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Una Iglesia del sí

· Presentación de las relaciones de los círculos menores ·

Un sentido agradecimiento al Papa Francisco en nombre de todos los patriarcas presentes. Así inició la homilía del patriarca Sako durante la hora Tercia, que rezó la asamblea sinodal el viernes 9 de octubre, por la mañana. El llamamiento del Pontífice por la paz en Oriente Medio y en África inspiró la reflexión del patriarca de Babilonia de los caldeos, quien habló de los «desafíos de la fe» que «comprometen tanto a los pastores como a los fieles». Hoy —destacó— «lamentablemente muchos cristianos se avergüenzan de su fe», y en cambio la fe se debe vivir con valentía «en la vida cotidiana». Puede ser útil para todos, en este sentido, escuchar las experiencias de los cristianos iraquíes perseguidos.

Después de la oración, la asamblea —reunida para la cuarta congregación general presidida por el cardenal Damasceno Assis, en presencia de 266 padres sinodales— se dispuso para la escucha de las relaciones de los círculos menores. De las que se percibió cómo los padres están en búsqueda, para el documento final, de un lenguaje más sencillo, directo y participativo, que ponga de relieve no sólo los desafíos y los problemas que debe afrontar la familia en todo el mundo, sino también y sobre todo la belleza y la esperanza que siembran cada día las familias que viven a la luz del Evangelio.

Es el dato casi común en las trece relaciones presentadas, síntesis del trabajo de los también trece círculos menores que —divididos en cinco grupos lingüísticos (español, francés, inglés, italiano y alemán)— miércoles y jueves se reunieron para debatir y proponer las oportunas modificaciones a la primera parte del Instrumentum laboris.

Con la entrega de los «modos» —es decir de las correcciones y añadidos a las proposiciones del documento— elaborados por los padres, el Sínodo ha llegado de este modo a su primer paso clave. Sobre estos resultados trabajará ahora la comisión para la elaboración de la relación final.

Intervino en primer lugar el arzobispo Kurtz, relator del círculo inglés A. «Que el Sínodo —dijo entre otras cosas— anuncie la esperanza de Jesús como su primera y última palabra». El grupo de trabajo propone apuntar mayormente hacia un mensaje positivo, hacia signos de renovación que se encuentran en la realidad. Entre las sugerencias, una especial atención al tema de las familias que se ven obligadas a emigrar y a las marcadas por el dolor y la falta de formación. En este sentido se apunta a solicitar en mayor medida a la política y se recomienda tener un «tono más global» y menos «eurocéntrico».

Una invitación, esta última, repetida también en la intervención del arzobispo Chaput, relator del círculo inglés D: el Instrumentum laboris —dijo— revela un «panorama demasiado occidental». No es la única nota realizada por este grupo; se destacó, en efecto, que aún hay temas afrontados de forma demasiado limitada, elementos poco claros e incertidumbres en la traducción del italiano. Es necesario, por lo tanto, un lenguaje más participativo y fascinante, que destaque los aspectos positivos. De aquí la sugerencia de invertir la primera y segunda sección del documento y comenzar con un anuncio de esperanza.

En sintonía con los demás relatores, también el del círculo italiano A, padre Arroba Conde, destacó el clima de gran colaboración vivido en el seno de los grupos de trabajo: consciencia de la diferencia de opiniones, pero sincera voluntad de valorizar lo que une. El religioso habló de «sensibilidad más complementarias que contrarias». En el detalle de las propuestas, sugiriendo también en este caso un estilo que parta de datos positivos, el relator indicó cómo uno de los objetivos es formular el “Evangelio de las familias” como propuesta cultural ofrecida a todos. Particular atención se dio a los temas de la ideología del gender, la secularización y los problemas de la trata de personas y las migraciones.

«Hay que expresar gran aprecio hacia todas las familias que buscan realizar el “sueño de Dios” haciendo que se convierta en “su sueño”», dijo el arzobispo Diarmuid Martin, relator del círculo inglés B. En particular, este grupo de trabajo pidió mayor uso de las referencias bíblicas para favorecer una lectura más clara y participativa: «el lenguaje de la Escritura puede convertirse en un puente entre fe y vida».

Un lenguaje que toque los problemas reales de la familia lo deseó también el círculo francés A: el relator, el arzobispo Laurent Ulrich, habló de un texto que debería tener un tono más abierto y favorecer el diálogo con los contemporáneos.

Una autocrítica a la pastoral familiar realizada hasta ahora («¿Qué hemos olvidado hacer? ¿Hemos vivido de renta?») presentó el cardenal Lacunza Maestrojuán, relator del círculo español A: uno de los puntos fundamentales que surgieron de su intervención fue la invitación a conocer en mayor medida las culturas en las cuales se actúa, apuntar sobre la formación y no detenerse en la parte normativa.

En los contenidos —además de una petición de simplificación del texto y añadir citas bíblicas— se centró también la intervención del cardenal Piacenza, relator del círculo italiano B. Entre los temas afrontados: la igual dignidad entre hombre y mujer, recordar que la Iglesia tiene una mirada positiva hacia la sexualidad, la formación en una ecología integral y la petición de una pastoral específica para las familias emigrantes.

No vivir en un mundo fuera del tiempo sino afrontar los hechos de la historia con los ojos de la fe: fue la invitación que llegó del círculo inglés C a través de su relator, el arzobispo Marck Benedict Coleridge. Es fundamental dejar claro que la familia se funda en el «matrimonio entre hombre y mujer». Una realidad «positiva y luminosa» que se ha de proponer al mundo con lenguaje accesible.

De familia como «escuela de humanidad» habló también el padre Dumortier, relator del círculo francés B. Del grupo de trabajo se sugirió además una intervención magisterial sobre los temas afrontados por el Sínodo.

A la idea de preferir un lenguaje de esperanza, de mostrar «una Iglesia del sí», volvió el arzobispo Porras Cardozo, relator del círculo español B, quien destacó también la importancia de la formación («si la fe es débil no logra responder a los desafíos») y del paso «de una espiritualidad individual a una de comunión».

Un apunte metodológico presentó el arzobispo Heiner Koch, relator del círculo alemán, quien invitó a tener en cuenta las diferencias culturales: es necesario, dijo, un «análisis diferenciado para contribuir a un intercambio en la Iglesia universal». El objetivo, dijo el arzobispo Durocher, relator del círculo francés C, es responder a dos preguntas: «Familia, ¿quién eres?» y «Familia, ¿qué haces?»; es necesario, destacó, un análisis lúcido porque la «pastoral debe estar enraizada en la realidad». El círculo pidió vigilancia y compromiso respecto a la difusión de la teoría del gender y las distorsiones de las tecnologías bioéticas.

Concluyó las intervenciones el obispo Brambilla, relator del círculo italiano C, quien, recordando la importancia de integrar las muchas perspectivas que llegan de diversas partes del mundo, invitó a los padres a leer siempre de forma positiva los desafíos de la sociedad y de la cultura contemporáneas, dejando espacio a los puntos positivos sin dejarse aplastar por diagnósticos que privilegian las sombras.

Como clausura de la congregación iniciaron las intervenciones de los padres sinodales relacionadas con el debate sobre la segunda parte del Instrumentum laboris.

Las relaciones de los círculos menores

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20 de Marzo de 2019

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