· Ciudad del Vaticano ·

Más allá de la cultura de lo provisional

cq5dam.thumbnail.cropped.500.281.jpeg

Mensaje del Pontífice a los participantes del encuentro anual de los jóvenes en Medjugorje

03 agosto 2020

Con ocasión del encuentro anual de los jóvenes en Medjugorje, en la tarde del sábado 1 de agosto, se leyó un mensaje enviado por el Papa a los participantes. El texto original en croata fue entregado por el arzobispo Luigi Pezzuto, nuncio apostólico en Bosnia y Erzegovina. Publicamos, a continuación, una traducción en español.

¡Queridos!

El encuentro anual de jóvenes en Medjugorje es un tiempo rico en oración, catequesis y fraternidad. Os ofrece a todos vosotros la posibilidad de encontrar a Jesucristo vivo, especialmente en la Eucaristía, celebrada y adorada, y en la Reconciliación. Y de este modo os ayuda a descubrir otra forma de vivir, diversa a la cultura de lo provisional, según la cual nada puede ser definitivo, sino que sólo cuenta el disfrute del momento presente. En este clima de relativismo, en el que es difícil encontrar respuestas verdaderas y seguras, las palabras guía del Festival: «Venid y veréis» (Juan 1, 39), dirigidas por Jesús a los discípulos, son una bendición. Jesús también vuelve su mirada hacia vosotros y os invita a ir y a estar con él.

¡No tengáis miedo! Cristo vive y quiere que cada uno de vosotros viva. Él es la verdadera belleza y la juventud de este mundo. Todo lo que toca se hace joven, se hace nuevo, se llena de vida y de sentido (cf. Exhortación apostólica Christus vivit, 1). Lo vemos precisamente en esa escena del Evangelio, cuando el Señor pregunta a los dos discípulos que le siguen: «¿Qué buscáis? ». Y ellos responden: «Rabino, ¿dónde vives? ». Y Jesús dice: «Venid y lo veréis» (cf. Juan 1, 35-39). Y van y ven y se quedan. En la memoria de aquellos discípulos la experiencia del encuentro con Jesús quedó tan grabada en ellos que uno de ellos incluso registró la hora: «Era más o menos la hora décima» (v. 39).

El Evangelio nos relata que después de haber estado en la casa del Señor, los dos discípulos se convirtieron en “mediadores” que permiten a otros encontrarse con Él, conocerlo y seguirlo. Andrés fue inmediatamente a decírselo a su hermano Simón y lo llevó a Jesús. Cuando vio a Simón, el Maestro le dio inmediatamente un apodo: “Cefas”, es decir, “Piedra”, que se convertiría en el nombre de Pedro (cf. Juan 1, 40-42). Esto demuestra que al encontrar a Jesús uno se convierte en una persona nueva, y recibe la misión de transmitir esta experiencia a los demás, pero siempre manteniendo la mirada fija en Él, el Señor.

Queridos jóvenes, ¿habéis encontrado esta mirada de Jesús que os pregunta: «¿Qué buscáis? »? ¿Habéis oído su voz diciéndoos: «Venid y mirad»? ¿Habéis sentido ese impulso de salir? Tomaos el tiempo para estar con Jesús, para llenaros de su Espíritu y estar listos para la fascinante aventura de la vida. Id a Él, permaneced con Él en la oración, confiad en Él que es un experto del corazón humano.

Esta hermosa invitación del Señor: «Venid y veréis», dicha por el joven y amado discípulo de Cristo, se dirige también a los futuros discípulos. Jesús os invita a conocerlo y este Festival se convierte en una oportunidad para “venir y ver”. La palabra “venir”, además de indicar un movimiento físico, tiene un significado más profundo y espiritual. Indica un itinerario de fe cuyo propósito es “ver”, es decir, experimentar al Señor y, gracias a Él, ver el significado pleno y definitivo de nuestra existencia.

El gran modelo de la Iglesia con un corazón joven, dispuesto a seguir a Cristo con frescura y docilidad, sigue siendo siempre la Virgen María. La fuerza de su «sí» y de ese «ven por mí» que le dijo al ángel siempre nos conmueve. Su «sí» significa involucrarse y tomar riesgos, sin otra garantía que la certeza de ser portador de una promesa. Su «He aquí la esclava del Señor» (Lucas 1, 38) es el ejemplo más bello que nos dice lo que sucede cuando el hombre, en su libertad, se abandona en las manos de Dios. ¡Que este ejemplo os fascine y os guíe! María es la Madre que vela «por los hijos, estos hijos que caminamos por la vida muchas veces cansados, necesitados, pero queriendo que la luz de la esperanza no se apague. Eso es lo que queremos: que la luz de la esperanza no se apague. Nuestra Madre mira a este pueblo peregrino, pueblo de jóvenes querido por ella, que la busca haciendo silencio en el corazón aunque en el camino haya mucho ruido, conversaciones y distracciones». (Christus vivit, 48).

Queridos jóvenes, «corran atraídos por ese Rostro tan amado, que adoramos en la Sagrada Eucaristía y reconocemos en la carne del hermano sufriente. El Espíritu Santo los empuje en esta carrera hacia adelante. La Iglesia necesita su entusiasmo, sus intuiciones, su fe»  (ibid., 299). En vuestra carrera por el Evangelio, animada también por este Festival, os encomiendo a todos a la intercesión de la Santísima Virgen María, invocando la luz y la fuerza del Espíritu para que seáis verdaderos testigos de Cristo. Por esto rezo y os bendigo, y os pido que recéis también por mí.

Roma, San Juan de Letrán, 29 de junio de 2020

Francisco