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Una Iglesia de rostro amazónico e indígena

El primer encuentro del Papa con la población de Perú ha tenido lugar en Puerto Maldonado, corazón de la selva amazónica, entre los ríos Tambopata y Pueblo de Dios donde se ha reunido el viernes con cuatro mil indígenas para denunciar juntos el saqueo y la destrucción de la Amazonia a manos de la minería legal e ilegal. A ellos, los más postergados del continente les ha dicho: «¡Quise empezar por aquí la visita a Perú!». Llegar hasta la sede del encuentro no resulta del todo fácil. Entre casas de lamiera y calles de fango con cunetas de agua estancada, tantos chiquillos y ancianos en un escenario de pobreza bien visible entre una humedad sofocante y un verde orgulloso.

En un coliseo deportivo Madre de Dios, prevalecen dos colores: el marrón y el verde, los representantes de los pueblos amazónicos recibieron a Francisco con danzas y canciones tradicionales, la bienvenida estuvo a cargo de obispo David Martínez de Aguirre, vicario apostólico de Puerto Maldonado, pero también con tres discursos a cargo de Héctor, Yésica y María Luzmila que no dejaban lugar a dudas sobre el saqueo que sufren los habitantes de estas tierras, pues los forasteros en busca de «agua negra», oro o maderas, destruyen sus ríos y arrasan sus selvas.

Bajo un gran crucifijo que presidía todo el espacio, el Papa ha agradecido su claridad y ha saludado por sus nombres mencionando uno a uno a los principales «pueblos originarios de la Amazonia: «Harakbut, Esse-ejas, Matsiguenkas, Yines, Shipibos, Asháninkas, Yaneshas, Kakintes, Nahuas, Yaminahuas, Juni Kuin, Madijá, Manchineris, Kukamas, Kandozi, Quichuas, Huitotos, Shawis, Achuar, Boras, Awajún, Wampís, entre otros». Al frente de la diócesis de Puerto Maldonado está un obispo dominico español, David Martínez de Aguirre, un auténtico misionero como su predecesor «Apaktone», también dominico español, en proceso de beatificación.

«Quienes no habitamos estas tierras necesitamos de vuestra sabiduría y conocimiento para poder adentrarnos, sin destruir el tesoro que encierra esta región, y se hacen eco las palabras del Señor a Moisés: “Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa”» ha dicho el Papa. La reacción de los presentes fue inmediata, condensada en un aplauso general que no escondía la emoción y el entusiasmo por sentirse respetados y considerados.

Tal como lo ha hecho en Santiago, Temuco e Iquique en los encuentros en tierra chilena, el Papa aborda el toro por las astas y denuncia que el gran problema de esta región son: «el neo-extractivismo y la fuerte presión de grandes intereses económicos que dirigen su avidez sobre petróleo, gas, madera, oro, monocultivos agroindustriales». Además del daño directo, Francisco ha señalado que «paralelamente, existe otra devastación de la vida acarreada con esta contaminación

ambiental propiciada por la minería ilegal. Me refiero a la trata de personas: la mano de obra esclava o el abuso sexual».

A eso se añade, según el Papa, «la perversión de ciertas políticas que promueven la ‘conservación’ de la naturaleza sin tener en cuenta al ser humano y, en concreto, a ustedes hermanos amazónicos que habitan en ellas», pues acaparan grandes extensiones de selva excluyendo a los nativos y provocando la «asfixia de sus pueblos».

Con palabras claras y eficaces, el Papa ha urgido a «romper con el paradigma histórico que considera la Amazonia como una despensa inagotable de los Estados sin tener en cuenta a sus habitantes». La sintonía plena se ha manifestado con otro aplauso arrollador.

Pero lo más vil e inhumano, porque va directamente contra la vida de los indígenas, es la presión internacional «sobre ciertos países» de los nueve principales de la Amazonia, para que hagan campañas de esterilización, especialmente «de las poblaciones aborígenes. Sabemos que se siguen promoviendo en ellas la esterilización de las mujeres, en ocasiones con desconocimiento de ellas mismas».

En el Coliseo dos pantallas gigantes, enmarcadas para la ocasión en hojas de palma, los indígenas podían ver primeros planos de la expresión ilusionada en el rostro del Papa cuando elogiaba las

«iniciativas esperanzadoras que surgen de vuestras bases y organizaciones, y propician que sean los propios pueblos originarios y comunidades los guardianes de los bosques, y que los recursos que genera la conservación de los mismos reviertan en beneficio de sus familias».

Durante su discurso el Papa ha pedido una defensa especial de «la vida de los más indefensos», entre los que ha destacado los «Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario» que sin duda son, «los más vulnerables de entre los vulnerables», huidos a «los lugares más inaccesibles del bosque para poder vivir en libertad». Ellos en particular son las victimas silenciosas de los grandes grupos que tienen intereses en la zona. Al no ser documentados, no se conoce la identidad y existencia de muchos de ellos.

Francisco ha dicho además que los pueblos amazónicos «nunca pueden ser considerados una minoría, sino auténticos interlocutores», y pueblos que deben definir su cultura sin dejarse dominar por «colonialismos ideológicos disfrazados de progreso» que llevan a «un pensamiento uniforme, único y débil».

Por eso ha felicitado a los jóvenes licenciados indígenas «que se esfuerzan por hacer, desde el propio punto de vista, una nueva antropología y trabajan por releer la historia de sus pueblos desde su perspectiva», así como a los artistas.

Deben tomar la palabra, pues «muchos han escrito y hablado sobre ustedes. Está bien que ahora sean ustedes mismos quienes se autodefinan y nos muestren su identidad. ¡Necesitamos escucharles!».

Francisco ha pedido a los indígenas que «ayuden a sus obispos, misioneros y misioneras, para que se hagan uno con ustedes, y de esta manera dialogando entre todos, puedan plasmar una Iglesia con rostro amazónico y una Iglesia con rostro indígena. Con este espíritu convoqué un Sínodo para la Amazonia para el año 2019».

El trabajo organizativo ha comenzado ya, y el Papa les ha confirmado que «la primera reunión pre-sinodal será aquí esta tarde», presidida por el cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo de Obispos. Inaugurando , tal como la hizo en Bangui con el Jubileo de la Misericordia, un importante momento de la Iglesia desde las periferias, subrayando una vez mas la universalidad de la Iglesia.

El Santo Padre considera que éste era solo un primer encuentro y se ha despedido con una expresión en quechua: «¡Tinkunakama!» («¡Hasta la próxima!»).

Como es tradicional, el discurso ha sido seguido por la entrega de regalos, que comenzaron por los adornos amazónicos para los jefes y las fiestas. Se los entregó desde su silla de ruedas «Apu», un indígena tiroteado cuando pedía paz en medio de un enfrentamiento. Francisco se los puso enseguida, para delirio de todos los presentes. Luego el Papa subió al papamóvil y bajo un sol sin piedad ha realizado la vuelta del campo del Instituto con vistas al Coliseo.

De nuestra enviada Silvina Pérez

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19 de Septiembre de 2019

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