· Ciudad del Vaticano ·

Corriendo juntos de la pobreza a la solidaridad

cq5dam.thumbnail.cropped.500.281.jpeg

La prefación de la ex maratoniana responsable del Equipo de los refugiados del Comité olímpico internacional

29 agosto 2020

Las tres prefaciones al libro «Mettersi in gioco. Pensieri del Papa sullo sport» (Involucrarse. Pensamiento del Papa sobre el deporte) han sido escritas por Alex Zanardi (que ha enviado el texto poco antes del grave accidente), por Francisco Totti  y por  la keniana Tegla Loroupe, una de las maratonianas más fuertes de todos los tiempos. La atleta, al concluir su carrera competitiva, ha constituido una fundación para apoyar el desarrollo socioeconómico del área encerrada entre el Cuerno de África y la región de los Grandes Lagos. Para el Comité Olímpico Internacional es responsable del Equipo de Refugiados que permite a los atletas que ya no tienen una nacionalidad participar en los Juegos Olímpicos. Aquí está el texto de su prefación.

Nací y crecí en una remota zona montañosa del condado de West Pokot, Kenia: la vida en esa tierra pobre no es un lecho de rosas. Mis padres, agricultores, han luchado para ganarse la vida.

Vivíamos en una casa de barro con techo de paja, durmiendo sobre pieles de animales esparcidas por el suelo. Compartí una manta vieja con una de mis hermanas. No dormí en un colchón real hasta que fui al colegio cuando era adolescente.

Por eso entiendo bien el testimonio y el mensaje de inclusión del Papa Francisco. También lo digo como deportista. Empecé a correr en la escuela primaria. Precisamente porque corría rápido, fui admitida en Nasokol Girls, una de las mejores escuelas de mi región. Luego estuve en la universidad en Nakuru donde seguí corriendo. Correr se ha convertido en mi vida, no en un juego.

En 1994 me convertí en la primera mujer africana en ganar el prestigioso Maratón de Nueva York. ¡Cuando estaba con mis 24 hermanos en una casa de barro no podía haber imaginado que lo habría logrado! También gané el Maratón de Nueva York en 1995.

He ganado, varias veces, los maratones de Berlín, Londres, Rotterdam y muchos más. Y cinco medallas de oro en los Campeonatos del Mundo. En el 2000 también gané el Maratón de Roma: una edición especial para mí porque era el año del Gran Jubileo.

Mi vida ha sido completamente transformada por estas experiencias. Correr me enseñó tantas lecciones de vida que todavía las llevo conmigo hoy.

Sí, correr me ha ayudado a superar los momentos más difíciles y soy testigo de cómo el deporte realmente cambia la vida. También en esto estoy totalmente de acuerdo con el Papa Francisco, apoyando sus palabras con mi propia experiencia como atleta.

Pero quise hacer más. En 2003 fui invitada a Indonesia para participar en una carrera organizada para comunicar un mensaje de paz después del grave ataque del 12 de octubre de 2002, que causó la muerte de más de 200 personas en Yakarta. Esa carrera por la paz en Indonesia fue un gran éxito. Confirmó mi convicción de que el deporte puede unir a las personas y curar heridas.

Regresé a casa e inmediatamente decidí instituir la Tegla Loroupe Peace Foundation - también soy embajadora de la ONU y de UNICEF para el deporte - precisamente para apoyar la convivencia pacífica también a través de las carreras.

Pensé en primer lugar en las comunidades rurales de Kenia, Uganda y todo Sudán: nuestros programas relanzan el diálogo entre todos, la reintegración en las comunidades de los que lucharon, la recuperación económica.

Con el deporte promovemos soluciones de conflictos e iniciativas para tratar de reducir la pobreza y para recuperar a las personas pobres. Pensamos en las escuelas para niños, muchos de los cuales las guerras han dejado huérfanos. El bienestar que despierta el deporte, en definitiva, no es solo un hecho físico sino que concierne a la persona en su conjunto y a sus relaciones.

Uno de los programas insignia de la Fundación es el deporte para los refugiados: se trata de brindarles nuevas oportunidades de vida. La enseñanza del Papa Francisco también nos apoya mucho en esto.

Nuestros esfuerzos ayudaron a que el Equipo de Refugiados fuera admitido en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016 por primera vez, bajo la protección del Comité Olímpico Internacional.

Estoy firmemente convencida que el deporte es un “instrumento” de paz y también de desarrollo social, que se debe promover con la idea - siempre afirmada por el Papa Francisco - de no dejar a nadie atrás, independientemente de las circunstancias en las que se encuentre.

de Tegla Loroupe