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​Todos somos preelegidos

· Misa en Santa Marta ·

«Cada uno de nosotros puede decir “yo soy un elegido un preelegido, una preelegida”», con la certeza de un Dios que «juega fuerte» hasta «unirse a nosotros» haciéndose autoprisionero «por amor» y teniendo como criterio «la pequeñez». Porque si «Dios se ha hecho pequeño, solo los pequeños pueden escuchar la voz». Es «el gran misterio» que Francisco propuso en la misa celebrada el viernes por la mañana, 23 de junio, en Santa Marta.

«En la oración al inicio de la misa —hizo notar enseguida el Papa— hemos alabado a Dios porque en el corazón de Jesús nos da la gracia de celebrar con alegría los grandes misterios de nuestra salvación, de su amor por nosotros: es decir, celebrar nuestra fe; celebrar el hecho de que nosotros creemos que Él nos ama, Él se ha mezclado con nosotros en el camino de la vida y dio a su Hijo, y la vida de su Hijo, por nuestro amor». Y después, añadió, «son dos las palabras que en la primera lectura —tomada del libro del Deuteromonio (7, 6-11)— llaman la atención: elegir y pequeñez».

«Elegir» es la primera palabra sugerida por Francisco. «Nosotros hemos sido elegidos», explicó, porque «no hemos sido nosotros quienes le hemos elegido a Él: Él nos ha elegido a nosotros, el generoso ha sido Él y cada uno de nosotros puede decir: “yo soy un elegido, un preelegido, una preelegida”». Pero «esta elección —afirmó el Pontífice— va más allá, porque Moisés dice: “El Señor en esta elección se ha unido a vosotros”, como si se hubiera hecho prisionero, prisionero nuestro: se ha unido a nuestra vida, no puede separarse». Dios «ha jugado fuerte», insistió el Papa, «y permanece fiel en esta actitud: hemos sido elegidos por amor y esta es nuestra identidad». Es por esto que no tiene sentido afirmar: «Yo he elegido esta religión, he elegido...». Sin embargo, «no, tú no has elegido», aclaró Francisco. Porque «es Él quien te ha elegido a ti, te ha llamado y se ha unido». Y precisamente «esta es nuestra fe: si nosotros no creemos esto, no entendemos qué es el mensaje de Cristo, no entendemos el Evangelio».

«La segunda palabra» propuesta por el Papa «es pequeñez». Se lee en el pasaje bíblico de hoy: «No porque seáis el más numeroso de todos los pueblos se ha prendado Yahveh de vosotros y os ha elegido, pues sois el menos numeroso de todos los pueblos». Sino que Él «se ha enamorado de nuestra pequeñez y por esto nos ha elegido, y Él elige a los pequeños: no a los grandes, a los pequeños». Es más, «Él se revela a los pequeños: “Has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos y las has revelado a los pequeños”». Por tanto, indicó Francisco, «Él se revela a los pequeños: si tú quieres entender algo del misterio de Jesús, rebájate: hazte pequeño, reconoce ser nada». Pero Dios «no solo elige y se revela a los pequeños»; Él «llama a los pequeños: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y agobiados: yo os aliviaré”». Se dirige a aquellos que son «los más pequeños por los sufrimientos, por el cansancio». Es así como Dios «elige a los pequeños, se revela a los pequeños y llama a los pequeños». Se podría objetar: «¿Pero a los grandes no les llama?». La respuesta es clara: «Su corazón está abierto, pero los grandes no consiguen escuchar la voz porque están llenos de sí mismos». Sin embargo «para escuchar la voz del Señor es necesario hacerse pequeños».

Así, afirmó el Papa, «llegamos al misterio del corazón de Cristo», en el día en el que la Iglesia celebra precisamente la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Alguno llega a decir: «Pero el corazón de Cristo, sí, está bien, es una imagen para personas devotas». Absolutamente «no», es la réplica de Francisco: «el corazón de Cristo, el corazón atravesado de Cristo el corazón de la revelación, el corazón de nuestra fe porque Él se ha hecho pequeño, ha elegido este camino». Pablo usa estas expresiones al respecto: «Se abajó, se humilló a sí mismo, se aniquiló a sí mismo hasta la muerte, muerte de cruz». Y esta es precisamente «una elección hacia la pequeñez para que la gloria de Dios pueda ser manifiesta». Así, explicó, «el soldado con un golpe de lanza atravesó el costado y salió sangre y agua: este es el misterio de Cristo, y esto es lo que nosotros celebramos hoy, este corazón que ama, que elige, que es fiel, que se une a nosotros, se revela a los pequeños, llama a los pequeños, se hace pequeño».

«Esta es nuestra fe» dijo una vez más Francisco. Y «si nosotros no creemos en este misterio, somos teístas: creemos en Dios, sí; sí, también en Jesús, ¡sí! ¿Jesús es Dios? ¡Sí! Pero el misterio es este, esta es la manifestación, esta es la gloria de Dios». Por tanto, prosiguió, «fidelidad en el elegir, en el unirse, y pequeñez también para sí mismo: convertirse en pequeño, aniquilarse». Por eso, afirmó el Papa, «el problema de la fe es el punto central de nuestra vida: podemos ser muy muy virtuosos, pero con nada o poca fe; debemos comenzar de aquí, del misterio de Jesucristo que nos ha salvado con su fidelidad».

En conclusión, Francisco pidió en la oración que «el Señor hoy nos conceda esta gracia de celebrar en el corazón de Jesucristo las grandes obras, las grandes obras de salvación, las grandes obras de la redención».

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