· Ciudad del Vaticano ·

Acogida

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Las hermanas siervas de la Divina Providencia de Catania han donado al Papa Francisco, a través de la Limosnería apostólica, un edificio en Roma para acoger a quien huye de guerras, persecuciones y catástrofes naturales

14 octubre 2020

Para responder a la invitación del Papa Francisco, que en la encíclica Fratelli tutti  propone en varias ocasiones la necesidad de una adecuada acogida a los migrantes que huyen de las guerras, persecuciones y catástrofes naturales, las hermanas Siervas de la Divina Providencia de Catania han ofrecido al Papa Francisco, a través de la Limosnería apostólica, como préstamo gratuito, su casa en Roma, en la calle de la Pisana, nº 321.

«El edificio, que lleva por nombre Villa Serena, se convertirá en una casa de acogida para refugiados» informa la Limosnería. El edificio hasta ahora era usado por las monjas para ofrecer hospitalidad a los peregrinos.

Por otro lado, el carisma de la familia religiosa fundada por la madre Maria Marletta es ofrecer, sobre todo a los más jóvenes que tienen problemas en la familia, «la oportunidad de vivir en una casa donde poder respirar un clima de familia y experimentar el afecto, la ternura y la paciencia, ofreciéndoles un corazón, una sonrisa, un consejo».

En particular, informa la Limosnería, serán acogidas «mujeres solas, mujeres con  menores, familias en estado de vulnerabilidad que llegan a Italia con los corredores humanitarios. La estructura podrá alojar hasta a sesenta personas y tendrá principalmente el fin de acoger a los refugiados en los primeros meses después de su llegada, para después acompañarles en recorridos de autonomía laboral y habitacional».

La casa de acogida es confiada a la Comunidad de San Egidio, que ya desde 2015 ha abierto los corredores humanitarios para refugiados sirios, para los del Cuerno de África, y por último, de Grecia, en particular de la isla de Lesbos. Hasta ahora han sido acogidas y acompañadas en el proceso de integración más de 2.600 personas, entre las cuales un gran número de menores.

Por su parte, la Comunidad - afirma el presidente Marco Impagliazzo — «está profundamente agradecida al Papa y al cardenal Krajewski por este gesto de generosidad hacia los inmigrantes que llegan a Italia».