· Ciudad del Vaticano ·

Entrevista a Nadia Murad

El Papa en Irak:
un signo de esperanza
para todas las minorías

cq5dam.thumbnail.cropped.500.281.jpeg
20 marzo 2021

Con su inmensa valentía se ha convertido en un símbolo para su pueblo, los yazidíes, y para todas las mujeres que, en las guerras y fuera de ellas, son víctimas de la violencia. En 2014, Nadia Murad fue hecha esclava por los hombres del autodenominado Estado Islámico, que exterminaron o encarcelaron a miles de yazidíes en el norte de Iraq, incluidos muchos de sus familiares. Habiendo sufrido una violencia indescriptible, Nadia no se dejó vencer por el mal y hoy su voz es la de una Premio Nobel de la Paz que se pronuncia contra toda forma de violencia. En diciembre de 2018 se reunió con el Papa Francisco a quien le entregó su libro autobiográfico "Yo seré la última". Una lectura, confió el Pontífice a los periodistas en el vuelo papal, que lo tocó profundamente. En esta entrevista con los medios de comunicación del Vaticano, Nadia Murad habla de los frutos que espera de la visita de Francisco a Iraq y hace un apremiante llamado a la comunidad internacional para que trabaje por la liberación de las numerosas mujeres yazidíes que siguen en manos de los yihadistas.

Los medios de comunicación de todo el mundo han calificado unánimemente de histórica la visita del Papa Francisco a Iraq. En su opinión, ¿qué queda en el corazón del pueblo iraquí de este viaje?

La visita del Papa Francisco a Iraq no solo es histórica en sí misma, sino que llega en un momento histórico para el pueblo iraquí, que se está reconstruyendo tras el genocidio, la persecución religiosa y décadas de conflicto. La visita del Papa ha iluminado el potencial de la paz y la libertad religiosa. Simbolizó que todos los iraquíes, al margen de su fe, son igualmente merecedores de dignidad y de derechos humanos. Su Santidad también envió un mensaje claro de que la restauración del tejido interreligioso de la sociedad iraquí debe comenzar con el apoyo a la sanación de las comunidades minoritarias, como los yazidíes, que han sido objeto de violencia y marginación.

En declaraciones a los periodistas en el avión, el Papa Francisco dijo que una de las razones por las que visitó Iraq fue haber leído su libro "Yo seré la última". En su primer discurso, que dirigió a las autoridades del país, recordó el sufrimiento de los yazidíes. ¿Qué importancia tiene que el Papa les ofrezca esta defensa?

Durante mi audiencia con el Papa Francisco, allá por 2018, debatimos en profundidad sobre la experiencia de genocidio de la comunidad yazidí, en particular la violencia que soportan las mujeres y los niños. Me alegra que mi historia se haya quedado con él y que se sintiera llamado a llevar este mensaje a Iraq. Su defensa de la causa yazidí es un ejemplo para que otros líderes religiosos de la región amplíen el mensaje de tolerancia hacia minorías religiosas como los yazidíes.

Hoy en día usted es Premio Nobel de la Paz, Embajadora de Buena Voluntad de la ONU y ha fundado una organización para ayudar a las mujeres víctimas de la violencia. ¿De dónde sacó la fuerza para convertir todo el dolor que ha sufrido en este impulso para hacer el bien?

Todos los yazidíes han demostrado una gran fuerza de supervivencia y resiliencia. Toda la comunidad ha soportado un trauma inmenso. No podremos recuperarnos y reconstruir nuestras vidas por nosotros mismos. La comunidad necesita urgentemente apoyo y recursos. El programa “La Iniciativa de Nadia” se esfuerza por empoderar a la comunidad en su recuperación proporcionando un apoyo tangible y sostenible.

El autodenominado Estado Islámico perdió la guerra en 2017, pero usted nos recuerda que todavía hay miles de mujeres, incluso niñas, en situación de esclavitud que aún no han sido liberadas. ¿Por qué no se puede acabar con esta tragedia y qué debe hacer la comunidad internacional?

El hecho de que 2.800 mujeres y niños yazidíes sigan desaparecidos en cautividad después de casi siete años pone de manifiesto la falta de voluntad política para proteger los derechos humanos básicos de las mujeres y su seguridad. Demuestra que la comunidad internacional no se toma en serio la violencia sexual y la esclavitud. Debe crearse inmediatamente un grupo de trabajo multilateral con el único objetivo de localizar y rescatar a estas mujeres y niños.

Usted ha dicho: "Quiero ser la última mujer en la tierra con una historia como la mía". ¿Qué les diría hoy a las muchas mujeres que sufren la guerra y una violencia terrible?

A ellas les digo: "No es su culpa". Los sistemas patriarcales globales han sido diseñados para subyugarnos, beneficiarse de nuestra opresión y hacer la guerra a nuestros cuerpos. Pero sobrevivir y luchar por el reconocimiento de estas injusticias es un acto de resistencia. También diría: "No están solas". Más de un tercio de las mujeres de todo el mundo sufren violencia sexual. Eso no significa que debamos aceptarla. Hay mujeres en todas las comunidades que sobreviven, se levantan y denuncian. Cuando nos unamos para luchar por nuestros derechos, el cambio será imparable.

De Alessandro Gisotti