· Ciudad del Vaticano ·

Devolver la paz a Donbás

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En el Ángelus el Papa habla del alto al fuego en la atormentada región y desea un proceso efectivo de desarme y de eliminación de minas

27 julio 2020

Antes de la oración mariana el comentario a las parábolas del Reino de los cielos


Aliviado por la noticia de «un nuevo alto el fuego respecto a la zona de Donbás», el Papa Francisco — al finalizar el Ángelus del 26 de julio — ha elevado una oración para que vuelva  «la paz tan deseada» en esa «región atormentada».

La decisión tomada en Minsk por los miembros del Grupo de Contacto Trilateral fue definida por el Pontífice como un «signo de buena voluntad», con el deseo de que «lo que se acordó finalmente se ponga en práctica, también a través de un proceso efectivo de desarme y eliminación de las minas». Por otro lado, ha añadido Francisco, «solo así se podrá reconstruir la confianza y sentar las bases para la reconciliación, tan necesaria y tan esperada por la población».

Asomándose a medio día a la ventana del estudio privado del Palacio apostólico vaticano, el Papa antes de la oración mariana había comentado, como es habitual, el Evangelio del domingo (Mt 13, 44-52) para los muchos fieles presentes en la plaza de San Pedro — respetando las medidas de seguridad adoptadas para evitar la difusión del contagio del covid-19 — y para los que lo seguían a través de los medios de comunicación.

En particular, el Obispo de Roma se ha detenido en las primeras dos de las tres «parábolas del Reino de los cielos» narradas en el pasaje: en las que «es comparado con dos realidades diferentes “preciosas”», es decir al tesoro escondido en el campo y a la perla de gran valor. Gracias a ellas, ha indicado la que debería ser una característica fundamental de todo cristiano involucrado en la «construcción del Reino»: la «valentía». De las dos semejanzas del hombre y del mercader que se privan de los propios bienes «para comprar realidades más preciosas», se comprende cómo «se adhieren completamente al Reino» los que «están dispuestos a jugarse todo». Fundamentales son la responsabilidad y la implicación personal: porque si es verdad, ha subrayado el Papa, que en la construcción del Reino «todo lo hace la gracia» de Dios, es igualmente cierto que también es necesaria la «disponibilidad activa del hombre».

De aquí la invitación a todo cristiano a involucrarse, «a asumir la actitud de estos dos personajes evangélicos, convirtiéndonos también nosotros en buscadores sanamente inquietos». ¿Cómo? abandonando «la carga pesada de nuestras seguridades mundanas que nos impiden la búsqueda y la construcción del Reino: el anhelo de poseer, la sed de ganancia y poder, el pensar solo en nosotros mismos».

Jesús «es el tesoro escondido y la perla de gran valor» y para llegar a Él, ha continuado el Pontífice, los hombres deben ser capaces de «gestos radicales», solo de «ida», en un mundo que, con sus halagos, corre el riesgo de debilitar la fuerza de tales horizontes. De hecho ha explicado Francisco: «En nuestros días... la vida de algunos puede resultar mediocre y apagada porque probablemente no han ido a la búsqueda de un verdadero tesoro: se han conformado con cosas atractivas pero efímeras, de destellos brillantes pero ilusorios porque después dejan en la oscuridad». Pero «la luz del Reino no son fuegos artificiales» que duran «solamente un instante»; al contrario, esta «nos acompaña toda la vida». Así el Reino de los Cielos aparece precisamente como «lo contrario de las cosas superfluas que ofrece el mundo», el contrario «de una vida banal» y quien, ha concluido el Papa, «ha encontrado este tesoro tiene un corazón creativo y buscador, que no repite sino que inventa, trazando y recorriendo caminos nuevos», que llevan a amar a Dios, a los otros y a «nosotros mismo».