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Un primer balance del viaje
a Chile y Perú

· En el coloquio con los periodistas durante el vuelo a Roma ·

Se concluyó el lunes 22 de enero, por la tarde el viaje apostólico del Papa Francisco a Chile y Perú. Durante el vuelo de vuelta en el avión, se realizó la habitual rueda de prensa con los periodistas que lo han acompañado. Cuarenta minutos después del despegue en Lima, a pesar de los ritmos de los últimos días, el Pontífice respondió durante casi una hora a las preguntas que le hicieron. Durante el coloquio, también un breve fuera de programa: el avión atravesó una zona de turbulencias y el Papa se debió parar algún instante, sentándose entre los periodistas. Además de las “turbulencias” a propósito de los temas tratados atravesamos también estas meteorológicas y después continuamos, dijo sonriendo.

El Papa, ante todo, expresó palabras de aprecio por los países visitados, diciéndose impresionado por la profunda religiosidad del pueblo peruano y muy emocionado por algunos eventos en Chile, como por ejemplo el de Iquique, donde dijo haber tocado con la mano la religiosidad del norte del país.

En el centro del diálogo, también la cuestión de la corrupción en los países latinoamericanos. Al respecto, el Pontífice dijo que en América latina hay mucho casos. Se habla mucho de Odebrecht [la sociedad brasileña que desde hace algunos años está en el centro de un escándalo de corrupción], pero es solo un ejemplo. Para el Papa, el origen de la corrupción es el pecado original que cada uno lleva en sí. Y recordó haber escrito un pequeño libro que se titula precisamente Pecado de corrupción, cuyo tema podría resumirse en la fórmula «pecadores sí, corruptos no».

Francisco, respondiendo a lso periodistas que lo interrogaron a propósito de algunas palabras suyas y sobre su posición en la cuestión de los abusos del clero y sobre el caso específico del obispo de Osorno, se detuvo durante un largo tiempo en la atención a reservar a las personas que han sufrido abusos y reafirmó la línea iniciada por su predecesor y mantenida por él con decisión.

Finalmente, el Pontífice contó que se conmovió durante la visita a la cárcel femenina en Santiago, confiando que tenía el corazón allí. Soy muy sensible a los presos, añadió y para mí ha sido conmovedor ver a aquellas mujeres y las actividades que desarrollan, la capacidad que tienen de cambiar de vida, de reinsertarse en la sociedad, con la alegría del Evangelio.

De nuestra enviada Silvina Pérez

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13 de Noviembre de 2019

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