Aviso

Este sitio usa cookies...
Las cookies son pequeños archivos de texto que nos ayudan a mejorar su experiencia en nuestro sitio Web. Al usar cualquier parte del sitio web, usted acepta el uso de cookies. Encontrará más información acerca de las cookies en las Condiciones de Uso.

Una esperanza entre el fango

· La visita a la cárcel boliviana de Palmasola ·

Palmasola PS4. No es el último videojuego de guerra de las consolas japonesas: también aquí hay hombres con uniformes y mujeres con camisetas anaranjadas que desesperan, pero todo es real. Es el centro de detención que el Papa Francisco visitó como conclusión de su viaje a Bolivia.

Fue un auténtico sumergirse en el fango –en el sentido literal del término– de una de las realidades penitenciarias más duras y dolorosas de América Latina, pero al mismo tiempo un laboratorio donde se practican (no se sabe bien con cuánto éxito) «modalidades» innovadoras de convivencia entre reclusos y familias.

Preparado para acoger a 400 personas, el pabellón alberga al menos 1.800, que conviven en una especie de aldea protegida, gestionada por los presos mismos. Dentro hay también muchos niños, dado que la ley boliviana permite a las mamás mantener con ellas a sus hijos de menos de seis años. Y los dolescentes son 170.

Al llegar al campo deportivo, el Papa Francisco se dirigió a la capilla para depositar un ramo de flores ante la pequeña estatua de la Virgen. Luego se detuvo a escuchar los testimonios, con dos niñas sentadas a sus pies, que no hacían caso a quien las invitaba a quitarse. Al levantarse para abrazar a los dos hombres y a la mujer que habían presentado la realidad de Palmasola y los caminos de vida que les condujeron hasta ahí, el Papa pronunció su último discurso público en tierra boliviana. Como signo de gratitud le regalaron una hamaca y el libro «Voces en libertad», que contiene pensamientos y oraciones de los detenidos.

De nuestro enviado Gianluca Biccini

EDICIÓN EN PAPEL

 

EN DIRECTO

Plaza De San Pedro

19 de Septiembre de 2019

NOTICIAS RELACIONADAS