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Tres salidas

· Misa en Santa Marta ·

Los representantes pontificios deben salir tres veces de sí mismos: físicamente, porque están siempre con las maletas preparadas; culturalmente, porque deben aterrizar en el contexto al cual son enviados; y luego con la oración y la adoración ante el sagrario. Concelebrando la misa con los participantes en el encuentro jubilar, el sábado 17 de septiembre, por la mañana, en la capilla de la Casa Santa Marta, el Papa quiso trazar el perfil espiritual de quienes desempeñan el trabajo diplomático al servicio de la Santa Sede.

Lo que inspiró a Francisco para la meditación fue la parábola del sembrador que Lucas relata en el Evangelio (8, 4-15): «“Salió un sembrador a sembrar su simiente”. Es una figura, una imagen que Jesús nos ofrece para comprender la vida cristiana: el cristiano es un hombre, una mujer en salida, siempre, para sembrar».

Dirigiéndose directamente a los presentes, el Papa dijo que «de modo especial, también de modo superlativo, vosotros sois hombres en salida: alguna vez os he dicho que vuestra vida es una vida de nómada, dos, tres, cuatro años aquí, cinco»; y luego, «cuando se aprende bien el idioma, una llamada de Roma: “Ah, oye, ¿cómo estás?” –“Bien” –“Sabes, el Santo Padre, que te quiere mucho, ha pensado en ti para esto”. Porque estas llamadas, estas llamadas telefónicas, se hacen con “azúcar”, ¿no?».

El representante pontificio, continuó el Pontífice, sabe que está siempre preparado para «hacer las maletas e ir a otro sitio: dejar amigos, dejar costumbres, dejar muchas cosas que ha hecho». Debe continuamente «salir de sí mismo, salir de ese sitio para ir a otro y allí volver a comenzar».

Pero «hay otra salida —afirmó el Pontífice— que el nuncio hace y debe hacer: cuando llega a un país, salir de sí mismo para conocer, el diálogo, para estudiar la cultura, el modo de pensar». Y debe también «salir de sí mismo para ir a las recepciones, muchas veces aburridas, y allí escuchar». En esos contextos «se siembra» y «la semilla es siempre buena, el grano es bueno, sólo es necesario mirar un poco que el diablo no haya puesto allí un poco de cizaña; pero el grano es bueno».

Este «trabajo de comenzar de nuevo, hacer, comprender la cultura —continuó el Papa—, se podría pensar que es un trabajo demasiado funcional, un trabajo administrativo incluso» y, visto que «en la Iglesia hay tantos buenos laicos», se podría preguntar: «¿Por qué no pueden hacerlo ellos?». A la cuestión Francisco respondió con una confesión: «El otro día, hablando sobre este tema, oí al secretario de Estado que decía: “Pero, mirad, en las recepciones, muchos que parecen superficiales buscan “el alzacuellos”».

«Todos vosotros sabéis bien —dijo Francisco dirigiéndose a los representantes pontificios— lo que habéis hecho en muchas almas; en esa mundanidad, pero sin asumir la mundanidad, tratando a las personas como son, escucharlas, dialogar: es también esta una salida de sí mismo del nuncio, para comprender a la gente, dialogar. Es cruz».

Retomando la esencia de la parábola evangélica, Francisco destacó lo que dice Jesús, «que el sembrador siembra el grano, siembra el trigo y luego descansa, porque es Dios quien lo hace germinar y crecer». Es esto, «también el nuncio debe salir de sí mismo hacia el Señor que hace crecer, que hace germinar la semilla; y debe salir de sí mismo ante el sagrario, en la oración, en la adoración». Esto, explicó, «es un testimonio grande: el nuncio solo adora a Aquel que hace crecer, Aquel que da la vida».

Estas son para el Papa «las tres salidas de un nuncio». La primer es «la salida física: hacer las maletas, la vida de nómada». Luego está «la salida, digamos, cultural: aprender la cultura, aprender el idioma». Porque, explicó también Francisco, en esa llamada telefónica que el representante pontificio recibe para la comunicación de una nueva misión se le pregunta también qué idiomas habla. Y tal vez la respuesta podría ser: «Hablo bien inglés, también francés, y con el español me las arreglo». Y se puede incluso escuchar: «Pero, mira, el Papa ha pensado enviarte a Japón» —«¡Pero ni siquiera conozco una letra de estos japoneses!» —«Bien, aprenderás». Al respecto el Papa ha confiado a los presentes que «le había edificado uno de vosotros que, antes de presentar las credenciales, en dos meses había aprendido una lengua difícil y había aprendido a celebrar en esa lengua: ha recomenzado esta salida con entusiasmo, con alegría».

La «tercera salida», por último, es «la oración, la adoración». Y este aspecto, afirmó Francisco, «es más fuerte» en aquellos que ya no están en servicio activo, porque «es también una tarea de fraternidad»: ellos rezan más, deben rezar «más por por los hermanos que están allí, en el mundo». Pero «también el nuncio que está en sus funciones» no debe «olvidar esta adoración, para que el Señor haga crecer lo que él ha sembrado».

Estas son, para los representantes pontificios, «tres salidas y tres modos de servir a Jesucristo y a la Iglesia». Y «la Iglesia os da las gracias por estas tres salidas, les agradece mucho». Y, concluyó el Papa, «también yo, personalmente, quiero daros las gracias: muchas veces admiro al recibir, temprano por la mañana, vuestras comunicaciones: “Mira como lo hace bien este”». A los presentes, antes de continuar con la celebración de la misa, el Papa les deseó que precisamente el Señor conceda «la gracia de estar siempre actualizados en estas tres salidas, estas tres salidas de vosotros mismos».

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20 de Septiembre de 2019

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