sentía más necesitado, quién confió al Señor en la oración. Responde de nuevo en voz baja:

«Todo estaba unido: el pueblo, la barca y el dolor de todos...».

¿Qué fue lo que sostuvo al Papa?

¿Qué le dio fuerza y la esperanza en ese momento tan intenso y dramático?

Francisco permanece en silencio unos momentos, mirando esta foto:

«Besar los pies del Crucificado siempre da esperanza. Él sabe lo que significa caminar y conoce la cuarentena porque allí le pusieron dos clavos para mantenerlo quieto. Los pies de Jesús son una brújula en la vida de las personas, cuando caminan y cuando se detienen. Los pies del Señor me conmueven mucho...».

Las imágenes pasan lentamente.

Una lo retrata con vestiduras litúrgicas en el atrio de la Basílica. En el piso hay una gran inscripción, 11 de octubre de 1962. Se lo señalamos. Inmediatamente exclama:

«¡Era el inicio del Concilio!».

Añadimos al recuerdo la cita del famoso “Discurso de la Luna” de Juan XXIII que inesperadamente se asomó a la ventana de su estudio para bendecir a una gran multitud de fieles con antorchas y dijo: «Llevad la caricia del Papa a vuestros hijos».2

Francisco escucha en silencio...

«En ese momento no la vi…».

Es una coincidencia... como para significar que había que llevar una nueva caricia del Papa

a casa, a cada casa, dentro del sufrimiento y la soledad de familias aisladas, a los pabellones de hospitales donde los enfermos subían su Calvario sin la cercanía y el consuelo de sus seres queridos.

Con un movimiento de la cabeza asiente «Sí… sí…».

Le pedimos reanudar el flujo de los recuerdos, volver a esos momentos viendo las imágenes.

«Ahí, estaba rezando ante el Señor...

Una oración de intercesión ante Dios...».

Llama la atención la ausencia de gente en la Plaza desoladamente vacía.

Tan diferente de todas las demás ocasiones, de todas las demás celebraciones. Pero el Papa ¿sentía la presencia de los fieles, de los creyentes y de los no creyentes? ¿Sentía que muchas personas en ese momento estaban conectadas con el sucesor de Pedro y entre ellos a través de los medios de comunicación?

«Estaba en contacto con la gente. No he estado solo, en ningún momento...».

Pero sobre la Plaza vacía, dice:

«…era muy impresionante».

La Statio Orbis tan desnuda, desprovista de todo.

Sin la presencia del pueblo de Dios, pero con presencias significativas.

Le preguntamos cómo la vivió:

«Sereno… Estaba la Virgen...

Lo pedí yo que estuviera la Virgen, la Salus Populi Romani, quería que estuviera... Y el Cristo... el Cristo Milagroso...».

Hay quienes han dicho y escrito que el 27 de marzo es un evento destinado a permanecer en la historia y en la memoria de todos. El Papa cierra el libro de la memoria y concluye:

«Fue algo original...

Todo empezó con un pobre capellán de prisión...».

De Lucio Adrián Ruiz