· Ciudad del Vaticano ·

Por la unidad de Europa

cq5dam.thumbnail.cropped.500.281.jpeg

La oración del Papa en el día de la fiesta de la santa patrona de Italia y del “viejo continente”

29 abril 2020

En la audiencia general el llamamiento para que se detengan las persecuciones contra los cristianos en el mundo


En la fiesta de Santa Catalina de Siena, doctora de la Iglesia, patrona de Italia y del viejo continente, el Papa Francisco instó a rezar “por Europa, por la unidad de Europa, por la unidad de la Unión Europea”, para que “todos juntos podamos avanzar como hermanos”. Con esta intención el Pontífice ofreció la misa celebrada a primera hora de la mañana del miércoles 29 de abril en Santa Marta, como lo hace diariamente para testimoniar la mayor cercanía al pueblo de Dios desde que se desató la emergencia del coronavirus, con las consiguientes medidas de distanciamiento social encaminadas a contener la propagación del contagio.

Y si en la homilía hablaba entonces de la necesidad de vivir la fe de una manera concreta y al mismo tiempo simple y directa -como hacen los niños y los jóvenes “que dicen lo que sienten”- fue en la audiencia general en la biblioteca privada del Palacio Apostólico Vaticano cuando Francisco volvió a remarcar la importancia de Catalina, como “una gran figura de mujer”, influyente “incluso en los más altos niveles civiles y eclesiásticos”. Con la esperanza, expresada en los saludos a los fieles de lengua italiana, de que “su ejemplo ayude a cada uno a saber unir, con coherencia cristiana, un amor intenso a la Iglesia con una preocupación efectiva por la comunidad civil, especialmente en este tiempo de prueba”. De ahí la invocación a la santa sienesa -después de una petición similar de intercesión dirigida a San José en su saludo a los peregrinos franceses- para que “proteja a Italia durante esta pandemia” y “proteja a toda Europa para que permanezca unida”.

Anteriormente, el Pontífice había completado el ciclo de catequesis dedicado a las Bienaventuranzas evangélicas, comentando la última de ellas, refiriéndose a los “perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5, 10). “En este momento”, dijo a este respecto, “hay muchos cristianos sufriendo... en varias partes del mundo”, por lo que “debemos esperar y rezar para que su tribulación se detenga cuanto antes”: ellos, de hecho, “son los miembros sangrantes del cuerpo de Cristo que es la Iglesia”. Además, señaló, si por un lado “el cristiano está siempre tentado de hacer compromisos con el mundo”; por otro, su negativa, siguiendo el camino indicado por Jesús, atrae la hostilidad y la furia. Pero esta dicha asegura la consoladora certeza de que toda “persecución al final es causa de alegría y gran recompensa en el cielo”.