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Un don espiritual y cultural

· La visita del Papa Francisco a los Estados Unidos en los comentarios de la prensa internacional. ·

Un poco como Martin Luther King: el Papa habla y millones de personas lo escuchan, por encima del credo religioso. Sean ellos musulmanes o baptistas, hindú o ateo, todos lo escuchan. En el artículo de apertura, el «International New York Times» del jueves 24 de septiembre, destaca cómo Francisco tiene la capacidad de llevar adelante un papel unificador en un mundo tan variado y rico de matices. «Pienso que el Papa es más que un líder religioso, es decir un líder mundial» afirma Sasha Datta, un hindú, acentuando su apertura a tantas cuestiones delicadas, así como a su habilidad en el no dar marcha atrás ante ellas. «Cuando veo a Francisco se me enciende la esperanza», añade Datta.

En el artículo, Vivian Yee evidencia que el Papa Francisco se ha convertido en un ineludible punto de referencia sea para el mundo espiritual como para el secular: una figura global de la que se aprecia sobre todo el calor humano. Al mismo tiempo se le ve como un timonero que mantiene la ruta a través de aguas difíciles, agitadas por muchas cuestiones, entre ellas la difundida pobreza, la lucha contra los cambios climáticos, la tensión hacia una auténtica justicia social.

Un significativo elogio al Papa fue el que expresó David Brooks, en el comentario publicado también en el «International New York Times» del 23 de septiembre. Lo que se aprecia en mayor medida de este Pontífice, escribe Brooks, es su extraordinaria capacidad de querer aprender y de querer escuchar.

Muchos comentarios se detienen, por lo tanto, esencialmente, en el encuentro entre Bergoglio y el presidente Obama. Confrontando dichas figuras, Vittorio Zucconi en «la Repubblica» del 24 de septiembre, comenta: «Son los dos, americanos, hijos de europeos y de africanos llegados de lejos, con la esperanza, para ellos convertida en realidad, de que allende el océano se encontrarán con lo que las tierras natales no les hubieran podido ofrecer: la ocasión de construir una vida mejor. La celebración de la inmigración y de la multietnicidad representada por el encuentro entre un kenyano-americano y un italo-argentino, ambos inmersos en mérito del máximo nivel impensable de las propias vocaciones, no podía suceder en un momento más intenso, mientras los continentes de los que provenían, África, Europa, las dos Américas, se vieron afectados por emigraciones epocales».

Sergio Rubín en «El Clarín» –además de contar las numerosas banderas blancas y azules que ondeaban en medio de las quince mil personas en fiesta en los jardines de la Casa Blanca– destaca la convergencia con el presidente de los Estados Unidos de América sobre los temas de la inmigración y de los cambios climáticos.

Un conjunto de sintonías aunque también de desacuerdos, precisa Pablo Ordaz en «el País», dado que en el discurso a los obispos americanos el Papa no ha escondido su solidaridad con los prelados en las cuestiones que atañen la discusión de algunas medidas de administración, que de hecho limitan la libertad religiosa. Miles de personas en Washingtonhan han escuchado a Francisco llorando de emoción. «Entusiasmo efímero, pero con alegría eterna», glosan Yolanda Monge y Joan Faus en «El País».

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