· Ciudad del Vaticano ·

Patrona de Europa

Judía, monja, mártir Edith une a los pueblos

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29 agosto 2020

Wojtyla: “Construyó un puente entre sus raíces y la adhesión a Cristo”


Esta mujer, completa y compleja, filósofa, monja carmelita con el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz, mártir y santa, fue nombrada patrona de Europa el 10 de octubre de 1999 por san Juan Pablo II. Las razones de la elección realizada por el Pontífice confirman la dimensión europea de su figura y de su pensamiento. Los aspectos fundamentales de su persona, destacados por el Papa, reiteran cuál debería ser el espíritu que unifica Europa. En la Carta apostólica  “Spe edificandi”, 1 de octubre de 1999 él subraya, entre otros, dos: Edith Stein “lanzó como un puente entre sus raíces judías y la adhesión a Cristo (…)  proclamando con el martirio las razones de Dios y del hombre en la inmensa vergüenza de la ‘shoah’” y manifestó “el núcleo profundo de la tragedia y de las esperanzas del continente europeo”. En la línea de la esperanza, precisamente, ella representa un ejemplo de respeto y de acogida en vista de la superación de las diversidades étnicas, culturales y religiosas y de la construcción de una comunidad europea fundada, en primer lugar, sobre la fraternidad y la solidaridad.

El interés político y religioso caracterizan su figura como mujer e intelectual. A su gran capacidad teórica, Stein unía la concreción a un nivel práctico: el decir y el hacer se colocaban, en tal modo, en una extraordinaria continuidad y circularidad, por lo que su vida y su obra están íntimamente ligadas. Estuvo muy involucrada en los hechos de su tiempo y por un breve periodo también estuvo involucrada en la actividad política como militante, precisamente porque su atención estaba dirigida a su patria. Sin embargo, su mirada se extendía más allá de las fronteras, mostrando un gran interés por los países que estaban en contacto más o menos directo con Alemania.

Como intelectual, dedica un extenso ensayo, Una investigación sobre el Estado, a la formación del Estado moderno, que, en su opinión, debe fundarse en una comunidad, la comunidad estatal. Esta afirmación va más allá de la idea actual de Estado, pensada principalmente solo como una estructura jurídica. Edith Stein también considera fundamental esta estructura, pero no podría realizarse en su forma impersonal, si no estuviera basada en la forma de asociación más válida y favorable para los seres humanos, precisamente, la comunidad. Precisamente porque la comunidad es la mejor forma humana de asociación, también es un destino ideal al que llegar con compromiso y tenacidad. Señala que vivimos en múltiples formas de comunidades que se incluyen recíprocamente y que van desde la familia al vínculo de amistad, a la comunidad religiosa y se extienden hacia la comunidad del pueblo y la estatal. De hecho, en la base del Estado como entidad jurídica se encuentran los seres humanos y, en particular, las personas que son sus “partidarios”, es decir, sus funcionarios, juegan un papel fundamental. El Estado vive a través de las personas y la garantía de su funcionamiento y de la supervivencia radica en la conciencia de pertenencia a una comunidad por parte de todos los que la constituyen; si esta conciencia falla, somos testigos de su fracaso.  Stein, por lo tanto, enfatiza la necesidad de un comportamiento ético que debería ser la base del vínculo personal y comunitario entre los miembros de la comunidad estatal. Si son personas las que forman una comunidad, estos lazos se establecen mediante la asunción de responsabilidad recíproca que lleva el título de “solidaridad”.

Las reflexiones de Stein son muy actuales y pueden ser aplicadas a la situación actual de Europa. Por un lado, se puede notar que en Europa no solo hay pueblos, sino Estados y cada Estado tiene su soberanía. ¿En qué medida abdicar a la propia soberanía para constituir un Estado unitario? La salida desde el punto de vista operativo se puede encontrar en formas de federalismo, pero lo importante y preliminar es que se establezca una comunidad estatal de orden superior que va más allá de los Estados nacionales. Uno se puede preguntar cuál es nuestra contribución como individuos. Dado que es posible pertenecer a varias comunidades al mismo tiempo, Stein nos sugiere que tomemos conciencia de este hecho y nos demos cuenta de que, también individualmente, podemos y debemos colaborar y dar nuestra aportación.

