· Ciudad del Vaticano ·

Mártir por la Eucaristía

cq5dam.thumbnail.cropped.500.281.jpeg

En la Sagrada Familia en Barcelona beatificado el joven Joan Roig i Diggle

07 noviembre 2020

La eucaristía era el alimento que fortalecía la fe y la esperanza de Joan Roig i Diggle. Lo recordó el cardenal Juan José Omella Omella, arzobispo de Barcelona, durante la misa para la beatificación del joven mártir asesinado en 1936 durante la guerra civil española. El rito fue presidido por el purpurado, en representación del Papa Francisco, el sábado por la mañana, 7 de noviembre, en la basílica de la Sagrada Familia de la ciudad catalana.

Como los primeros cristianos, dijo el purpurado en la homilía, Joan «no podía vivir sin participar en la eucaristía ni sin recibir la sagrada comunión». Por eso, antes de ser arrestado, quiso recibir la hostia consagrada y pudo tranquilizar a la madre con estas palabras: “Dios está conmigo”. «Y su madre, como todas las madres - añadió el celebrante - pudo soportar ese terrible momento porque tenía la esperanza puesta en el Señor».

La vida eucarística, subrayó el purpurado, llevó al joven Joan a «querer ser pan partido y compartido con los hombres y mujeres de su tiempo». De aquí el deseo de que todos los creyentes puedan vivir las celebraciones eucarísticas «con la misma pasión y gozo con que lo hizo el beato».

En los recuerdos de su hermana Lourdes, Joan aparece como «un chico sensible ante las injusticias y que amaba especialmente a las personas más vulnerables». Y al respecto el cardenal arzobispo señaló que, cuando el joven viajaba en tren, se sorprendía al ver las condiciones de los fogoneros que «trabajaban duramente para ganar un mísero jornal, mientras los ricos se divertían en la playa sin tener en cuenta el sufrimiento de las clases más humildes».

La Federación de jóvenes cristianos de Cataluña, que Joan frecuentaba, «ayudó a nuestro joven mártir a conocer más a Jesús y a convertirse en un ardiente defensor de la Doctrina Social de la Iglesia», prosiguió el arzobispo de Barcelona, subrayando que el nuevo beato se comprometió «en la construcción de la civilización del amor y en la lucha por la justicia, por la paz y por la solidaridad». Joan supo reconocer «la existencia de un anhelo de justicia social» y, consciente de la situación de su tiempo — similar a la que actualmente nos toca vivir— «quería transformar la sociedad» pero no desde la violencia, sino desde el Evangelio «que se concreta en la Doctrina Social de la Iglesia».