· Ciudad del Vaticano ·

No dejéis solo al Líbano

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El cardenal Parolin enviado por el Papa al país de los cedros por la Jornada de oración, ayuno y solidaridad con Beirut

04 septiembre 2020

El deseo de «un futuro lleno de esperanza» para el Líbano y el agradecimiento al Señor por su amor «que se ha expresado a través de la solidaridad de muchos», con la encomendación del país de los cedros - para que realice su «vocación de paz y de fraternidad» — se reflejan en la sentida oración del Papa Francisco leída por el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, entre la gente de Beirut, el viernes por la mañana, 4 de septiembre, con ocasión de la Jornada universal de oración y ayuno por el Líbano. Fue el mismo Pontífice quien lo anunció en la audiencia general del miércoles 2, sosteniendo entre las manos una bandera libanesa llevada por un sacerdote maronita. Una iniciativa sostenida también en la Jornada del día 4 con un tuit en el perfil @Pontifex relanzado por la Red mundial de oración del Papa y de Vatican Media.

De cercanía de la «Iglesia católica en todo el mundo» con el Líbano y su pueblo habló también el purpurado delante de los líderes religiosos reunidos en la catedral maronita de San Jorge, en la capital, donde fue conmemorada la trágica explosión en el puerto que tuvo lugar hace un mes. El Papa, recordó el cardenal Parolin, «me ha pedido venir aquí para encontraros tras haber lanzado su llamamiento para una “Jornada de oración, ayuno y solidaridad con Beirut” y con el Líbano». Y la respuesta fue «inmediata y llegó desde muchísimos países diferentes, desde todos los continentes. ¡No estáis solos!», aseguró el secretario de Estado, que - después de haber invocado a Dios el don de «su paz a todas las víctimas de la terrible y trágica explosión que rápidamente desgarró el corazón de la ciudad» — rezó para que el Señor «dé la fuerza para cuidar de cada persona que ha sido golpeada y realizar la tarea de reconstruir Beirut». Por lo tanto hizo notar cómo nadie puede «vivir en una situación de temor que la propia vida y la de sus seres queridos pueda ser amenazada en cualquier momento». Por esto, añadió, «estamos junto a vosotros en silencio y solidaridad para expresar nuestro amor. Estando a vuestro lado, encontramos la valentía de gritar juntos: “basta”». En su discurso el cardenal también destacó cómo «nuestro sufrimiento» puede «ayudarnos a purificar nuestras intenciones y reforzar nuestra determinación a vivir juntos en paz y dignidad, a buscar una mejor gobernanza que favorezca la responsabilidad, la transparencia y la responsabilización».

De aquí la calurosa invitación a derrotar juntos la violencia y «todas las formas de autoritarismo, promoviendo una ciudadanía inclusiva basada en el respeto de los derechos y de los deberes fundamentales». Haciendo referencia al mensaje del Papa Francisco por la LII Jornada mundial de paz (2019), el purpurado exhortó a todos los líderes políticos libaneses  «los de los partidos tradicionales pero también los de los nuevos movimientos, a promover de forma sincera y concreta los talentos de los jóvenes y sus aspiraciones de paz y de un futuro mejor». Nadie, reiteró, «debe manipular los sueños de las generaciones más jóvenes, sino más bien facilitar su participación activa en la construcción de la sociedad». Después de esto, el secretario de Estado remarcó «la importancia única del Líbano», que es parte de la Tierra santa «visitada por Nuestro Señor Jesucristo y por sus discípulos, así como por su Madre, querida por todos los libaneses, la Santa Virgen María». Los líderes religiosos, añadió, tienen «la misión fundamental de dar esperanza a una población golpeada, de honrar y servir a nuestros hermanos y hermanas en la humanidad, a partir de los más vulnerables».

Al respecto el cardenal Parolin hizo referencia a los «bellísimos ejemplos de solidaridad vivida en toda Beirut», que «refuerzan nuestra esperanza e inspiran nuestras acciones futuras». Dirigiéndose a los representantes de varias organizaciones confesiones y de la sociedad civil presentes en el encuentro, el purpurado reconoció que es consciente de que son precisamente ellos «quienes soportan la mayor parte de la responsabilidad» y que están haciendo «grandes esfuerzos por no abandonar a nadie en estas trágicas circunstancias». De aquí el deseo de que puedan «continuar ofreciendo un ejemplo de sincera solidaridad, fiel a la tradición libanesa de resiliencia, creatividad y apoyo recíproco». El cardenal por tanto renovó el llamamiento del Papa Francisco a la comunidad internacional: «¡No dejéis solo al Líbano!». El país, dijo, «necesita del mundo, pero también el mundo necesita del experimento constante único del pluralismo, del vivir juntos en solidaridad y libertad que es el Líbano».

La tarde precedente, a su llegada a Beirut, el cardenal había celebrado la misa en la plaza del santuario mariano de Harissa. Delante de los pastores, los fieles y las autoridades locales, reunidos en torno a la mesa eucarística, en el recuerdo de las víctimas y de sus familiares de la tragedia y del dramático momento para toda la nación, expresó «la cercanía y la solidaridad del Santo Padre y, a través de él, de toda la Iglesia». Después, explicó cómo el Líbano ha «sufrido demasiado» y recordó que «el año que va a concluir ha sido la escena de muchas tragedias que han golpeado al pueblo libanés». Sin olvidar la grave crisis económica, «social y política que sigue sacudiendo al país, la pandemia del coronavirus que ha agravado la situación y, recientemente, hace un mes, la trágica explosión en el puerto de Beirut, que demolió la capital del Líbano y causó terribles sufrimientos». Es verdad, añadió, que los libaneses «están experimentando momentos de abatimiento. Están postrados, exhaustos y frustrados». Pero «no están solos. Nosotros les acompañamos a todos espiritual, moral y materialmente». De hecho, en el último año, y sobre todo en el último mes, el Papa «ha recordado al Líbano en diferentes ocasiones y ha expresado su solidaridad a través de gestos solidarios». El cardenal finalmente exhortó a «la comunidad internacional a socorrer al Líbano, a esforzarse para resolver sus problemas y a buscar el bien de este gran pueblo y de este país», definido por Juan Pablo II como «país mensaje para Oriente y Occidente».