· Ciudad del Vaticano ·

Un nuevo «Directorio para la Catequesis»

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Publicado por el Pontificio consejo para la promoción de la nueva evangelización

25 junio 2020

Redactado por el Pontificio consejo para la promoción de la nueva evangelización, el nuevo «Directorio para la Catequesis» fue presentado en directo a través de vídeo el jueves, 25 de junio, en la Oficina de prensa de la Santa Sede. A continuación, publicamos de forma casi íntegra, la intervención del arzobispo presidente.

La publicación de un Directorio para la Catequesis representa un evento feliz para la vida de la Iglesia. En efecto, para quienes se dedican al gran compromiso de la catequesis puede marcar una provocación positiva porque permite experimentar la dinámica del movimiento catequético que siempre ha tenido una presencia significativa en la vida de la comunidad cristiana. El Directorio para la Catequesis es un documento de la Santa Sede confiado a toda la Iglesia. Ha requerido mucho tiempo y esfuerzo, y llega a la conclusión de una amplia consulta internacional. Se dirige en primer lugar a los obispos, primeros catequistas entre el pueblo de Dios, porque son los primeros responsables de la transmisión de la fe (cf. n. 114). Junto a ellos están implicadas las Conferencias episcopales, con sus respectivas Comisiones para la catequesis, para compartir y elaborar un esperado proyecto nacional que apoye el camino de cada diócesis (cf. n. 413). Los más directamente implicados en el uso del Directorio, sin embargo, siguen siendo los sacerdotes, los diáconos, las personas consagradas, y los millones de catequistas que diariamente ofrecen con gratuidad, fatiga y esperanza su ministerio en las diferentes comunidades. La dedicación con la que trabajan, sobre todo en un momento de transición cultural como éste, es el signo tangible de cómo el encuentro con el Señor puede transformar a un catequista en un genuino evangelizador.

A partir del Concilio Vaticano II lo que hoy presentamos es el tercer Directorio. El primero de 1971, Directorio catequístico general, y el segundo de 1997, Directorio general de la catequesis, marcaron estos últimos cincuenta años de historia de la catequesis. Estos textos han desempeñado un papel fundamental. Han sido una ayuda importante para dar un paso decisivo en el camino catequético, sobre todo renovando la metodología y la instancia pedagógica. El proceso de inculturación que caracteriza en particular a la catequesis y que, sobre todo en nuestros días, demanda una atención muy particular, ha requerido la composición de un nuevo Directorio.

La Iglesia se enfrenta a un gran desafío que se concentra en la nueva cultura con la que se encuentra, la digital. Focalizar la atención en un fenómeno que se impone como global, obliga a quienes tienen la responsabilidad de la formación a no tergiversar. A diferencia del pasado, cuando la cultura se limitaba al contexto geográfico, la cultura digital tiene un valor que se ve afectado por la globalización en curso y determina su desarrollo. Los instrumentos creados en esta década manifiestan una transformación radical de los comportamientos que inciden sobre todo en la formación de la identidad personal y en las relaciones interpersonales. La velocidad con que se modifica el lenguaje, y con él las relaciones conductuales, deja entrever un nuevo modelo de comunicación y de formación que afecta inevitablemente también a la Iglesia en el complejo mundo de la educación. La presencia de las diversas expresiones eclesiales en el vasto mundo de Internet es ciertamente un hecho positivo, pero la cultura digital va mucho más allá. Ella toca de raíz la cuestión antropológica, decisiva en todo contexto formativo, sobre todo en lo referente a la verdad y a la libertad. Plantear esta cuestión, hace necesario verificar la idoneidad de la propuesta formativa independientemente de dónde provenga. En cualquier caso, ella se convierte en una confrontación imprescindible para la Iglesia en virtud de su “competencia” sobre el hombre y su pretensión de verdad.

Quizás, sólo por esta premisa, era necesario un nuevo Directorio para la catequesis. En la era digital, veinte años son comparables, sin exageración, al menos a medio siglo. De aquí se deriva la exigencia de redactar un Directorio que tomase en consideración con gran realismo la novedad que se asoma, con el intento de proponer una lectura que implicara la catequesis. Por este motivo, el Directorio no sólo presenta los problemas inherentes a la cultura digital, sino sugiere también cuáles caminos seguir para que la catequesis se convierta en una propuesta que encuentre al interlocutor en condiciones de comprenderla y de ver su adecuación con el propio mundo.

