· Ciudad del Vaticano ·

El contagio de la esperanza

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En la mañana de Pascua el mensaje «Urbi et orbi» del Papa Francisco

14 abril 2020

Este no es el tiempo de la indiferencia, de los egoísmos y de las divisiones sino de la solidaridad


Con el pensamiento siempre dirigido hacia “los que han sido afectados directamente por el coronavirus”,también  en el Domingo de Pascua - y no podía ser de otra manera - el Papa Francisco relanzó un mensaje de esperanza para la ciudad y el mundo. Impartiendo la tradicional bendición Urbi et orbi frente al altar de la Confesión - y no como es habitual en la Logia central - de la Basílica Vaticana, Francisco recurrió una vez más al lenguaje vivo de las imágenes para hacer resonar la voz de la Iglesia, que al anunciar la resurrección de Cristo transmite a la humanidad “el contagio de la esperanza”. No se trata de “una fórmula mágica” capaz de hacer “desaparecer los problemas”, advirtió. Porque, explicó, la victoria de Jesús no “anula” el sufrimiento sino que transforma las heridas de su cuerpo crucificado en “lumbreras de esperanza”.

Y si, como señaló el Pontífice, “en estas semanas, la vida de millones de personas cambió repentinamente”, por lo que entonces este no puede ser “el tiempo de la indiferencia”, ni “del egoísmo” o “de las divisiones”, porque el desafío de la pandemia “nos une a todos y no hace acepción de personas”: especialmente en la Unión Europea, donde Francisco deseó “que todos se reconozcan parte de una única familia y se sostengan mutuamente”.

Como de costumbre, el Papa hizo entonces una especie de revisión del estado de salud del mundo, recordando a los países que sufren como consecuencia de los conflictos y relanzando “al llamamiento por un alto el fuego global e inmediato en todos los rincones” del planeta donde hay focos de violencia: Siria, Yemen, Iraq, Líbano, Tierra Santa, en las regiones orientales de Ucrania y en varios países africanos; sin olvidar las crisis humanitarias, como la del norte de Mozambique, ni la tragedia de los migrantes en Libia, en la frontera entre Grecia y Turquía o en la isla de Lesbos, ni la grave situación de Venezuela.

La noche anterior, durante la vigilia del Sábado Santo, el Papa había emitido una severa advertencia contra la producción y el comercio de armas y contra los abortos, pidiendo a los cristianos que fueran heraldos de la vida. En Regina Caeli, rezado al mediodía del lunes del Ángel - después de reanudar la misa matinal habitual en Santa Marta, celebrada también al día siguiente - el Papa alabó el valor de las mujeres.