· Ciudad del Vaticano ·

La discípula Marta y con la predicadora Domenica

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24 octubre 2020

«Bienvenido a Tarascona, una antigua ciudad de Francia (...) Quizás te preguntes quién soy y por qué te hablo desde esta pequeña ciudad francesa. Os doy algunas pistas: soy una mujer israelí, fui discípula de Jesús y una antigua leyenda vincula mi nombre con el de Tarascón», leemos en el primer capítulo del libro Marta de Betania. “Yo creo, Señor” (Cinisello Balsamo, San Paolo, 2020) de Marinella Perroni, fundadora de la Coordinación de teólogas italianas. Enigma revelado por el título. Es la mujer que una larga tradición ha transformado en patrona de amas de casa, anfitriones y hoteleros. «Hace muchos siglos, -dicen que en el 48 d.C.-, de tierras lejanas, por mar desembarqué en Marsella y aquí, en las marismas de la Camarga, me distinguí por una gesta heroica: prediqué durante mucho tiempo, hice milagros y domestiqué a un monstruo, liberando a los habitantes de estas lugares de una terrible plaga». En las Escrituras, la hermana de María se presenta de una manera enigmática. Las historias de Lucas y de Juan la describen de una manera distinta.

Para Lucas es una mujer distraída por las múltiples tareas del trabajo doméstico; para Juan, es una discípula capaz de expresar la más alta confesión de fe de todo el cuarto evangelio. «El éxito que en la tradición posterior ha tenido la Marta del puchero en mano quizás no extraña, -se lee en la contraportada del volumen de Perrone-, pero hay que cuestionarnos el por qué no ha tenido tanto éxito la Marta del cuarto evangelio que tiene un papel totalmente análogo al de Pedro en el evangelio de Mateo». El libro forma parte de la serie «Madres de la fe», como Domenica da Paradiso (Cinisello Balsamo, San Paolo, 2020) el volumen de Adriana Valerio dedicado a la discípula mística de Savonarola Domenica Narducci da Paradiso (1473-1553 ), quien defendió con firmeza, incluso ante las autoridades eclesiásticas que la impugnaron, su actividad como predicadora carismática. Una mujer sencilla, que habló con imágenes extraídas de la vida cotidiana de un Dios que vino «por nuestro amor a lavar la ropa en la caldera de este mundo».

de Silvia Guidi