· Ciudad del Vaticano ·

Frente a la devastación ambiental dejada por guerras y terrorismo

Los jóvenes iraquíes
reivindican su futuro

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09 marzo 2021

Las consecuencias de las acciones humanas se extienden en el espacio y en el tiempo. El Papa Francisco ha comprendido más que nadie la radicalidad del cambio de época que Oriente Medio está viviendo. Los jóvenes de los pueblos cristianos que llegaron a Qaraqosh para dar su bienvenida al Papa Francisco, quieren realmente pasar página. «El Papa nos ha regalado una nueva perspectiva desde la que mirar al mundo. Y esta es concretamente, no utópicamente, la perspectiva de la fraternidad» afirma Ryan Rashad que después de la invasión del Estado Islámico se mudó a Alemania para los estudios universitarios de medicina. El joven ha vuelto de Europa para ver al Papa en la iglesia en la que recibió la primera comunión.

«Quisiera fundar lo antes posible un grupo Laudato si’ aquí en Qaraqosh. Así como hemos contribuido a dar de nuevo vida a nuestra iglesia – sostiene Rashad - debemos limpiar la Llanura de Nínive del olor de la guerra».

Los conflictos tienen un impacto muy grave en el ambiente. De lo que nadie habla habitualmente son las consecuencias que el impacto del ambiente tiene sobre la salud humana. El llamado Estado islámico ha sido derrotado en Irak, pero en cada área que ocupó en algún momento ha dejado su huella tóxica.

El terreno todavía está sembrado de sustancias químicas nocivas y en algunas zonas el suministro de agua del país presenta infiltraciones de petróleo y residuos de iperita, conocido también como “gas mostaza” por su olor característico. Una de las más graves calamidades ambientales sucedió hace algunos años cerca de la ciudad de Hawija, donde de una refinería improvisada por el Isis se vertió una mancha de petróleo de 11 kilómetros de largo.

A partir de ese año, el gobierno iraquí y las Naciones Unidas están colaborando para supervisar los graves problemas de contaminación todavía sin resolver. Pero los datos sanitarios sobre la incidencia de enfermedades como cáncer y leucemia están en constante aumento.

«Los grupos terroristas han usado sustancias químicas sencillas para dañar mi país y a nuestro pueblo» añade Rashad.

Para los iraquíes es inconcebible que, siendo su país el tercer exportador mundial de petróleo, un quinto de la población viva por debajo del umbral de la pobreza (menos de 1,8 euros al día). A esto se añade la falta de expectativas para los jóvenes, que terminan los estudios y no encuentran trabajo si no tienen contactos con un partido político o una milicia.

Casi dieciocho años después de la derrota de Saddam y tres años después de la expulsión del Estado islámico del territorio, en Irak la mayor parte de las casas no tienen agua potable, el suministro eléctrico no es constante, no hay transportes públicos y la sanidad y la educación dejan mucho que desear.

30 años de conflicto han contribuido a la contaminación del aire, de la tierra y del agua, haciendo estos elementos víctimas silenciosas. Los riesgos para la salud humana son enormes. «Otras muertes a tener en cuenta del califato», sostiene el joven de Qaraqosh.

Irak, conocido como el país de los ríos, está perdiendo su patrimonio hídrico. Cambios climáticos, contaminación y mala gestión de los recursos son solo algunos de los factores que amenazan el Tigris, el Éufrates y las marismas mesopotámicas, una de las más grandes zonas húmedas en el mundo. Mesopotamia ha sido citada durante años como la tierra fértil en la que la civilización humana ha visto la luz. Hoy representa tristemente el escenario perfecto de la crisis climática, en el que elecciones desconsideradas del hombre siguen privilegiando los intereses a corto plazo en lugar del bienestar a largo plazo de los ciudadanos. Los jóvenes iraquíes han decidido que ha llegado el momento de decir basta: dado que ya se les ha privado del derecho a la infancia, están gritando en voz alta que el futuro les pertenece. Un futuro que sea pacífico y sostenible.

Oggi rappresenta tristemente lo scenario perfetto della crisi climatica, in cui scelte sconsiderate dell’uomo continuano a privilegiare gli interessi a breve termine al posto del benessere a lungo termine dei cittadini. I giovani iracheni hanno deciso che è giunto il momento di dire basta: dato che sono già stati privati del diritto all’infanzia, stanno urlando a gran voce che il futuro spetta a loro. Un futuro che sia pacifico e sostenibile.

desde Qaraqosh
Silvina Pérez