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Observatorio

La irresoluta cuestión femenina no concierne principalmente a roles y funciones

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28 noviembre 2020

La Santa Sede apoya la búsqueda de la igualdad entre mujeres y hombres, aspecto fundamental de una sociedad justa y democrática. Lo reitera monseñor Janusz Urbańczyk, representante permanente de la Santa Sede en la OSCE, en Viena, con motivo de la Tercera Conferencia sobre la igualdad de género. Pero, ¿qué se entiende por paridad?, ¿y estamos seguros de que la Santa Sede y la OSCE lo ven exactamente de la misma manera?

El representante de la Santa Sede fue claro al respecto cuando declaró que no podemos limitarnos a promover una mayor inclusión de la mujer en los parlamentos o en los ámbitos de responsabilidad. Las mujeres deben ser valoradas por su “genio femenino”, manteniendo su especificidad, su riqueza y su fuerza moral y espiritual. Nada nuevo en el fondo. En 2009, monseñor Celestino Migliore ya explicaba en las Naciones Unidas que la tendencia a eliminar las diferencias entre hombres y mujeres no ayuda a lograr la igualdad. Por el contrario, se atribuirá mayor poder a las mujeres cuando las diferencias sean reconocidas y asumidas como complementarias y no antagónicas.

Después de una década, muchas cosas han cambiado incluso dentro de la propia Iglesia Católica. Pero el Papa Francisco, si bien subraya la importancia de valorar a las mujeres en la Iglesia, también asegura que suprimir la diferencia entre mujeres y hombres supone un problema, no una solución. Se debe promover el concepto de complementariedad, más que el de igualdad. Hoy en día, cada vez más mujeres católicas, consagradas o no, aunque están dispuestas a gobernar en comunidades eclesiales, no aspiran en absoluto a ser iguales a los varones, se trata de un modelo ya superado. No quieren conformarse con una visión concebida por hombres para mujeres con el riesgo de repetir la misma lógica que ha regido el sistema hasta ahora. Quieren gestionar sus fuerzas a su manera y cuando lo consideren. Porque paridad no significa uniformidad.

«Es la relación entre hombres y mujeres la que debe repararse. Hoy las mujeres están en el centro de la vida comunitaria. Su palabra debe escucharse, también en los seminarios, donde normalmente se prepara a los candidatos a servir a las comunidades, formadas por hombres y mujeres», explica la teóloga francesa Anne-Marie Pelletier.

En definitiva, parece que la cuestión pendiente de la mujer no concierne principalmente a roles y funciones, sino al reconocimiento de la igual dignidad y autoridad en la sociedad y en la comunidad eclesial. El Papa Francisco ha alterado las costumbres y es el primero en admitir un grave retraso. Las palabras son importantes, ahora necesitamos cada vez más afirmaciones prácticas.

de Romilda Ferrauto