· Ciudad del Vaticano ·

Entrevista al Papa en la televisión italiana

El mundo necesita unidad
y fraternidad

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11 enero 2021

Redescubrirnos más unidos, más cercanos a los que sufren, sentirnos como hermanos para superar juntos la crisis mundial causada por la pandemia. Al principio de la entrevista con el Tg5, retransmitida el domingo 10 de enero por la noche en la televisión italiana, Francisco reiteró que “uno nunca sale de una crisis como lo hizo antes, nunca. Salimos mejor o salimos peor”. Para el Papa, “hay que hacer la revisión de todo. Los grandes valores están siempre presentes en la vida, pero los grandes valores deben traducirse en la vida del momento histórico”. A continuación, enumera una serie de situaciones dramáticas, desde los niños que padecen hambre y no pueden ir a la escuela hasta las guerras que golpean muchas zonas del planeta. “Las estadísticas de las Naciones Unidas -subraya- son aterradoras en esto”. Advierte que, si salimos de la crisis “sin ver estas cosas, la salida será otra derrota. Y será peor. Miremos solo a estos dos problemas: los niños y las guerras”.

Vacunarse es una acción ética


El Papa respondió después a una pregunta del periodista Fabio Marchese Ragona sobre las vacunas. “Yo -afirmó- creo que éticamente todos deben ponerse la vacuna. No es una opción, es una acción ética. Porque juegas con tu salud, juegas con tu vida, pero también juegas con la vida de los demás”. Y explicó que en los próximos días las vacunas comenzarán a ponerse en el Vaticano y él también ha “reservado” una cita para esto. “Sí, debe hacerse”, repite, “si los médicos lo presentan como algo que puede ir bien y no tiene peligros especiales, ¿por qué no tomarlo? Hay una negación suicida en esto que no puedo explicar”. Para el Pontífice, este es el momento de “pensar en el nosotros y borrar por un período de tiempo ‘el yo’, ponerlo entre paréntesis. O nos salvamos ‘nosotros’ o nadie se salva”. Sobre esto habla largo y tendido ofreciendo su reflexión sobre el tema, que es muy importante para él, de la fraternidad. “Este -observó- es el desafío: hacerme cercano al otro, cercano a la situación, cercano a los problemas, hacerme cercano a la gente”. El enemigo de la cercanía es “la cultura de la indiferencia”. Se habla -señaló- “de una saludable indiferencia ante los problemas, pero la indiferencia no es saludable. La cultura de la indiferencia destruye, porque me distancia”.

Es el “tiempo del nosotros” para superar la crisis


“La indiferencia nos mata porque nos distancia”. En cambio, la palabra clave para pensar en las formas de salir de la crisis “es la palabra cercanía”. Si no hay unidad, no hay cercanía, advierte el Papa, “se pueden crear tensiones sociales incluso dentro de los Estados”. Así, habla de la “clase dirigente” en la Iglesia como en la vida política. En este momento de crisis, exhortó, “toda la clase dirigente no tiene derecho a decir 'yo'... debe decir 'nosotros' y buscar la unidad frente a la crisis”. En este momento, reafirmó con fuerza, “un político, un pastor, un cristiano, un católico, incluso un obispo, un sacerdote, que no tiene la capacidad de decir 'nosotros' en lugar de 'yo' no está a la altura de la situación”. Y añadió que “los conflictos en la vida son necesarios, porque están ahí, pero en este momento deben tomarse vacaciones”, hacer espacio para la unidad “del país, de la Iglesia, de la sociedad”.

El aborto es un asunto humano antes que religioso


Francisco observó que la crisis causada por la pandemia ha exacerbado aún más la “cultura del descarte” de los más débiles, ya sean pobres, migrantes o ancianos. Se centra especialmente en el drama del aborto que descarta a los niños no deseados. “El problema del aborto”, advirtió, “no es un problema religioso, es un problema humano, pre-religioso, es un problema de ética humana” y luego religioso. “Es un problema que incluso un ateo debe resolver en su conciencia”. “¿Es correcto -pregunta el Pontífice- cancelar una vida humana para resolver un problema, cualquier problema? ¿Es correcto contratar a un sicario para resolver un problema?”

El Capitolio, aprendiendo de la historia: nunca la violencia


El Papa no deja de comentar los dramáticos acontecimientos en el Capitolio el pasado 6 de enero. Confesó que estaba “asombrado”, considerando la disciplina del pueblo de los Estados Unidos y la madurez de su democracia. Sin embargo, señaló, incluso en las realidades más maduras, siempre hay algo         que no funciona cuando hay “gente que toma un camino contra la comunidad, contra la democracia, contra el bien común”. Ahora que esto ha estallado, continúa, ha sido posible “ver bien” el fenómeno y es posible “poner el remedio”. Francisco condenó la violencia: “Debemos reflexionar y comprender bien y para no repetir, aprender de la historia”, estos “grupos para-regulares que no están bien insertados en la sociedad, tarde o temprano cometerán estos actos de violencia”.

La fe, un don que hay que pedir al Señor


El Papa finalmente respondió cómo él personalmente está experimentando las restricciones debido a la pandemia. Confesó que se siente “enjaulado”, se detuvo en los viajes cancelados para evitar las multitudes, habló de la esperanza de visitar Irak. En este tiempo, dedica más tiempo a la oración, a hablar por teléfono y reitera lo importante que fueron para él algunos momentos, como la Statio Orbis en San Pedro el pasado 27 de marzo, “una expresión de amor a todas las personas” y que hace que uno “vea nuevos caminos para ayudarse unos a otros”. Así, ofreció una reflexión sobre la fe en el Señor, la cual -dijo- es ante todo “un don”. “Para mí”, dice, “la fe es un regalo, ni tú, ni yo, ni nadie puede tener fe por su propia fuerza: es un regalo que el Señor te da”, que no se puede comprar. Retomando entonces un pasaje del Deuteronomio, el Papa Francisco exhortó a invocar la “cercanía de Dios”. Esta cercanía “en la fe es un don que debemos pedir”. La entrevista concluye con la esperanza de que en 2021 “no haya desperdicio, que no haya actitudes egoístas” y que la unidad pueda prevalecer sobre el conflicto.