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Este mes Libros

Una correspondencia incandescente con María Nuevo libro de Anne Lécu, una odisea del alma

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26 septiembre 2020

De niña hablé mucho contigo. Me acuerdo que fui a suplicarte en una iglesia mientras estaba de vacaciones para que curaras a un pariente mío con cálculo renal que le hacía daño. Y después, creciendo, te dejé, asustada por los devotos que traicionaban ese rostro joven, vivaz, que amaba de ti. He necesitado mucho tiempo para seguir de nuevo desde dentro el paso del pequeño pueblo de los creyentes y acercarme a ti sin miedo a traicionar ni a los que confían en ti ni a los que no soportan vírgenes de plástico y objetos derivados”. Empieza así la primera de las veintinueve cartas dirigidas a la Virgen de sor Anne Lécu, religiosa dominica francesa y médico en las cárceles. Esta correspondencia, este canto del alma, de una mujer a otra, compuesto en una lengua sencilla y al mismo tiempo poética, no es solamente preciso teológicamente y profundo psicológica y espiritualmente. Es una odisea donde se camina con María, donde se la siente reír y llorar, de la Anunciación a la Asunción, donde se llora y donde se respira con ella. “Escribirte así— susurra sor Anne Lécu — es beber en la fuente pura de un curso de agua salvaje”. [1] Y este agua salvaje está en movimiento, lejos de las hieráticas y melifluas representaciones de la Virgen. “Hay un hilo tendido entre la expresión ‘viajera de Dios’ que, en el Decálogo, no deja de acompañar al pueblo en su camino de liberación y en su larga marcha hacia la tierra prometida, y el Verbo que se hizo carne en tu vientre - escribe -. Sí, María, al traerlo te has convertido en el Arca santa, y nos invitas a hacer de nuestra vida arcas santas”. Observando a María, la religiosa se interroga: “A veces me pregunto si todavía estoy esperando que alguien venga así a poner a tu hijo en mis manos. Me pregunto si le espero lo suficiente, si mi sed está intacta o si el tiempo la ha saciado. María, debiste sentirte muy conmovida al ver la reacción de Simeón, ese anciano que esperaba el consuelo de Israel. Quizás sea este estado de ánimo el que uno necesita tener para recibir al unigénito en sus manos: esperar el consuelo del mundo, espiarla como si se estuvieran yendo de nuestra vida”. Se dice a veces que un buen libro es el que a su vez hace venir ganas de escribir. Esta correspondencia de Anne Lécu va más allá: abre una amistad con María, “a todos y todas aquellos que quieran colarse”. Por tanto es difícil encerrar estas cartas sin tener, a su vez, la sed de dirigirse a la madre: “que mira a la muerte a la cara”, a la “hermana mayor que nos enseña la vida de los discípulos”, a la hija de Israel que se parece a toda mujer de este pueblo, a la mujer, fiel y recta, “de pie en la noche para rezar en nombre de todos aquellos que duermen”.

de Marie Cionzynska

[1] À Marie, Lettres, Anne Lécu, Cerf, septiembre 2020