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Una Iglesia que sabe mediar

· Entrevista al obispo de Tshumbe en la República Democrática del Congo ·

Un desafío, una oportunidad y, sobre todo, un testimonio de la cercanía de la Iglesia con la población. Esta ha sido la obra de mediación emprendida durante las semanas pasadas en la República Democrática del Congo y gracias a la cual ha sido posible detener las violencias que amenazaban la ya frágil estabilidad del país. Ha hablado al «L'Osservatore Romano» el obispo de Tshumbe, monseñor Nicolas Djomo Lola, ya presidente del episcopado y uno de los artífices del acuerdo.

¿Cómo se ha alcanzado el acuerdo?

Los jefes de estado, reunidos en Angola el pasado mes de octubre para la cumbre convocado por la Conferencia Internacional sobre la región de los Grandes Lagos, por la ONU y por otros organismos regionales, han aconsejado al presidente Joseph Kabila que ponga en manos de la Conferencia Episcopal la mediación, teniendo en cuenta la influencia de la Iglesia, de sus relaciones con la clase política, y sobre todo de su presencia en la base de la sociedad. Hemos emprendido negociaciones con las dos partes del conflicto: por un lado los firmantes de un acuerdo sigilado el 18 de octubre en Kinshasa –es decir, los representantes de la mayoría presidencial, de una parte de la sociedad civil y de una pequeña parte de la oposición – y por la otra parte la mayor parte de la oposición. Por consiguiente hemos reunido durante estas semanas a toda la clase política: a los miembros de la oposición, con su gran diversidad, y a los de la mayoría presidencial. Teniendo en cuenta la confianza depositada en la Iglesia, todos han respondido a nuestra llamada y hemos podido negociar durante tres semanas un compromiso político para alcanzar un acuerdo que permita a la clase política gobernar juntos el país hasta las próximas elecciones. El aspecto más importante del acuerdo es el hecho de que el presidente Kabila no volverá a presentar su candidatura para un tercer mandato pero continuará ejerciendo su cargo hasta las próximas elecciones, con el presupuesto de que se debe asegurar la continuidad del estado. La constitución lo permite. Kabila además se ha comprometido a no modificar la constitución, ni con un referéndum ni por vía parlamentaria durante el periodo de congestión. Esto ha reducido las tensiones entre la población que ha vuelto a esperar una mayor alternancia política. Es el punto más importante del acuerdo, mientras esta semana estamos trabajando en las modalidades de aplicación.

¿Cuáles son los puntos que hay que debatir?

Durante esta fase provisional, se trata de hablar de la figura del primer ministro, que debería ser expresión de la oposición, de hablar del formato del gobierno que guiará al país hacia las elecciones. Es necesario pensar en la repartición de papeles entre partidos. Se trata también de hablar del consejo nacional de vigilancia del acuerdo y, después, de los tiempos: cuando se produzca el nombramiento del primer ministro, cuando el gobierno será aprobado por el parlamento y así sucesivamente. Hemos pedido a nuestros interlocutores que encuentren una solución lo antes posible. Deberíamos alcanzar muy pronto un acuerdo.

¿La mediación realizada en vuestro país puede ser considerada como un modelo exportable a otras zonas del continente golpeadas por la violencia étnica y política?

Diría que sí. Ante todo porque la Iglesia en África goza de una gran credibilidad gracias a su estatura moral y a su cercanía a la población civil. Los sacerdotes y obispos no tienen ninguna ambición de poder. La neutralidad de la Iglesia inspira confianza, por eso pensamos que el modelo se pueda extender fácilmente a otras regiones en guerra. En Burundi, por ejemplo, el episcopado está actuando en una situación muy delicada. También en la República Centroafricana, la Iglesia ha desempeñado un papel de gran importancia promoviendo el diálogo entre las diversas confesiones religiosas.

¿Este modelo puede funcionar de manera estable o será necesario mantener la vigilancia siempre alta?

Me permita, antes de nada expresar nuestra gratitud al Papa, porque nos ha apoyado mucho desde el principio. Nuestra Conferencia Episcopal ha sido recibida en audiencia el pasado 19 de diciembre precisamente para recibir ánimos en esta difícil labor. En realidad, la situación es todavía realmente muy frágil y las mismas fuerzas políticas nos piden acompañar el futuro proceso político. Es necesario llegar a organizar las elecciones, con todas las problemáticas que de ello derivarán. En cualquier caso, como he dicho, la clase política ha expresado su deseo de que el episcopado esté atento. Y esto para nosotros es una verdadera oportunidad.

¿Cómo consigue la Iglesia estar al lado de la población? Pensamos en particular en las mujeres, a menudo víctimas de violencias sexuales usadas como arma de guerra.

La Iglesia tiene numerosas instituciones sociales en todo el país, a partir de Cáritas. Estas están muy ocupadas con la atención a las víctimas de la violencia, en particular a mujeres y a niños. Una vez más, nuestras estrechas relaciones con los exponentes del estado y con nuestros socios internacionales se revelan preciosos para detener la violencia común, especialmente en el este del país. Sabemos que estas violencias están vinculadas con la riqueza, sobre todo en Kivu. Cuyas sociedades exportadoras de minerales financian y arman a pequeños grupos que aterrorizan a la población. Hemos interpelado directamente a la Unión Europea, a las Naciones Unidas y al Congreso Estadounidense con el fin de que se pueda alcanzar una legislación internacional capaz de regular la explotación de las minas, y para hacer de manera que la actividad minera no sea sinónimo de violencia y sometimiento. Estamos usando todos los medios posibles para encontrar una solución y poner fin a este fenómeno dramático.

¿África puede confiar en un futuro sin violencia?

Los conflictos tienen diversas causas. En la región de los Grandes lagos, se trata a menudo de causas económicas y en nuestro país, como se ha dicho, están vinculados a la explotación minera para la extracción de minerales preciosos que serán utilizados en el campo informático. Es necesario hacer emerger una clase política para quien sea vital el interés común, y esto es posible sólo a través de la educación. Es necesario poder contar con hombres políticos honestos, que trabajen para el propio país y no para si mismos. Sólo así se podrá llegar a un verdadero estado de derecho, con una justicia sólida y ecua. Y sólo así podrá nacer un sistema que pueda funcionar y proteger a los más frágiles, en particular a las mujeres y a los niños. En definitiva, se trataría de seguir las enseñanzas de la doctrina social de la Iglesia y nosotros trabajamos en este sentido. Para el futuro y para dar vida a una nueva sociedad congoleña.

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