Existe, sin embargo, una razón más de orden teológico y eclesial que ha llevado a redactar este Directorio. La invitación a vivir cada vez más la dimensión sinodal, no se pueden olvidar los últimos Sínodos que ha vivido la Iglesia. En 2005 la Eucaristía, fuente y cumbre de la vida y misión de la Iglesia; en 2008 la Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia; en 2015 la vocación y misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo; en 2018 los Jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Como se puede observar, hay constantes en todas estas asambleas que tocan de cerca el tema de la evangelización y de la catequesis como puede verificarse en los documentos que les han seguido. Más concretamente, es necesario referirse a dos sucesos que marcan de manera complementaria la historia de este última década en lo que respecta a la catequesis: el Sínodo sobre la Nueva evangelización y la transmisión de la fe en 2012, con la consiguiente Exhortación Apostólica del Papa Francisco Evangelii gaudium, y el vigésimo quinto aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, ambos directamente de la competencia del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización.

La evangelización ocupa el lugar principal en la vida de la Iglesia y en la enseñanza cotidiana del Papa Francisco. No podría ser de otra manera. La evangelización es la tarea que el Señor resucitado confió a su Iglesia para ser en el mundo de todos los tiempos el fiel anuncio de su Evangelio. Prescindir de este presupuesto equivaldría a convertir a la comunidad cristiana en una de las muchas asociaciones beneméritas, fuerte durante sus dos mil años de historia, pero no la Iglesia de Cristo. La perspectiva del Papa Francisco, entre otras cosas, se sitúa en fuerte continuidad con la enseñanza de san Pablo VI en la Evangelii nuntiandi de 1975. Ambos no hacen más que referirse a la riqueza surgida del Vaticano II que, en lo referente a la catequesis, encontró su punto focal en Catequesis tradendae (1979) de san Juan Pablo II.

La catequesis, por lo tanto, debe estar íntimamente unida a la obra de evangelización y no puede prescindir de ella. Necesita asumir en sí las características mismas de la evangelización, sin caer en la tentación de convertirse en un sustituto o querer imponer a la evangelización sus propias premisas pedagógicas. En esta relación la primacía pertenece a la evangelización, no a la catequesis. Esto nos permite entender por qué a la luz de Evangelii gaudium, este Directorio está calificado para apoyar una “catequesis kerigmática”.

El corazón de la catequesis es el anuncio de la persona de Jesucristo, que va más allá de los límites del espacio y del tiempo para presentarse a cada generación como la novedad que se ofrece para alcanzar el sentido de la vida. En esta perspectiva, se indica una nota fundamental que la catequesis debe hacer suya: la misericordia. El kerygma es anuncio de la misericordia del Padre que sale al encuentro del pecador, no considerado más como un excluido sino como un invitado privilegiado al banquete de la salvación que consiste en el perdón de los pecados. Si se quiere, es en este contexto que la experiencia del catecumenado toma fuerza como experiencia del perdón ofrecido y de la vida nueva de comunión con Dios que se sigue de ahí.

La centralidad del kerygma, sin embargo, debe entenderse en sentido cualitativo no temporal. En efecto, requiere estar presente en todas las fases de la catequesis y de cada catequesis. Es el “primer anuncio” que siempre se hace porque Cristo es el único necesario. La fe no es algo obvio que se recupera en los momentos de necesidad, sino un acto de libertad que compromete toda la vida. El Directorio, pues, hace suya la centralidad del kerygma que se expresa en sentido trinitario como compromiso de toda la Iglesia. La catequesis, como expresa el Directorio, se caracteriza por esta dimensión y por las implicaciones que conlleva en la vida de las personas. Toda la catequesis, en este horizonte, adquiere un valor peculiar que se expresa en la profundización constante del mensaje evangélico. La catequesis, en definitiva, tiene como objetivo conducir al conocimiento del amor cristiano que lleva a quienes lo han acogido a convertirse en discípulos evangelizadores.

El Directorio se articula tocando varios temas que no hacen más que remitir al objetivo de fondo. Una primera dimensión es la mistagogía que se presenta a través de dos elementos complementarios entre sí: ante todo, una renovada valorización de los signos litúrgicos de la iniciación cristiana; además, la progresiva maduración del proceso formativo en el que está implicada toda la comunidad. La mistagogia es un camino privilegiado a seguir, pero no es opcional en el itinerario catequético, permanece como un momento obligatorio porque inserta cada vez más en el misterio que se cree y se celebra. Es la conciencia de la primacía del misterio lo que lleva a la catequesis a no aislar el kerygma de su contexto natural. El anuncio de la fe es siempre anuncio del misterio del amor de Dios que se hace hombre para nuestra salvación. La respuesta no puede ser otra que la acogida del misterio de Cristo en sí mismo para que pueda arrojar luz sobre el misterio de la propia experiencia personal (cf.GS 22).

