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Una luz que brilla y da calor

· Publicado el mensaje del Sínodo a las familias ·

«Cristo quiso que su Iglesia sea una casa con la puerta siempre abierta, recibiendo a todos sin excluir a nadie». Lo recuerdan los padres del Sínodo de los obispos en el nuntius, el usual mensaje al pueblo de Dios publicado el sábado 18 de octubre, por la mañana, durante la decimocuarta y penúltima congregación general de la asamblea extraordinaria dedicada a la familia.

En el texto —aprobado por la gran mayoría de los presentes en el aula— el Sínodo expresa su agradecimiento «a los pastores, a los fieles y a las comunidades dispuestos a acompañar y a hacerse cargo de las heridas interiores y sociales de los matrimonios y de las familias». Pero asegura «admiración y gratitud» también «a todas las familias de los distintos continentes y en particular a aquellas que siguen a Cristo, que es camino, verdad y vida» por «el testimonio cotidiano» que ofrecen a la Iglesia y al mundo.

Los padres reconocen que en la vida familiar «se viven a menudo luces y sombras, desafíos emocionantes y a veces también pruebas dramáticas». Y «la oscuridad —especifican— se vuelve más densa, hasta convertirse en tinieblas, cuando se introducen el mal y el pecado en el corazón mismo de la familia». El mensaje hace referencia, en especial, a los desafíos de la fidelidad, a las crisis matrimoniales, a los sufrimientos, a las dificultades económicas y a la pobreza, a las heridas provocadas por guerras, violencias, abusos, explotación y migraciones. «Reclamamos —afirman los obispos— a los gobiernos y a las organizaciones internacionales que promuevan los derechos de la familia para el bien común».

El Sínodo invita también a dirigir la mirada hacia «la luz que resplandece al atardecer detrás de las ventanas en los hogares de las ciudades, en las modestas casas de las periferias o en los pueblos, y también en viviendas muy precarias. Brilla y da calor a cuerpos y almas». Una luz que «se enciende con el encuentro», porque «el amor del hombre y de la mujer —reconocen los padres— nos enseña que cada uno necesita al otro para llegar a ser él mismo, si bien se mantiene distinto del otro en su identidad, que se abre y se revela en el mutuo don». De aquí la invitación a abrirse al don de la vida, a la educación en la fe, al compartir con los demás, con la consciencia de que «la cima que recoge y unifica todos los hilos de la comunión con Dios y con el prójimo es la Eucaristía dominical». Y precisamente por esto, explican los padres, «en la primera etapa de nuestro camino sinodal, hemos reflexionado sobre el acompañamiento pastoral y sobre el acceso a los sacramentos de los divorciados en nueva unión».

Texto del mensaje 

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27 de Junio de 2019

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