· Ciudad del Vaticano ·

Creyentes unidos para invocar el fin de la pandemia

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La oración del Pontífice en Santa Marta con ocasión de la Jornada convocada por el Alto comité para la fraternidad humana

14 mayo 2020

El Comité superior para la Fraternidad Humana ha convocado hoy una jornada de oración y ayuno, para pedir a Dios misericordia y piedad en este momento trágico de la pandemia. Todos somos hermanos. Decía san Francisco de Asís: “Todos hermanos”. Y por esto, hombres y mujeres de todas las confesiones religiosas nos unimos hoy en oración y penitencia, para pedir la gracia de la curación de esta pandemia.

En la primera lectura escuchamos la historia de Jonás, en el estilo de la época (cf. Jonás 3, 1-10). Dado que había “alguna pandemia”, no sabemos, en la ciudad de Nínive, quizás una “pandemia moral”, [la ciudad] estaba a punto de ser destruida (cf. v. 4). Y Dios envía a Jonás a predicar: oración y penitencia, oración y ayuno (cf. vv. 7-8). Ante esa pandemia, [en un primer momento] Jonás se asustó y escapó (cf. Jonás 1, 3). Después el Señor lo llamó por segunda vez y el aceptó ir a predicar esto (cf. Jon 3, 1-3). Y hoy todos nosotros, hermanos y hermanas de todas las tradiciones religiosas, rezamos: día de oración y ayuno, de penitencia, convocada por el Comité superior para la Fraternidad Humana. Cada uno de nosotros reza, las comunidades rezan, las confesiones religiosas rezan, rezan a Dios: todos hermanos, unidos en la fraternidad que nos une en este momento de dolor y tragedia.

No esperábamos esta pandemia, llegó sin que lo esperáramos, pero ahora está aquí. Y mucha gente muere. Mucha gente muere sola y mucha gente muere sin poder hacer nada. Puede que a veces pensemos: “A mí esto no me toca, gracias a Dios me he salvado”. ¡Pero piensa en los demás! Piensa en la tragedia y también en las consecuencias económicas, las consecuencias en la educación, las consecuencias..., lo que sucederá después. Y por eso hoy, todos, hermanos y hermanas, de cualquier confesión religiosa, rezamos a Dios. Quizás haya alguien que diga: “Esto es relativismo religioso y no se puede hacer”. Pero, ¿cómo que no se puede hacer, rezar al Padre de todos? Cada uno reza como sabe, como puede, como lo ha recibido de su propia cultura. No estamos rezando unos contra otros, esta tradición religiosa contra aquella, ¡no! Todos estamos unidos como seres humanos, como hermanos, rezando a Dios, según la propia cultura, según la propia tradición, según las propias creencias, pero hermanos y rezando a Dios, ¡esto es lo importante! Hermanos, ayunando, pidiéndole perdón a Dios por nuestros pecados, para que el Señor tenga misericordia de nosotros, para que el Señor nos perdone, para que el Señor detenga esta pandemia. Hoy es un día de fraternidad, mirando al único Padre: hermanos y paternidad. Día de oración.

Nosotros, el año pasado, en noviembre del año pasado, no sabíamos qué era una pandemia: vino como un diluvio, vino de repente. Ahora nos estamos despertando un poco. Pero hay muchas otras pandemias que hacen morir a la gente y no nos damos cuenta, miramos para otro lado. Somos un poco inconscientes ante las tragedias que están sucediendo en el mundo en este momento. Solo quisiera mencionar una estadística oficial de los primeros cuatro meses de este año, que no habla de la pandemia de coronavirus, habla de otra. En los primeros cuatro meses de este año, 3 millones y 700 mil personas murieron de hambre. Existe la pandemia del hambre. En cuatro meses, casi 4 millones de personas. Esta oración de hoy, para pedirle al Señor que pare esta pandemia, debe hacernos pensar en las otras pandemias del mundo. ¡Hay muchas! La pandemia de las guerras, del hambre y muchas otras. Pero lo importante es que hoy —juntos y gracias al coraje que ha tenido este Comité superior para la Fraternidad Humana—, juntos hemos sido invitados a rezar cada uno según su propia tradición y a hacer un día de penitencia, ayuno y también de caridad, de ayuda a los demás. Esto es lo importante. En el libro de Jonás, escuchamos que el Señor, cuando vio cómo había reaccionado el pueblo, que se había convertido, se detuvo, detuvo lo que quería hacer.

Que Dios detenga esta tragedia, detenga esta pandemia. Que Dios se apiade de nosotros y detenga también otras pandemias horribles: la del hambre, la de la guerra, la de los niños que no reciben educación. Y pidamos esto como hermanos, todos juntos. Que Dios  bendiga a todos y tenga piedad de nosotros.