· Ciudad del Vaticano ·

Tiempos luminosos

Las abadesas de Goleto, fe y poder

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06 marzo 2021

El rarísimo caso de un monasterio en Italia guiado solo por mujeres


En la larga y compleja historia de las relaciones entre la Iglesia y las mujeres, el período comprendido entre el siglo VII y el siglo XVI alcanza la cumbre del poder femenino. Es la época de las abadesas, mujeres de fe y poder, muchas veces sometidas a la única autoridad del Papa: gobernaron las comunidades benedictinas durante el feudalismo con vasallos, campesinos y clero que hasta dependía de ellas.

En este escenario histórico y espiritual, un siglo antes de la aparición de las poderosas abadesas de Conversano, en Puglia, encontramos una abadía en el sur de Italia que representa un caso ejemplar: la Abadía del Santo Salvador fundada en 1135 por San Guillermo da Vercelli en Irpinia, en la localidad de Goleto, en el valle de Ofanto entre Lioni, Sant'Angelo dei Lombardi y Nusco. Es un caso muy raro de un monasterio doble, es decir, habitado por una comunidad monástica masculina y una femenina. La novedad, destacada por los estudios de Adriana Valerio, es que ambas comunidades estaban gobernadas por una mujer, una abadesa que ejercía tanto el poder temporal como el religioso. Se trata de caso raro para Italia, pero no para el resto de Europa Central y del Norte donde existen monasterios dobles dirigidos por mujeres, como el de Brie, fundado por Santa Fara en el siglo VII, y el de Fontevraud (1099) en Francia.

Guillermo da Vercelli, predicador impregnado de una gran devoción mariana, al fundar el Goleto y organizar la vida monástica del complejo religioso se inspiró en María, madre de Jesús, de la Iglesia, de los discípulos y Salvación de los hombres. El futuro santo aplica a la figura de la abadesa la autoridad materna de la Virgen, su fuerza y su capacidad de guiar y dirigir. En 1191 la Abadía del Santísimo Salvador fue declarada independiente por la Cámara Apostólica y pasó a ser Nullius Diocesis, es decir, jurídica y territorialmente autónoma del obispo. Estaba gobernada por la abadesa que contaba con poderes casi episcopales representados por la mitra y el báculo pastoral, como se muestra en los espléndidos frescos y bajorrelieves de la Abadía que todavía se puede visitar hoy. A los monjes se les confió el servicio litúrgico y el cuidado de la parte administrativa. Eran mujeres hábiles en el manejo de conflictos y controversias y provenían de familias aristocráticas ricas y poderosas de la región. Estas abadesas fueron auténticas protagonistas de la vida de la Iglesia y lograron resistir la tentación de acaparar las riquezas del monasterio que obispos y señores feudales no resistieron. Y pudieron defender su independencia. Febronia, Agnese y Marina son las abadesas que han dejado más huella en Goleto. Convirtieron la Abadía en un monumento artístico destinado a brillar a lo largo de los siglos y una potencia económica basada en la posesión de tierras y obras de arte, así como en el ganado, el comercio, los vinos y otros productos alimenticios. Eran tan respetadas como temidas y también recaudaban impuestos. A lo largo de los siglos hicieron que la Abadía llegara a poseer grandes territorios en Irpinia, Puglia y Basilicata.

En 1152 Febronia construyó la majestuosa torre defensiva para proteger a las monjas hijas de familias nobles. En la torre se reutilizaron fragmentos del mausoleo del general romano Paccio Marcello, que guiaba la VI legión escítica. Es uno de los raros ejemplos de obras fortificadas en complejos religiosos. Es la abadesa Agnese quien renueva la basílica, erige el sepulcro, - obra del artista Orso destinado a albergar los restos del fundador Guillermo -, y construye la iglesia de Santa María di Pierno. Marina II, nacida en la poderosa familia de Riccardo di Balvano, tenía un carácter indomable e independiente. Resistió firmemente a las pretensiones del abad de Montevergine que deseaba anexionar el Goleto. Y en 1515 se opuso a la decisión del Papa de cerrar las órdenes monásticas femeninas debido al peligro de que soldados o bandidos pudieran violar a las monjas. Por ello, los historiadores la consideran una feminista ante-litteram.

A partir de 1348, año de la Peste Negra, comenzó el lento e inexorable declive de la Abadía, hasta que el 24 de enero de 1506 el Papa Julio II decretó el cierre de la comunidad monástica femenina. En 1515 murió la última abadesa llamada María. El Goleto se convirtió en un monasterio exclusivamente masculino bajo el control del Monasterio de Montevergine donde en 1807 fueron trasladados los restos Guillermo da Vercelli, fallecido en Goleto en 1142.

Desde 1990, los Hermanitos de la Comunidad Jesús Caritas, inspirados por Charles De Foucauld, monje misionero en el Sahara argelino, se han encargado de la animación espiritual del complejo Goletano. Del poder de las abadesas solo queda el recuerdo.

de Gloria Satta