Otra novedad del Directorio es el vínculo entre la evangelización y el catecumenado en sus diversas acepciones (cf. n.62). Es urgente llevar a cabo una “conversión pastoral” para liberar a la catequesis de ciertos lazos que le impiden ser eficaz. El primero se puede identificar con el esquema de la escuela, según el cual la catequesis de la iniciación cristiana se vive sobre el paradigma de la escuela. El catequista sustituye al maestro, el aula de la escuela se sustituye por la del catecismo, el calendario escolar es idéntico al de la catequesis... El segundo es la mentalidad según la cual la catequesis se hace para recibir un sacramento. Es obvio que una vez terminada la Iniciación, se crea un vacío para la catequesis. El tercero es la instrumentalización del sacramento por parte de la pastoral, de modo que los tiempos de la Confirmación se establecen por la estrategia pastoral de no perder el pequeño rebaño de jóvenes que queda en la parroquia y no por el significado que el sacramento posee en sí mismo en la economía de la vida cristiana.

El Papa Francisco escribió que “Anunciar a Cristo significa mostrar que creer en Él y seguirlo no es sólo algo verdadero y justo, sino también bello, capaz de colmar la vida de un nuevo resplandor y de un gozo profundo, aun en medio de las pruebas. En esta línea, todas las expresiones de verdadera belleza pueden ser reconocidas como un sendero que ayuda a encontrarse con el Señor Jesús… Entonces se vuelve necesario que la formación en la via pulchritudinis esté inserta en la transmisión de la fe (EG 167). Una nota de particular valor innovador para la catequesis puede expresarse por la vía de la belleza sobre todo para permitir conocer el gran patrimonio de arte, literatura y música que posee cada Iglesia local. En este sentido, es comprensible que el Directorio haya colocado el camino de la belleza como una de las “fuentes” de la catequesis (cf. nn. 106-109).

Una última dimensión ofrecida por el Directorio se encuentra en ayudar a entrar progresivamente en el misterio de la fe. Esta connotación no puede ser delegada a una sola dimensión de la fe o la catequesis. La teología indaga el misterio revelado con los instrumentos de la razón. La liturgia celebra y evoca el misterio con la vida sacramental. La caridad reconoce el misterio del hermano que extiende la mano. La catequesis, de la misma manera, nos introduce progresivamente a acoger y vivir el misterio globalmente en nuestra existencia diaria. El Directorio hace suya esta visión cuando pide expresar una catequesis que sepa hacerse cargo de mantener unido el misterio aunque lo articule en las diversas fases de expresión. El misterio cuando es captado en su realidad más profunda, requiere silencio. Una verdadera catequesis nunca estará tentada a decir todo sobre el misterio de Dios. Por el contrario, ella deberá introducir el camino de la contemplación del misterio haciendo del silencio su conquista.

Por lo tanto, el Directorio presenta la catequesis kerygmática no como una teoría abstracta, sino más bien como un instrumento con un fuerte valor existencial. Esta catequesis encuentra su punto de apoyo en el encuentro que permite experimentar la presencia de Dios en la vida de cada uno. Un Dios cercano que ama y sigue los acontecimientos de nuestra historia porque la encarnación del Hijo lo compromete directamente. La catequesis debe involucrar a todos, catequista y catequizando, en la experiencia de esta presencia y en el sentirse involucrado en la obra de la misericordia. En resumen, una catequesis de este género permite descubrir que la fe es realmente el encuentro con una persona antes de ser una propuesta moral, y que el cristianismo no es una religión del pasado, sino un acontecimiento del presente. Una experiencia como ésta favorece la comprensión de la libertad personal, porque resulta ser el fruto del descubrimiento de una verdad que hace libre (cf. Jn 8,31).

La catequesis que da la primacía al kerygma es contraria a cualquier imposición, aunque fuese aquella de una evidencia que no permita vías de escape. La elección de fe, de hecho, antes de considerar los contenidos a los cuales adherirse con el propio asentimiento, es un acto de libertad porque se descubre amado. En este contexto, es bueno considerar cuidadosamente lo que el Directorio propone en cuanto a la importancia del acto de fe en su doble articulación (cf. n. 18). Por mucho tiempo la catequesis ha centrado sus esfuerzos en dar a conocer los contenidos de la fe y con qué pedagogía transmitirlos, dejando desgraciadamente de lado el momento más determinante: el acto de elegir la fe y dar el propio asentimiento.

Esperamos que este nuevo Directorio para la Catequesis pueda ser de verdadera ayuda y apoyo a la renovación de la catequesis en el único proceso de evangelización que la Iglesia no se ha cansado de llevar a cabo desde hace dos mil años, para que el mundo pueda encontrar a Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios hecho hombre para nuestra salvación.

De Rino Fisichella