Después de su adhesión al catolicismo en 1922 no olvida el origen cristiano de Europa y este es el primer aspecto puesto en evidencia por Juan Pablo II. Puede preguntarnos cuál es para ella el papel de la religión en relación con la constitución de Europa. Precisamente en referencia a la noción de pueblo, Edith Stein afirma que la religión es fundamental. Se ve en ella la judía convertida cristiana, cuando afirma, refiriéndose a Jesucristo que, si hay un ser humano que es de importancia para toda la humanidad, se podría esperar que este debería estar libre de todo vínculo con un solo pueblo; en verdad, ella señala que, aunque Él, en cuanto Dios, cabeza de la humanidad, nació de un pueblo y en un pueblo, vivió en este pueblo y lo eligió como instrumento de redención para toda la humanidad.

En este pasaje se refiere a toda la humanidad y se puede observar, partiendo del pensamiento de Stein, que así como el individuo se desarrolla en las comunidades de un orden superior así un individuo, que es el Hijo de Dios, nace en una comunidad determinada y no para eliminar otras comunidades, sino para mantener todas las multiplicidades en una unidad superior. Juan Pablo II señaló que la presencia de Stein atestigua la continuidad entre dos comunidades, la del pueblo judío y la articulada y compleja de los Gentiles; ella los une, procurando que todos comprendan el lenguaje en el que se anuncia el mensaje de Cristo, como lo muestra Pentecostés.

En la serie de comunidades “intermedias” descritas por ella, que tienden hacia toda la humanidad, también podemos colocar a Europa, formada, a su vez, por una pluralidad de comunidades que han aceptado el mensaje de un judío, pero “Hijo del Hombre”, es decir Emanuele, Dios con nosotros: Jesucristo. Continuidad extraordinaria entre judaísmo y cristianismo.

Europa no puede prescindir de sus orígenes religiosos; sirven para apoyar y consolidar la actitud ética de respeto y unión mutua entre los pueblos que la conforman. Incluso si en nuestros días existe una tendencia a separar el momento ético del religioso, no debemos olvidar que los principios éticos en Europa han sido tomados del mensaje del Evangelio. Este mensaje confirma y exalta lo que ya está contenido en la conciencia moral humana y sirve de guía ante el abandono egoísta, como nos amonesta cada día el Papa Francisco con sus palabras y acciones.

Las indicaciones que podemos extraer de la vida y obras de Edith Stein no son genéricas, sino que están confirmadas por lo que está sucediendo en la difícil circunstancia en la que nos encontramos. Nos regocijamos cuando vemos que está emergiendo la actitud de solidaridad entre los pueblos europeos; de hecho, esto alimenta en nosotros la esperanza de lograr la cohesión humana sobre bases morales, que es indispensable para que podamos hablar de Europa como una comunidad abierta al mundo. Stein es un guía segura en este camino.

de Angela Ales Bello
Profesora emérita de Historia de la filosofía contemporánea en la Universidad Lateranense, es la editora de la traducción de las obras de Edith Stein. Ha editado ‘Edith Stein. Entre pasado y presente’ (2020, Castelvecchi)


Edith Stein


Nacimiento
Breslavia, 12 de octubre de 1891
Muerte Auschwitz, 9 de agosto de 1942
Venerada por Iglesia católica
Beatificación 1 de mayo de 1987 por el Papa Juan Pablo II
Canonización 11 octubre de 1998 por el Papa Juan Pablo II
Solemnidad 9 de agosto
Copatrona de Europa