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Violencia feroz contra personas inermes

· Benedicto XVI condena el gravísimo atentado en la catedral sirocatólica de Bagdad ·

Desde hace años los cristianos «se han convertido en objeto de bárbaros ataques» que «quieren minar la confianza y la convivencia civil». Lo escribe Benedicto XVI en un mensaje enviado a monseñor Athanase Matti Shaba Matoka, arzobispo de Bagdad de los sirocatólicos, en el funeral —el 2 de noviembre— por las víctimas del gravísimo ataque terrorista perpetrado contra la catedral sirocatólica de Irak. Publicamos el texto íntegro del mensaje pontificio:

Profundamente conmovido por la muerte violenta de tantos fieles y de los sacerdotes Tha’ir Saad y Boutros Wasim, con ocasión del sagrado rito de exequias quiero hacerme partícipe espiritualmente, mientras rezo para que estos hermanos y hermanas sean acogidos por la misericordia de Cristo en la casa del Padre.

Desde hace años este amado país sufre indecibles penas y también los cristianos se han convertido en objeto de bárbaros ataques que, con total desprecio de la vida, don inviolable de Dios, quieren minar la confianza y la convivencia civil.

Renuevo mi llamamiento para que el sacrificio de estos hermanos y hermanas nuestros sea semilla de paz y de verdadero renacimiento, y para que todos los que desean la reconciliación, la convivencia fraterna y solidaria, encuentren motivo y fuerza para obrar el bien.

A todos vosotros, queridos hermanos e hijos, os envío mi confortadora bendición apostólica, que de buen grado extiendo a los heridos y a vuestras familias tan duramente probadas.

Después de rezar el Ángelus, el lunes 1 de noviembre, solemnidad de Todos los Santos, el Papa había dicho:

Ayer por la tarde, en un gravísimo atentado en la catedral sirocatólica de Bagdad, hubo decenas de muertos y heridos, entre ellos dos sacerdotes y un grupo de fieles reunidos con motivo de la santa misa dominical. Rezo por las víctimas de esta absurda violencia, tanto más feroz cuanto que ha golpeado a personas inermes, reunidas en la casa de Dios, que es casa de amor y reconciliación. Expreso, además, mi afectuosa cercanía a la comunidad cristiana, que ha sido golpeada de nuevo, y aliento a todos los pastores y fieles a ser fuertes y firmes en la esperanza. Por último, ante los crueles episodios de violencia que siguen desgarrando a las poblaciones de Oriente Medio, quiero renovar mi apremiante llamamiento a la paz: la paz es don de Dios, pero también es el resultado de los esfuerzos de los hombres de buena voluntad, de las instituciones nacionales e internacionales. Que todos unan sus fuerzas para que termine toda violencia.

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24 de Marzo de 2019

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