· Ciudad del Vaticano ·

Mensaje con ocasión del Día mundial de las legumbres

Unidos para poner fin
al hambre

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13 febrero 2021

Una nueva invitación a estar unidos «para acabar, de una vez por todas, con el hambre» fue lanzada por el Papa Francisco en un mensaje —  a firma del arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados — con ocasión del Día mundial de las legumbres, que se celebró el 10 de febrero. El mensaje fue entregado por el observador permanente ante las Organizaciones y organismos de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura, monseñor Fernando Chica Arellano, que tomó parte en un encuentro virtual — que se llevó a cabo el viernes 12 — en el que intervino, entre otros, el director general de la FAO, Qu Dongyu. Publicamos, a continuación, el texto original en español.

Señor Director General de la FAO,
Distinguidas autoridades y Representantes diplomáticos,
Señoras y señores:

Celebro la oportunidad de participar en este evento que conmemora un nuevo aniversario del Día Internacional de las Legumbres. Con esta iniciativa se quiere resaltar también el papel trascendental de las mujeres rurales en la producción y distribución de alimentos a través de mecanismos cooperativos que, básicamente, encuentran su razón y fuerza en el amor al prójimo y el trabajo mancomunado.

Las legumbres son un alimento noble con enorme potencial para reforzar la seguridad alimentaria a nivel mundial. Carecen de soberbia y no reflejan lujo, al tiempo que constituyen un componente esencial de las dietas saludables. Se trata de alimentos simples y nutritivos que superan barreras geográficas, pertenencias sociales y culturas. Lentejas, porotos, arvejas o garbanzos se pueden encontrar en las mesas de muchas familias, ya que logran satisfacer variadas necesidades proteicas en nuestras dietas diarias.

Me gustaría recordar que la palabra legumbres proviene del vocablo latino “legumen” y hace referencia a los frutos o vainas, que se cosechan no segando sino arrancando a mano las plantas. Ello naturalmente evoca esas manos curtidas por su contacto con la tierra y los climas difíciles, en horarios incómodos, que los trabajadores rurales, en particular las mujeres, han llevado adelante y aún lo siguen haciendo.

Por desgracia, y las estadísticas así lo señalan, hay todavía muchas personas, entre las que no podemos olvidar los niños, que no pueden acceder a los recursos más básicos y carecen de alimentos sanos y suficientes. El hambre no deja de fustigar con su mortal flagelo muchas regiones de la tierra, situación que ha venido a exacerbarse por la crisis sanitaria que estamos padeciendo. En estos momentos se ve como urgente la tarea de cultivar la tierra sin dañarla, de modo que podamos compartir sus frutos pensando no solo en nosotros mismos, sino también en las generaciones que nos sucederán.

Concretamente, las mujeres rurales y las mujeres indígenas tienen mucho que enseñarnos acerca de cómo el esfuerzo y el sacrificio nos permiten construir, junto al otro y no gracias al otro, tejidos que aseguren el acceso a los alimentos, la equitativa distribución de los bienes y la posibilidad de que todo ser humano realice sus aspiraciones.

Consumir dietas saludables debería ser un derecho universal. Por lo tanto, el papel de los Estados para que ello sea posible es fundamental y para alentar políticas de educación pública que promuevan la incorporación de alimentos nutritivos conforme a cada realidad en particular, y donde seguramente las legumbres deberán ser parte de esas dietas con otros alimentos que las complementen.

Caminemos juntos con esperanza. Imitemos los actos bellos y buenos de aquellas mujeres rurales que no renuncian a su misión de alimentar a sus hijos y a los hijos de las otras familias. Valoremos el compromiso de sentirnos parte de la casa común donde debe haber lugar para todos, sin descartar a nadie. Alimentemos a todos y de manera sana, para que todos tengan las mismas oportunidades y podamos construir un mundo inclusivo y justo.

El escritor argentino Jorge Luis Borges, una vez dijo que “todo hombre debe pensar que […] todo lo que le pasa, incluso las humillaciones, los bochornos, las desventuras, todo eso le ha sido dado como arcilla, como material para su arte; tiene que aprovecharlo […] Esas cosas nos fueron dadas para que las transmutemos, para que hagamos de la miserable circunstancia de nuestra vida, cosas eternas o que aspiren a serlo” («La ceguera», en Siete noches, tomado de: Obras Completas III. 1975-1985, Buenos Aires, EMECÉ, 1997, pág. 285). Pues bien, les invito a que desarrollemos nuestro arte, seamos vigorosos y resilientes como las legumbres y nos unamos para acabar, de una vez por todas, con el hambre.

Paul R. Gallagher
Secretario para las Relaciones con los Estados